jueves, 23 de agosto de 2012

La polémica sobre Akin lleva el aborto al centro de la campaña electoral en EE UU

El aspirante republicano a la vicepresidencia Paul Ryan (Izda.) respaldó una ley contra el aborto junto a Akin. / CJ GUNTHER (EFE)

El Partido Republicano presenta una propuesta de prohibición total del aborto que será aprobada en la Convención de Tampa

ANTONIO CAÑO Washington

Sacudido por la inesperada polémica desatada por el congresista Todd Akin y su controvertido concepto de la violación, el Partido Republicano ha incluido en la plataforma electoral que será aprobada la próxima semana en su Convención de Tampa una propuesta de prohibición total del aborto, sin excepciones por violación, incesto o peligro de la vida de la madre.

La propuesta, que fue aceptada unánimemente por el comité que prepara la Convención, es idéntica a las que fueron aprobadas, también solicitando la prohibición constitucional sin excepciones, en las dos últimas convenciones republicanas, en 2004 y en 2008. La diferencia en esta ocasión es que las declaraciones de Akin han colocado el asunto del aborto y los derechos de las mujeres en el primer plano de la campaña.

El Partido Demócrata ha tomado las declaraciones de Akin sobre las "violaciones legítimas” y la reducción drástica del margen en el que una mujer puede considerarse sexualmente asaltada como una prueba de cuál es la posición de los republicanos respecto a la protección de las mujeres. Algunos dirigentes demócratas han dicho que Akin se ha atrevido a decir lo que la mayoría de su partido piensa. “Si esto no es una guerra contra las mujeres, yo no sé qué es”, ha manifestado la senadora demócrata Barbara Mikulski, una de las más activas defensoras en el Capitolio de los derechos de las mujeres.

Consciente del peligro que este caso representa en sus aspiraciones de victoria en noviembre, el Partido Republicano ha pedido prácticamente en bloque la retirada de Akin, actualmente miembro de la Cámara de Representantes, de su campaña para senador por el Estado de Misuri, pero el congresista se resiste a satisfacer lo que considera una actuación hipócrita y oportunista de sus compañeros. Se le ha negado igualmente la participación en la Convención de Tampa.

También el candidato presidencial, Mitt Romney, y su aspirante a la vicepresidencia, Paul Ryan, hacen esfuerzos por marcar distancias con Akin. “Romney y Ryan están en desacuerdo con la declaración de Akin y una Administración Romney-Ryan no se opondría al aborto en caso de violación”, afirma la nota oficial hecha pública por la campaña republicana.

Los temores a que un cambio de Gobierno en Washington propicie una política extremista contra el aborto no se despejan simplemente con una nota oficial

Pero los temores a que un cambio de Gobierno en Washington propicie una política extremista contra el aborto no se despejan simplemente con una nota oficial. Akin y Ryan tienen una larga historia de colaboración en el aborto. Hasta 20 veces han votado juntos sobre esa materia desde que ambos están en el Congreso, según el recuento hecho por medios de comunicación. Akin y Ryan eran patrocinadores de la propuesta que este año fue aprobada en la Cámara en la que se incluía el concepto de “violaciones forzadas” como excepción para el aborto, lo que claramente deja abierta la posibilidad de que existan otro tipo de violaciones no forzadas. En diversas ocasiones los detractores del aborto se han quejado de que algunas mujeres denuncian una violación falsa para poder abortar.

Romney está algo más a salvo de esta polémica. Su posición siempre ha sido la de la iglesia mormona, a la que pertenece: rechazo al aborto con la excepción de violación, incesto o peligro de la vida de la madre. Su problema en este caso, como en otros, es más bien el de la volatilidad de su postura, puesto que en el pasado, cuando se jugaba su puesto en el progresista Estado de Massachusetts, mostró una posición mucho más tolerante respecto al aborto.

Los demócratas van a insistir en este debate porque saben que puede ser capital: no solo ahuyenta de los republicanos a las mujeres, sino que pone en evidencia el radicalismo de la lista opositora. Alrededor de un 75% de los norteamericanos, según encuestas recientes de Gallup, favorecen el aborto en caso de violación.

La Convención de Tampa sería el lugar perfecto para que Romney espantara esos temores. Pero, al mismo tiempo, como demuestra la plataforma electoral que será aprobada, la convención está ya en manos de los extremistas. El presidente del comité que elabora esa plataforma es el gobernador de Virginia, Bob McDonnell, precisamente el hombre que quiso obligar a las mujeres a someterse antes de un aborto a una ecografía interna y a escuchar el sonido del feto.
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