Un vehículo traslada a Bo Xilai a la Corte de Jinan, en la provincia china de Shandong
El depuesto dirigente del Partido Comunista chino sorprende con su aguerrida defensa y agrava la división interna del régimen
PABLO M. DÍEZPABLODIEZ_ABC / ENVIADO ESPECIAL A JINAN (CHINA) - Día 22/08/2013 - 14.53h
Sorpresa en el juicio a Bo Xilai, el carismático político del Partido Comunista chino que fue defenestrado el año pasado por corrupción y cuya caída en desgracia abrió una enconada lucha de poder interna. Cuando todo parecía indicar que las distintas facciones del régimen habían llegado a un acuerdo previo para juzgarlo y condenarlo, el exsecretario del Partido en la megalópolis de Chongqing ha protagonizado este jueves un giro inesperado en la primera sesión de la vista oral, que continuará mañana.
En lugar de admitir los cargos, como hicieron el año pasado su esposa,Gu Kailai, y su antiguo jefe de Policía en Chongqing, Wang Lijun, Bo Xilai ha negado que aceptara dos sobornos por valor de 21,8 millones de yuanes (2,67 millones de euros), como le imputa el fiscal. Según explicó el portavoz del tribunal, Liu Yanjie, Bo Xilai recibió ambos sobornos a través de su mujer y su hijo, Bo Guagua, quien sigue estudiando Derecho en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, y aparece citado por primera vez en el caso. Uno de ellos fue pagado por Xu Ming, un empresario amigo de la familia propietario del grupoDalian Shide, y el otro por Tang Xiaolin, director general de la firma de exportación hongkonesa Dalian International Development.
«Fabricado»
Desafiando al tribunal, Bo Xilai se mostró tajante. “Con respecto al asunto de que Tang Xiaolin me dio dinero tres veces, lo admití una vez contra mi voluntad durante la investigación de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria”, aseguró ante el juez, a quien denunció que había sufrido “coacciones y presiones psicológicas”. Además de llamar a Tang Xiaolin “perro loco”, negó los pagos del otro empresario y aseguró que “todo el proceso ha sido fabricado”.
Cuando en la sala se leyó una declaración escrita firmada por su esposa, Gu Kailai, corroborando las acusaciones, la despreció por “risible” y no dudó en atribuirla a sus “problemas mentales”. Así ha trascendido a la opinión pública a través de las transcripciones que el tribunal ha ido revelando en su cuenta de Weibo (el Twitter chino), que pasó en pocas horas de tener 40.000 seguidores a dos millones.
A pesar de este hecho sin precedentes, el juicio no ha sido emitido en directo por la televisión china y los periodistas extranjeros no han podido acceder a la sala. Allí había cinco familiares de Bo Xilai, un público formado por 110 personas y 19 reporteros cuyos medios no han sido identificados pero son fáciles de ubicar: la agencia estatal Xinhua, la televisión pública CCTV y, probablemente, el “Diario del Pueblo”, portavoz del Partido Comunista.
Protestas
Lejos de Chongqing, la megalópolis del suroeste de China que dirigía Bo Xilai, y donde aún tiene numerosos partidarios, la vista oral se celebra en Jinan, capital de la provincia oriental de Shandong. Hasta su Tribunal Popular Intermedio se han desplazado algunos de sus seguidores, que aprovecharon el juicio para manifestarse a su favor junto a los “peticionarios” agraviados por las injusticias del régimen.
Según informó la televisión estatal CCTV, la vista oral concluirá mañana con el análisis de los otros dos cargos que se le imputan a Bo Xilai: la malversación de otros cinco millones de yuanes (621.000 euros) de un proyecto público de construcción y el abuso de poder por bloquear la investigación del crimen cometido por su esposa, Gu Kailai, quien el año pasado fue condenada a muerte – pero con una sentencia suspendida – por envenenar en noviembre de 2011 a Neil Heywood, el socio británico que les ayudaba a blanquear su dinero fuera de China.
Con su aguerrida defensa, Bo Xilai agudiza la división interna en el autoritario régimen chino, donde aún cuenta con numerosos y poderosos aliados.

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