jueves, 17 de noviembre de 2016

Hallada una enigmática pirámide oculta en el interior del templo de Kukulcán

La pirámide de Kukulcán en la zona arqueológica de Chichén Itzá NATIONAL GEOGRAPHIC

DESCUBRIMIENTO EN MÉXICO

La sorprendente estructura descubierta por los arqueólogos de la UNAM contiene un adoratorio intacto y se alza sobre un cenote sagrado

Por J. M. AHRENS - México


Antes de que el cielo lo abandonase y cayera en el olvido, allí se adoró a los primeros dioses mayas. Oculto en el interior de la pirámide de Kukulcán, enclavada en el vasto complejo arqueológico de Chichén Itzá (Yucatán), los investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México se han topado con una inesperado hallazgo: una pirámide más pequeña y muy anterior a su gran hermana. El descubrimiento, un auténtico tifón al tratarse de uno de los monumentos más conocidos del planeta, retrotrae la historia espiritual de la portentosa Kukulcán a épocas muy anteriores a las que hasta ahora se manejaban.

No es la primera vez que este enigmático sitio depara una sorpresa. Hace dos años, el Instituto de Geofísica de la UNAM constató que la pirámide se alza sobre un cenote de 25 metros de diámetro. Estos estanques subterráneos, nacidos de la erosión de la roca caliza, fueron para los mayas lugares sagrados, destinados en muchas ocasiones a los sacrificios humanos.

Sobre ese espacio de culto, no resultaba extraño que se hubiese edificado un templo. En un principio se pensó que se trataba de la gran pirámide escalonada.Pero ahora se ha descubierto que justo encima del cenote, lo que se erigió fue una estructura anterior y más reducida, de 10 metros de altura y una base de 12 por 18. Y que sólo con el paso del tiempo, se levantó Kukulcán desde esa base. “Es como las muñecas rusas, dentro de una hallamos otra”, dice el coordinador del proyecto arqueológico, René Chávez.

FotoTomografías eléctricas tridimensionales indican que la subestructura mediría 13 metros de alto, por 12 en dirección sur-norte y 18 en dirección este-oeste UNAM

Esta primera construcción corresponde a la época de los llamados mayas puros, entre 550 y 800 después de Cristo. Un periodo oscuro y convulso en la península yucateca que el hallazgo puede ayudar a descifrar, sobre todo en lo referente a la evolución de Chichén Itzá, uno de los grandes centros ceremoniales de América. “Es un tiempo del que se tiene muy poca información, si se puede seguir investigando se aprendería mucho del asentamiento”, indica la arqueóloga Denisse Lorenia Argote.

La estructura primigenia, descubierta gracias a tomografía eléctrica tridimensional, mantiene intactas sus maravillas. Los investigadores sostienen que cuenta con un adoratorio, de unos tres metros de altura, así como escalinatas, muros y columnas. También se ha detectado un área hueca que posiblemente corresponde a una techumbre derrumbada.

La expansión y fortalecimiento de la civilización maya trajo consigo una era de esplendor arquitectónico. Los templos crecieron y se convirtieron en gigantescas maquinarias astronómicas, dedicadas a fines agrícolas y sagrados. Chichén Itzá no fue ajeno a este florecimiento. En ese contexto, la primera estructura quedó pequeña y, como era habitual en las culturas mesoamericanas, se edificó sobre ella una mayor, posiblemente entre el siglo XI y XII. Esa fue la que quedó para la historia.

Llamada por los conquistadores El Castillo, Kukulcán no ha dejado de irradiar su fuerza desde entonces. Dispone de cuatro enormes escalinatas y un observatorio, con tantos escalones como días tiene el año, y en su interior oculta dos escalofriantes cámaras de sacrificios. Pero su gran singularidad procede de la luz. En los equinoccios brinda un espectáculo único: tres horas antes del ocaso, el sol va formando una combinación de luces y sombras que recuerdan el descenso de la serpiente emplumada, de Kukulcán, el dios que llegó de poniente.

Icono de la civilización maya, la gran pirámide, como el resto de Chichén Itzá, fue abandonada siglos antes de la llegada de los españoles. Aunque nunca se ha apagado la discusión sobre la fecha y los motivos, la historiografía tradicional sostiene que a finales del siglo XII las luchas intestinas asolaron ese espacio sagrado. Fue entonces cuando Kukulcán quedó vacía de ofrendas. La selva no tardó en cubrir su memoria.

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