martes, 9 de octubre de 2012

Guindos atribuye el deterioro en las proyecciones del FMI a factores externos

Las nuevas previsiones surgen de una "desaceleración económica relativamente sincronizada"

El ministro celebra que el plan de intervención del BCE "no tiene límite" en el tiempo

CLAUDI PÉREZ / LUIS DONCEL Luxemburgo 9 OCT 2012 - 12:25 CET

De la “desaceleración acelerada” del Gobierno Zapatero a la “desaceleración sincronizada” del Gobierno Rajoy. El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha achacado la fuerte revisión a la baja de las previsiones económicas españolas por parte del Fondo Monetario Internacional (una caída del 1,3% el año próximo, frente al más que discutible 0,5% que recogen los últimos Presupuestos) al deterioro de factores externos, esa “desaceleración económica relativamente sincronizada y homogénea” que, a juicio del Ejecutivo, es la causa de todos los males.

China y las economías emergentes están desacelerándose. La recuperación económica de Estados Unidos sigue sin ser sólida y está muy condicionada al ciclo electoral. Toda Europa entra en recesión, muy marcada por las sucesivas rondas de ajustes que van desde Helsinki a París, Lisboa y Madrid: Guindos ha explicado que el Gobierno trabaja con un plan de ajustes y reformas para evitar que se cumplan previsiones “tan negativas” como las del Fondo. Pero a la vez desde España, y desde cada vez más países europeos, se usa al FMI como ariete para tratar de flexibilizar la austeridad a rajatabla que aplica todo el continente y que exigen Bruselas, Berlín y Fráncfort.

Son como las poryecciones de otros analistas, no están escritas en bronce"

Luis de Guindos

Guindos ha resaltado que los socios del euro apoyan que España haga un ajuste “sensato, sensible a las circunstancias económicas”. Esa sensibilidad no se vio ayer por ningún lado: el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, aplaudió las reformas en España, pero a renglón seguido exigió a Madrid que cumpla sin paliativos las metas de déficit para este año y los siguientes, algo difícil de conseguir si la recesión se agrava y convierte en papel mojado las previsiones (optimistas) del Ejecutivo.

El FMI prevé que la economía española se contraiga un 1,5% en 2012 y un 1,3% en 2013. Vaticina además que España no cumplirá los objetivos de déficit para este año y el siguiente y sólo logrará situarse por debajo del 3% en 2017. "En lo que trabaja el Gobierno español es en intentar evitar que se produzcan esas proyecciones y para eso está poniendo en marcha toda la política económica", ha indicado Guindos. "Queremos que no se cumpla una proyección de crecimiento tan negativa", ha agregado.

Tras la reunión, el ministro ha vuelto a la carga sobre lo mismo. Según ha insistido, las previsiones del FMI "son como las poryecciones de otros analistas, no están escritas en bronce". "Lo más importante es cómo se van modificanado estas previsiones. Y lo que ha hecho el FMI es poner una nota más negativa a la perspectiva de la economía mundial. Ese es el mensaje fundamental, que se ven más riesgos a la baja", ha continuado.

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Guindos ha defendido que, para este año, "el Gobierno tiene una proyección prudente con cierta holgura, de caída del PIB del 1,5%. No hemos sido especialmente optimistas. Y para 2013, lo que tiene que hacer el Gobierno es tratar de evitar las proyecciones. Estas se pueden modificar en función de la política económica".

A su entrada en el Ecofin, el vicepresidente y comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, ha explicado que la Comisión prefiere esperar a las previsiones de noviembre, y a pesar de la actual “recesión suave” en la eurozona (que en países como Grecia o Portugal empieza a tomar tintes de depresión, y que hace estragos en España e Italia) confía en que los socios europeos sean capaces de tomar “las decisiones correctas” para volver al crecimiento sostenible.

Para Bruselas, las decisiones correctas consisten en seguir con las sucesivas rondas de ajustes y reformas estructurales: apenas hay una estrategia de crecimiento que acompañe esa cura de austeridad, algo que ha sido duramente criticado por, entre otros, el mismo Fondo Monetario Internacional.

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