miércoles, 18 de septiembre de 2013

Ríos de lodo y resignación en el epicentro del desastre

Habitantes de Acapulco caminan por las calles inundadas. / P. PARDO (AFP)

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, visita a los afectados por la tormenta tropical Manuel en el Estado de Guerrero

FOTOGALERÍA Las imágenes de la catástrofe

PAULA CHOUZA Chilpancingo 18 SEP 2013 - 05:58 CET


Desde el helicóptero que sobrevuela la zona de la catástrofe lo que más llama la atención son los ríos desbordados y llenos completamente de lodo. Chilpancingo, capital del Estado de Guerrero (240.000 habitantes), aparece parcialmente inundada. Hoy el tiempo ha dado una tregua y el cielo se ha mostrado despejado. Este panorama apacible es un espejismo: hasta que se retiren las aguas no podrá hacerse un balance cabal de lo sucedido. Las autoridades creen que hasta pasadas las 48 horas no se sabrá con certeza el alcance del paso de la tormenta tropical Manuel en las costas mexicanas del Pacífico.

En los últimos días unas 57 personas han muerto -27 sólo en el Estado de Guerrero- un centenar de ríos se han desbordado y decenas de carreteras están dañadas. A pesar de la tragedia el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, ha sido recibido este martes por la tarde en el polideportivo de Chilpancingo entre aplausos y vítores de los damnificados. Unas 1.200 personas comen y duermen en la unidad deportiva. Es un refugio improvisado, pero algunos de sus habitantes no han perdido la oportunidad de tomarse una foto con el presidente. El mandatario les ha prometido que habrá inversiones para construir viviendas en los municipios más devastados por la tormenta.

Algunos casos son dramáticos pero reina la resignación. Marta Emma lleva tres días durmiendo en el polideportivo. Va acompañada de sus cuatro hijos, no tiene esposo e ignora dónde vivirá mañana. “La casa se inundó”, dice esta mujer de 43 años. La unidad deportiva se ha llenado de colchones, mantas y bolsas con algunas de las pertenencias que los afectados lograron rescatar de sus casas antes de que el agua se lo llevara todo. “Vine a curarme de la garganta a Chilpancingo y me agarró esto”, comenta una mujer de 82 años preocupada por el destino de su comunidad.

Un grupo de 20 habitantes de la comunidad indígena de Tlacopa aprovecha la visita de Peña Nieto a Chilpancingo para increparlo. Sus familiares están incomunicados en zonas alejadas en la montaña. “Presidente, nuestros familiares llevan desde el sábado sin comer y han tenido que refugiarse en el cerro”, comenta uno de ellos. La secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, reconoce que en las últimas horas no ha sido posible sobrevolar la zona porque las nubes eran densas y bajas, pero que el miércoles volverán a intentarlo. El Gobierno mexicano ha prometido que tratará de acercar helicópteros a comunidades aisladas por las inundaciones para distribuir “del modo más rápido” alimento a esos pueblos.

El presidente mexicano visitó después Acapulco, donde sólo se reunió con las autoridades locales para evaluar los daños. El famoso puerto turístico ha sufrido también las consecuencias de la tormenta. Miles de turistas intentan abandonar la ciudad, pero pocos son los vuelos que salen de su aeropuerto internacional y ninguno puede marcharse por carretera. La autovía que conecta Acapulco con la Ciudad de México – la Autopista del Sol- continúa cerrada a causa de múltiples derrumbes de las montañas. Las autoridades han explicado que este camino es la principal vía de abastecimiento de la región y han señalado que podría ser reabierta el viernes o el sábado.

Guerrero ha sido el Estado más dañado por el paso, durante el fin de semana, de la tormenta tropical Manuel, a pesar de que en las costas del Golfo de México también se presentó el huracán Ingrid. La confluencia de ambos fenómenos naturales -la de dos tormentas tropicales- no se producía en México desde mediados del siglo XX, y ha sumido al país en una grave crisis. Las autoridades temen que Manuel vuelva a impactar las costas mexicanas en las próximas horas, ahora en los Estados de Sinaloa y Baja California Sur, al noroeste del país.

Una familia espera ayuda en el techo de una vivienda en Acapulco. / AFP

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