Artillería ucrania, ayer en la retaguardia del frente. / D. MDZINARISHVILI (REUTERS)
Las partes pactaron una línea de 30 kilómetros sin combates en torno a Donetsk y Lugansk
AGENCIAS Kiev 22 SEP 2014 - 13:50 CEST
El Ejército ucranio ha anunciado que retirará este lunes las piezas de artillería y los vehículos blindados de la zona desmilitarizada de 30 kilómetros de ancho pactada con las milicias separatistas.
El portavoz del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa ucranio, Andrei Lisenko, ha explicado que se ha detectado una reducción del fuego de los separatistas y que ya no hay disparos desde territorio ruso, lo que ha posibilitado que Ucrania comience a aplicar el acuerdo firmado la madrugada del sábado.
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El acuerdo, el primero en dirección a una desmilitarización del este deUcrania, prevé que la maquinaria de guerra pesada sea retirada 15 kilómetros del frente por cada bando para crear una franja de 30 kilómetros.
El portavoz de Kiev detalló que dos militares ucranios habían muerto en las últimas horas en un enfrentamiento aislado con “bandas armadas” en un pueblo cercano a la sitiada Donetsk. Desde que el 5 de septiembre los rebeldes prorrusos y Ucrania firmaron en Minsk (la capital de Bielorrusia) el acuerdo de alto el fuego que ha impulsado las subsiguientes negociaciones, han muerto 39 soldados ucranios y civiles. Este fin de semana la tregua parecía temblar, e incluso un alto cargo de la OTAN que cita AFP declaró que era ya solo “nominal”.
El Ayuntamiento de Donetsk, una ciudad de la que ha huido la mitad de su millón de habitantes, ha asegurado hoy que, por segundo día consecutivo, no registraba “ningún combate activo”. Según la ONU, desde que comenzaron los combates en el este del país en el mes de abril ha perecido un mínimo de 3.219 personas, y 8.198 han sido heridas.
El acuerdo cerrado en la madrugada del sábado prevé estabilizar la línea del frente en las provincias de Donetsk y Lugansk. También prohíbe los vuelos militares, incluidos los no tripulados, aunque sí podrán sobrevolar la zona los drones de la OSCE para vigilar el cumplimiento del alto el fuego y controlar que no haya incursiones por la frontera rusa.
Los separatistas controlan cerca del 30% del territorio de esas regiones, incluidas las capitales provinciales. En sus dominios -donde han proclamado las "repúblicas populares" de Donetsk y Lugansk- Kiev prevé que rija el estatus especial que el presidente ucranio Petró Poroshenko logró hacer aprobar en la Rada Suprema. Uno de los problemas no resueltos de las últimas conversaciones de Minsk fue precisamente el tema del autogobierno de los rebeldes y de las facultades reales que tendrán. El tema ha quedado pendiente para las próximas reuniones, lo que es comprensible si se tiene en cuenta que en Kiev existe una gran oposición a la nueva ley autonómica de Poroshenko y son muchos los que la quieren ver anulada.

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