miércoles, 10 de junio de 2015

Cuatro heridos en un ataque suicida en un templo de Luxor

Una tienda afectada por la explosión en Luxor. / REUTERS

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Tres hombres armados tratan de acceder a Karnak desde el aparcamiento

La amenaza del terrorismo ahuyenta el turismo en Oriente Próximo


RICARD GONZÁLEZ El Cairo 10 JUN 2015 - 13:43 CEST


De la ola de atentados terroristas que azota Egipto ya no se libran ni los monumentos e intereses turísticos. Una semana después de un ataque contra un puesto de control de la policía turística en las pirámides, las fuerzas de seguridad neutralizaron el miércoles por la mañana una operación suicida que tenía como objetivo el templo de Karnak, situado en la ciudad de Luxor, una de las principales atracciones turísticas del país árabe. Finalmente, el intento de atentado se saldó con la muerte de dos terroristas, y varios civiles y agentes heridos de poca gravedad. Los turistas que se encontraban en el recinto salieron ilesos.

Según declararon fuentes del ministerio del Interior al diario al-Masry al Youm, la operación terrorista tenía como objetivo atacar un autobús de turistas en las inmediaciones del templo. La policía se percató de la intención de los militantes, y abrió fuego contra ellos. El terrorista que llevaba un cinturón de explosivos decidió entonces detonarlos, lo que provocó su muerte.

De momento, ningún grupo terrorista ha asumido la autoría del atentado, que se inscribe en un aumento notable de violencia islamista desatada en Egipto después del golpe de Estado ejecutado por el actual presidente del país, y entonces ministro de Defensa, Abdelfatá al Sisi. Esta ola violenta está protagonizada por diversos grupos, siendo el más activo el de la provincia del Sinaí (Ansat Beit al Maqdis), una filial del autodenominado Estado Islámico. Se calcula que desde el golpe, en verano del 2013, han muerto varios centenares de soldados y agentes de policía, la mayoría en la península del Sinaí, la base de operaciones de buena parte de estos grupos.

“Lo más probable es que se trate de una acción del Estado Islámico, que percibe los templos del Antiguo Egipto como una idolatría. Y además, lo más importante, busca minar la capacidad del Gobierno de proporcionar servicios públicos”, sostiene Firas Abi Ali, de la consultora política IHS. Hasta la semana pasada, cuando unos desconocidos asesinaron a dos policías turísticos apostados en las inmediaciones de las pirámides de Giza, el continuo goteo de atentados había evitado las atracciones turísticas.

El turismo es uno de los principales sectores económicos de Egipto, pues tradicionalmente ha representado más del 10% de su PIB y ofrece trabajo a un 13% de su mano de obra. Sin embargo, el sector padeció un severo frenazo después de la revolución del 2011 que destronó al ex dictador Hosni Mubarak. Desde entonces, el país ha experimentado un tumultuoso periodo, jalonado de incidentes violentos, lo que ha impedido la recuperación del turismo hasta sus niveles previos a las revueltas árabes.

El atentado en el templo de Karnak puede cercenar las esperanzas de una mejora a corto plazo de las expectativas del sector, alentadas por el propio Gobierno al haber declarado recientemente que había asestado golpes definitivos contra los grupos terroristas que operan en el país. Luxor ya fue el escenario del atentado más sanguinario contra intereses turísticos de la historia de Egipto, que tuvo lugar en 1997 y en el que murieron murieron 58 extranjeros. Al entonces presidente Hosni Mubarak le costó más de una década derrotar la batalla que libraba contra el grupo terrorista Gamá Islamiya.

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