jueves, 25 de junio de 2015

El Congreso da poderes a Obama para negociar acuerdos comerciales

Un manifestante en contra del acuerdo comercial. / MIKE BLAKE (REUTERS)

El presidente logra una de sus mayores victorias legislativas recientes con el apoyo republicano y la oposición demócrata

MARC BASSETS Washington 25 JUN 2015 - 04:06 CEST


El demócrata Barack Obama logró este miércoles una de sus mayores victorias legislativas desde que en 2012 salió reelegido. El Senado ratificó una ley de la Cámara de Representantes que da autoridad al presidente para negociar por su cuenta acuerdos comerciales. Con la ley en la mano, Obama puede iniciar la última ronda de negociaciones con once países de la cuenca del Pacífico que representan, junto a EE UU, el 40% de la economía mundial.

El Senado votó con 60 votos a favor y 38 en contra la ley del fast track, o vía rápida. La semana pasada, la Cámara de Representantes aprobó la ley con 218 votos a favor y 208 en contra. En las próximos días Obama la firmará.

El mismo miércoles, el Senado aprobó otra ley para ayudar a trabajadores perjudicados por el comercio mundial. La Cámara de Representantes debe ratificarla, previsiblemente el jueves.

La ley del fast track permite al presidente negociar acuerdos comerciales y someter el resultado final al Congreso sin que este pueda enmendarlo: los congresistas solo pueden votar sí o no. Todos los presidentes, desde los años setenta, han disfrutado de esta autoridad. Su finalidad es evitar que el Congreso deshaga con enmiendas y objeciones acuerdos ya cerrados por el presidente en negociaciones multilaterales.

La vía rápida no es solo una de las prioridades de Obama en su último mandato: también es la primera ley de calado que aprueba gracias a los votos de la oposición republicana y con su partido, el demócrata, en contra.

La Asociación Transpacífica (el nombre del tratado, TPP en sus iniciales en inglés) incluye a doce países de América y Asia, entre ellos Japón. Obama y sus aliados republicanos defienden impulsar las exportaciones y beneficiará a la economía estadounidense. Sostienen que es una pieza imprescindible para contrarrestar la influencia en la región de China, país no incluido en el tratado. Sus detractores, entre ellos la influyente base sindical del Partido Demócrata, recuerdan el coste de anteriores tratados de libre comercio en puestos de trabajo y condiciones laborales en EE UU. Citan el tratado de libre comercio de 1994 con México y Canadá, responsable, según este argumento, de las deslocalizaciones que han destruido centenares de miles de empleos.

Aunque la autoridad negociadora servirá ante todo para impulsar las negociaciones con los países del Pacífico, también es válida para el acuerdo transatlántico con la Unión Europea, menos avanzado.

La aprobación de la ley de la vía rápida ha sido accidentada. Han sido necesarios varios votos, en las últimas semanas, y triquiñuelas legislativas. El proceso ha dejado heridas en el Partido Demócrata, más reacio a los acuerdos comerciales internacionales que el Partido Republicano, asociado al partido de libre mercado.

Incluso Hillary Clinton, favorita en la nominacion demócrata a las elecciones presidenciales de 2016, ha tomado distancias con Obama en este asunto.

Clinton defendió el tratado cuando era secretaria de Estado en la Administración Obama, entre 2009 y 2013. Su marido, Bill Clinton, promovió durante su presidencia, en los años noventa, la caída de las barreras comerciales. Pero necesita movilizar en campaña a las bases progresistas de su partido, opuestas a la vía rápida.

Tras la victoria legislativa con la política comercial, Obama afronta la próxima semana otra iniciativa clave para su legado: la negociación para frenar el programa nuclear de Irán a cambio de levantar las sanciones.

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