jueves, 11 de junio de 2015

El exministro chino de Seguridad, condenado a cadena perpetua

Zhou Yongkang en una imagen de 2008. / NELSON CHING (BLOOMBERG)

Zhou, culpable de soborno y filtración de secretos de Estado, es el mayor cargo sentenciado en décadas

El ‘Libro Rojo’ de la caída en desgracia


MACARENA VIDAL LIY Pekín 11 JUN 2015 - 14:06 CEST


La mayor caída en desgracia en la política china en décadas se ha consumado en medio de una opacidad absoluta. Pese a que el régimen chino había prometido transparencia, el otrora todopoderoso ministro de la Seguridad Pública Zhou Yongkang, el mayor de los “tigres” que ha cazado la campaña anticorrupción del Gobierno, ha sido condenado a cadena perpetua por aceptar sobornos, abusar de su poder y filtrar intencionadamente secretos de Estado, en un juicio celebrado sin ningún tipo de anuncio ni presencia del público. Zhou se declaró culpable y no apelará, según ha informado la agencia oficial, Xinhua.

El juicio, según ha informado la agencia oficial china Xinhua, se celebró el 22 de mayo en la ciudad de Tianjin, al este de Pekín. Este jueves el tribunal Intermedio Número 1 de la localidad ha emitido una sentencia de cadena perpetua. Zhou, de 72 años, también verá sus bienes personales confiscados y se le anularán sus derechos políticos.

Según el veredicto citado por Xinhua, Zhou fue encontrado culpable de aceptar sobornos por valor de unos 130 millones de yuanes, unos 20 millones de euros. También abusó de su poder para beneficiar a cinco de sus asociados, entre ellos su protegido Jiang Jiemin, quien llegó a estar al frente del organismo supervisor de las empresas estatales chinas antes de caer él mismo en desgracia en la investigación abierta contra el ex jefe de los servicios de seguridad chinos. En concreto, Zhou aceptó personalmente dinero y propiedades por valor de más de 700.000 yuanes (unos 110.000 euros) procedentes de Jiang. Fue informado de que su esposa, Jia Xiaoye, y su hijo, Zhou Bin, habían aceptado los restantes 129 millones de yuanes de sobornos, en efectivo y en especie.

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Fotografías difundidas por la agencia Xinhua muestran la imagen de un Zhou Yongkang muy envejecido. Su pelo completamente blanco, contrasta con el teñido negro azabache generalizado entre los altos cargos chinos, aunque sí conserva el mismo gesto arrogante característico de sus años en la cúspide del poder en China, cuando él y quienes le rodeaban le consideraban absolutamente intocable.

Zhou, que con la llegada de Xi JInping al poder abandonó el Ministerio de Seguridad Pública y su puesto en el Comité Permanente del Partido Comunista, el órgano más alto de poder en el régimen chino, es el cargo de mayor nivel juzgado en el gigante asiático desde hace décadas.

En su declaración final ante los magistrados, Zhou aceptó las acusaciones, según la versión oficial transmitida por Xinhua. “Los hechos fundamentales están claros. Me declaro culpable y me arrepiento de mis errores”, indica esa declaración. “Los implicados, que sobornaron a mi familia, buscaban en realidad el poder que yo detentaba, y yo debo asumir la mayor responsabilidad”.

“Violé la ley y las normas del Partido sin cesar, y objetivamente mis delitos han dado como resultado graves pérdidas para el Partido y para la nación”, declaró el exministro

Originario de la provincia de Jiangxi, en el este del país, Zhou comenzó su carrera en el sector petrolero, donde llegaría a dirigir la principal empresa estatal del sector, CNPC. Allí comenzó a tender sus primeras redes de contactos políticos y de protegidos que le apoyarían a lo largo de su carrera.

De allí saltó a la próspera provincia de Sichuan, donde continuó extendiendo su red de contactos como secretario general del partido de la zona. En 2007 llegaría al Comité Permanente y se pondría al frente de los servicios de seguridad, que bajo su mando adquirieron un presupuesto mayor que el del propio Ejército Popular de Liberación.

Por el camino había forjado estrechos lazos con una estrella en ascenso del partido, Bo Xilai. Bo, su protegido, estaba destinado a ser su sustituto en el Comité Permanente, algo que hubiera prolongado la influencia de Zhou tras su jubilación. Cuando Bo cayó en desgracia en 2012, pocos meses antes de la llegada de Xi Jinping al poder, fue Zhou el único que intentó salvarle. En ese momento selló su destino.

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