lunes, 8 de junio de 2015

El partido de Erdogan vence pero pierde la mayoría absoluta

Una familia seguidora del partido pro-kurdo celebra el resultado de los comicios, el domingo por la noche. / BULENT KILIC (AFP)

ELECCIONES EN TURQUÍA

El presidente turco asegura que " ningún partido tiene mandato para gobernar en solitario"


JUAN CARLOS SANZ / ANDRÉS MOURENZA Estambul / Diyarbakir 8 JUN 2015 - 08:29 CEST


La cadena de tres mayorías absolutas consecutivas con las que, desde hace 13 años, Recep Tayyip Erdogan ha conducido al islamismo turco al poder se ha roto en las urnas. Su sucesor al frente del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista moderado) y como jefe de Gobierno, Ahmet Davutoglu, ganó con claridad las elecciones legislativas celebradas el domingo en Turquía, pero con todos los votos escrutados solo alcanzaba anoche el 40,8% de los sufragios, que le adjudicaban 255 escaños; 21 menos de los necesarios para el control del Parlamento. Responsables del AKP hablaban ya de configurar un Gobierno en minoría.

La Bolsa de Estambul y la lira cayeron con fuerza el lunes ante el panorama de inestabilidad que se abre. El propio Erdogan ha reconocido a primera hora que ningún partido político ha obtenido el mandato para gobernar en solitario tras las elecciones. En un comunicado, Erdogan ha destacado la alta participación registrada, que ha atribuido al compromiso de los turcos con la democracia, y ha apelado a la responsabilidad de todos los partidos, a los que ha instado a hacer una evaluación "realista" del resultado, según informa Reuters.

El AKP ha ganado las elecciones legislativas celebradas este domingo en Turquía con un 40,82 % de los votos (258 de los 550 diputados del Parlamento) y se impone así al CHP (25,1 % y 132 escaños), al MHP (16,34% y 81 representantes) y al HDP (prokurdo, 13,07 % y 79 diputados), según datos ofrecidos por la cadena CNN Turk correspondientes al 98,21 % del escrutinio.

El relativo peso político de Davutoglu frente al contrastado carisma de Erdogan, elegido presidente de Turquía el pasado agosto con el 52% de los votos, y la pérdida de fuelle de la economía turca –cuyo PIB crecerá por debajo del 3% este año, según la previsión oficial– están detrás del retroceso electoral del AKP, que hace cuatro años rozó el 50% de los sufragios. “Es hora de enterrar la Constitución salida del golpe de 1980", dijo Davutoglu en el cuartel general de su partido en Ankara. "Llamo a todos los partidos políticos a que nos sentemos a escribir una nueva Constitución más libre y democrática". El primer ministro recordó, ante una audiencia de militantes visiblemente ensombrecida, que su partido había sido el más votado en 56 provincias.

Pero la pérdida de la mayoría absoluta del islamismo político turco no obedece a una recuperación de sus tradicionales rivales parlamentarios. El Partido Republicano del Pueblo (CHP, laico y socialdemócrata), se colocó en segundo puesto con un 25,1% de los votos y 133 escaños, y el Partido del Movimiento Nacionalista (MHP, ultraderecha religiosa), se situó en el 16,4% de los sufragios y 82 escaños. Mientras el primero ha descartado un pacto de coalición, el segundo podría estar más cercano a un acuerdo con el AKP.

La caída de nueve puntos porcentuales del AKP y de 71 escaños respecto a sus resultados de 2011 se ha debido sobre todo a la emergencia del voto de protesta de las clases medias urbanas contra la deriva autoritaria de Erdogan, una corriente que ha sido capitalizada por el nacionalismo kurdo. El Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP, izquierdista y prokurdo) ha sumado los sufragios de los ciudadanos descontentos con la gestión del AKP, muchos de los cuales se echaron a las calles hace dos años en la ola deprotestas nacionales que tuvo su origen en el parque Gezi de Estambul. Los indignados turcos no han sabido crear sus propios movimientos políticos, pero los nacionalistas kurdos les han ofrecido una vía de expresión política al asumir como propias sus reivindicaciones.

Con el 12,9% de los votos nacionales (el doble de la representación habitual del nacionalismo kurdo en el Gran Asamblea de Ankara) y 80 diputados en sus filas, el líder del HDP, Selahattin Demirtas, ha roto el listón del 10% impuesto tras el golpe de Estado militar de 1980 para cerrar el paso a las minorías y excluirlas de la Cámara.

Fin de etapa en Turquía

Los escaños que ha acumulado su formación le permitirán negociar con mayor fuerza la aplicación de políticas descentralizadoras y fórmulas de autogobierno en el sureste de Anatolia, donde se concentran los kurdos, que representan un 15% de la población de Turquía. Demirtas, descartó anoche en Estambul una alianza de Gobierno con el AKP y defendió una negociación política para elaborar una nueva Constitución. “Turquía ha cerrado con estas elecciones el debate sobre la dictadura y la presidencia ejecutiva”, afirmó el líder del HDP.

El auge del nacionalismo kurdo también ha malogrado el sueño presidencialista de Erdogan. El AKP esperaba alcanzar al menos 330 diputados para poder reformar la vigente Constitución, que establece un sistema netamente parlamentario, para poder adjudicar mediante un referéndum nacional al actual presidente de la República plenos poderes ejecutivos, frente a sus actuales funciones limitadas a tareas de mediación y representación.


Erdogan tendrá que conformarse, por ahora con reinar sin poder gobernar. Como precisaba anoche el profesor Ahmet Insel en el canal CNN Türk: “Se ha terminado el periodo de Erdogan para el AKP, ahora estará obligado a respetar los límites que le fija la Constitución como presidente y el partido islamista deberá renovar sus estructuras”. Los resultados de los comicios marcarán previsiblemente una etapa de lucha por el poder en el principal partido turco.

Estos comicios, cruciales para Turquía, marcan un hito en la política del país. La polarización causada por el creciente autoritarismo de Erdogan ha enfrentado a los sectores laicos y religiosos de la sociedad. Su intervención en la campaña, a pesar de no ser candidato y de la aparente neutralidad de la Presidencia, contribuyó a elevar la tensión.

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