martes, 2 de junio de 2015

El peronismo se reagrupa en torno al candidato kirchnerista

Daniel Scioli, a la izquierda de Fernández de Kirchner. / HO (AFP)

Ante la caída en las encuestas de Sergio Massa, varios alcaldes del conurbano de Buenos Aires le están abandonando

CARLOS E. CUÉ Buenos Aires 2 JUN 2015 - 03:27 CEST


La batalla electoral en Argentina llega a su momento de la verdad: el 10 de junio hay que inscribir las coaliciones. Ante la caída en las encuestas de Sergio Massa, el tercero de los candidatos clave, varios alcaldes del conurbano de Buenos Aires, donde nació su fortaleza, le están abandonando para volver al redil del oficialismo. El peronismo disidente pierde así fuerza y se reagrupa en torno al poder del Gobierno, cada vez más sólido frente al opositor Mauricio Macri.

El peronismo tiene casi tantas definiciones como votantes, con lo que describirlo es un ejercicio inútil al que incluso los comentaristas políticos argentinos más experimentados han renunciado. No es de izquierdas, ni de derechas, ni de centro. Ni liberal ni estatalista. Puede ser cualquier cosa, en función de las circunstancias, como ya dijo el propio Perón. Pero hay algo que sí lo identifica: está pensado para alcanzar el poder, gira en torno a él.

En este contexto, en las últimas semanas se está produciendo una reordenación dentro del peronismo que, en principio, favorece a Daniel Scioli, el candidato oficialista que pretende ser heredero de Cristina Fernández de Kirchner. Varios personajes destacados del grupo de peronistas disidentes que estaban con Sergio Massa lo están abandonando.

Massa, que fue jefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner y ha arrastrado con él a un importante número de cuadros de alto nivel, exministros y alcaldes, basa su fuerza, la que le permitió ganarle las elecciones legislativas en 2013 a la presidenta, en el conurbano de Buenos Aires. Allí se decide buena parte de las elecciones. Hay municipios, como La Matanza, con 1,7 millones de habitantes, donde vive más gente que en muchas capitales europeas y en casi todas las provincias argentinas. El alcalde de Almirante Brown (550.00 habitantes), Darío Giustozzi, que era el líder de los diputados massistas, ha abandonado con gran estrépito el movimiento. También lo han hecho los de Pilar, Merlo, Escobar, San Isidro, Malvinas Argentinas y Olavarría. Todos por el mismo motivo: huelen que el poder viene por otro lado y se van con el candidato más fuerte.

El peronismo puede ser cualquier cosa, en función de las circunstancias, como ya dijo el propio Perón. Y está pensado para alcanzar el poder

Massa descarta retirar su candidatura y conserva un grupo de personalidades destacadas como el prestigioso Roberto Lavagna, exministro de Economía de los Kirchner, y una serie de funcionarios de alto nivel. Pero sufre cada día para retener a sus alcaldes, que controlan miles de votos a través de sistemas no siempre claros ni confesables.

En este contexto, hay una enorme presión para que Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires y gran aspirante de la oposición, pacte con Massa, como antes hizo con el radical Ernesto Sanz, para montar un gran frente y ganarle las elecciones a Scioli y al kirchnerismo. Pero en el entorno de Macri señalan a EL PAÍS que esa operación no les interesa porque la gran batalla final será entre continuidad y cambio, y la única manera de mantener esa imagen es no pactar con lo que en el fondo ellos ven como una escisión del kirchnerismo. En Argentina son días clave de negociaciones hasta el último minuto para definir la gran batalla por el poder que se decide el 25 de octubre.

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