martes, 2 de junio de 2015

GRAIN: Agencias de desarrollo de Estados Unidos y Europa financian una nueva ola de colonialismo en la RDC

Agro colonialismo en el Congo

El joven sacerdote Robert Bolenge* no podría haber imaginado la pobreza que encontraría cuando llegó a su nuevo puesto en Yaligimba en el año 2002. El distrito se extiende en el corazón de las extensas plantaciones de palma aceitera de propiedad de Feronia Inc., en el noreste de la República Democrática del Congo.

RIAO-RDC | GRAIN | 02 June 2015 | Reports

“Nunca antes había sido testigo de tales sufrimientos”, dice Bolenge. “No podría haber imaginado que alguien podía trabajar tan duro, con un cesto amarrado a su espalda, cortando racimos todo el día y llevando a casa solamente 20 dólares al mes”.

(* No es el nombre real. Una entrevista con él puede ser escuchada aquí. Leer la traducción al inglés aquí.)

Niños en el desembarco de Lokutu en el río Congo. (Foto: GRAIN)Bajo la ocupación colonial belga (1908-1960), la tierra fue robada a las comunidades a todo lo largo del Río Congo para establecer plantaciones de palma aceitera. Actualmente, las comunidades han iniciado un decidido esfuerzo por recuperar sus tierras. Pero la compañía que actualmente ocupa sus tierras está expandiendo sus actividades con financiamiento de las instituciones financieras y bancos multilaterales más grandes del mundo– a pesar de que estas agencias se comprometieron a apoyar los derechos de los pueblos locales.

Un conflicto de tierras que se ha desarrollado a fuego lento durante 100 años en la República Democrática del Congo, desgarrada por la guerra, está a punto de desbordarse.

En nombre del “desarrollo”

Las instituciones financieras para el desarrollo fueron creadas por los gobiernos del norte para entregar financiamiento para proyectos de alto riesgo en los así llamados países en desarrollo. Su papel es proporcionar dinero público para inversiones privadas que de otra manera tendrían dificultades para obtener el capital para proyectos donde el impacto esperado en términos de alivio de la pobreza es alto.

Hoy estas instituciones controladas por los gobiernos proporcionan más de 100 mil millones a las compañías privadas que operan en los países en desarrollo, equivalente a casi dos tercios de la ayuda oficial al desarrollo.1 Una gran proporción de estos fondos están dirigidos a compañías que operan en el sector de la alimentación y la agricultura.

Los gobiernos del norte han equipado a sus instituciones financieras para el desarrollo con códigos y normas para protegerse contra la corrupción y las violaciones a los derechos humanos en los países que operan. Estas políticas están hechas para impedir que estas instituciones inviertan en compañías que acaparan tierras, violan los derechos laborales o se involucran en prácticas corruptas.

Entonces ¿cómo varias de las más prominentes instituciones financieras para el desarrollo del mundo se convirtieron en propietarias de Feronia Inc., una empresa de agronegocios canadiense que la gente de la RDC dicen que está ocupando ilegalmente sus tierras, sometiéndolos a trabajos horribles en las plantaciones y llevando a sus comunidades a la indigencia?

Si las instituciones financieras para el desarrollo tuvieran una lista negra, Feronia debería estar en ella. En cambio, los bancos multilaterales y los mecanismos financieros para el desarrollo de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España han volcado millones de dólares en Feronia desde 2012. Las instituciones financieras tienen ahora la propiedad de más del 70 por ciento de la compañía.

Raíces coloniales

A comienzos del siglo 20, los funcionarios coloniales belgas empezaron a explorar la posibilidad de establecer plantaciones de palma aceitera a lo largo del Río Congo, en lo que son ahora las Provincias Ecuador y Oriental de la RDC.


“Cuando los belgas llegaron por primera vez, vieron que los bosques estaban llenos de palma aceitera de alto rendimiento y comenzaron a pedir a las autoridades locales una o dos hectáreas a cambio de algunas costales de sal,” señala Gaspard Bosenge-Akoko, un miembro electo del Parlamento de la Provincia Oriental. “Vieron que las tierras eran muy fértiles y empezaron a acaparar más y más tierra y desmontaron todo excepto las palmas aceiteras para establecer plantaciones. Los pueblos indígenas fueron obligados a desplazarse hacia áreas más pequeñas, llamadas reservas, donde se les dijo podrían continuar con sus prácticas tradicionales. Pero hoy, aún estas tierras de las reservas han sido arrebatadas. Se apoderaron de todas estas tierras sin un solo documento legal.”

El desarrollo de las plantaciones belgas de palma aceitera fue respaldado por las brutales fuerzas coloniales de Rey Leopoldo y financiado por los hermanos Lever. Éstos desarrollaron las plantaciones de palma aceitera cerca de las comunidades de Lokutu y Yaligimba en la Provincia Oriental y Boteka en la Provincia Ecuador. Las plantaciones más tarde serían la base de un imperio del procesamiento de alimentos y establecerían las bases para el desarrollo de una de las más grandes corporaciones de alimentos del mundo: Unilever.

Unilever se aferró al negocio de sus plantaciones de palma aceitera durante todo el siglo 20, hasta el año 2002, cuando, con una guerra desencadenada en el Congo oriental, decidió retirarse del país. Ese año vendió su subsidiaria de productos de consumo, Marsavco, a una familia empresaria pakistaní con profundas raíces en la RDC. Luego, en el año 2009, después de varios años de abandono, vendió sus plantaciones de palma aceitera de Boteka, Lokutu y Yaligimba a Feronia Inc., una pequeña compañía registrada en las Islas Caimán sin ninguna experiencia anterior en el sector de la palma aceitera.


Las plantaciones de Unilever fueron controladas a través de una compañía congoleña llamada Plantations et Huileries du Congo SARL (PHC) que era 24% de propiedad del gobierno de la RDC. En el año 2009, Feronia Inc., adquirió el 76 % de las acciones de Unilever en PHC pagando 3 millones 854 mil 551 dólares a una compañía del holding de Unilever en Holanda. Los directores de la compañía abrieron a Feronia Inc al público en la bolsa de comercio de Toronto en el año 2010, con el fin de financiar la continuidad de sus operaciones.

En los años siguientes, Feronia acumuló decenas de millones de dólares en pérdidas y el precio de la acción se derrumbó, desde alrededor de 4 dólares cuando abrió en septiembre de 2010 a menos de un dólar en noviembre de 2013. La compañía podría haber colapsado completamente a no ser por un asombroso rescate de parte de varios de los grandes bancos multilaterales y los institutos de financiamiento para el desarrollo.

En diciembre de 2012, Feronia anunció que el Fondo Agrícola Africano (AAF-African Agricultural Fund) había acordado comprar 20 % de las acciones de la compañía por 5 millones de dólares a través de su subsidiaria, African Agriculture Fund LLC. El AAF es un fondo registrado en Mauricio, administrado por la firma de capitales privada Phatisa de Mauricio. Fue creada en el año 2009 para canalizar el dinero de los bancos multilaterales y los institutos o agencias de financiamiento para el desarrollo hacia las compañías de agronegocios en África, con el fin de “combatir la descapitalización crónica en el sector de los agronegocios y los alimentos en África”.

El AAF ha captado inversiones de los institutos de financiamiento al desarrollo de Francia, Estados Unidos y España al igual que del Banco de Desarrollo Africano y varios otros bancos multilaterales de África. La Alliance for a Green Revolution in Africa (AGRA-Alianza para una Revolución Verde en África) aparece como “promotor” del fondo, mientras que la Comisión Europea y la Agencia de Cooperación Italiana financian el mecanismo de asistencia técnica del AAF.

El AAF hizo inversiones de capital adicionales en Feronia en marzo y noviembre de 2013, sumando 14 millones 500 mil dólares, esta vez a través de la subsidiaria con sede en Mauricio, Golden Oil Holdings Limited. A fines del año 2013, las subsidiarias del AAF controlaban el 32.5 % de Feronia.
LA otra institución de financiamiento para el desarrollo que se ha convertido en gran inversionista en Feronia es el Grupo CDC plc del gobierno del Reino Unido, anteriormente la Commonwealth Development Corporation. El CDC hizo su primera inversión en Feronia en noviembre del 2013, gastando 14 millones 500 mil dólares para adquirir el 27.5 % de las acciones de Feronia y proporcionando a la compañía la oportunidad de un préstamo convertible adicional de 3 millones 600 mil dólares para apoyar la implementación de un Plan de Acción Ambiental y Social. Luego, en enero del año 2015, invirtió 7 millones de dólares para aumentar su propiedad en Feronia al 48 %

Actualmente, el AAF y el CDC controlan sobre el 70 por ciento de las acciones de Feronia, mientras que el gobierno de la RDC retiene una participación del 24 por ciento en PHC, la subsidiaria de plantaciones de palma aceitera en la RDC.

El papel de Unilever

Unilever se publicita a sí mismo como un campeón de los negocios socialmente responsables. Pero su “plan de vida sustentable” no tiene relación con su comportamiento en el Congo.


En 1911, el estado belga concedió a Unilever (entonces Lever Brothers) el control sobre 67 mil 800 kilómetros cuadrados de tierra en el Congo para establecer plantaciones para proveer a su negocio multinacional de procesamiento de alimentos que se expandía rápidamente. Unilever llegó para ocupar y explotar las comunidades en la RDC durante 100 años.7 Pero en el año 2002, sorpresivamente retiró sus ganancias y vendió su compañía de bienes de consumo, Marsavco a la familia Rawji y después sus plantaciones a Feronia en el año 2009.

Unilever obtuvo 3 millones 800 mil dólares de la venta a Feronia. Este dinero fue canalizado a su subsidiaria holandesa. También recolectó más millones de la venta de algunas de sus casas y otras propiedades. Esto fluyó libre de impuestos hacia las cuentas holandesas de Unilever, luego que Feronia presionara al gobierno de la RDC a renunciar a $3 millones utilizando mecanismos de exenciones de impuestos destinados a inversiones extranjeras reales.

Alrededor de 800 empleados administrativos perdieron sus trabajos cuando Unilever vendió Marsavco y abandonó la RDC. También quedó debiendo a estos trabajadores al menos $24 millones de salarios impagos. Durante los últimos 13 años han estado luchando para obtener este dinero de parte de Unilever. La Corte Suprema de la RDC dictaminó a su favor en el año 2007, pero el dinero todavía no llega a ellos.8 Anteriormente este año, algunos de los trabajadores comenzaron una huelga de hambre empujados por la desesperación.

Casi toda el aceite de palma producido por Feronia aún se vende a Marsavco, y los ex trabajadores de Marsavco insisten que Unilever sigue estando muy involucrado, detrás de bambalinas. Una evidencia de esta participación es la etiqueta de los contenedores de margarina Blue Band de Marsavco que dice: “Producido por encargo de Unilever” (“Produit pour le compte de Unilever”)

Cuando Feronia compró PHC a Unilever en el año 2009, declaró haber heredado los acuerdos de concesión de PHC por todas las tierras donde la compañía tiene plantaciones. Feronia señala que tenía “contratos de arriendo rotativos de 25 años”, cubriendo 101 mil 455 hectáreas en Lokutu, Boteka y Yaligimba, los cuales expiraban en diferentes fechas entre el año 2017 y 2030 y que tenían un costo de renovación de mil dólares por terreno, con terrenos que variaban de unas pocas hectáreas a 2 mil hectáreas.

Sin embargo los líderes comunitarios en las plantaciones de la compañía en Lokutu señalan que el único documento que Feronia o Unilever alguna vez les mostraron como evidencia de los derechos de la compañía por la concesión de 63.000 hectáreas que ellos reclaman es un antiguo certificado de registro que está plagado de errores y que no confiere ningún título legal.


“Todo lo que ellos tienen es un certificado falso de inscripción, firmado por un topógrafo incompetente”, señala el delegado provincial, Gaspard Bosenge-Akoko. “¿Pueden imaginar a una compañía acaparando más de 40 mil hectáreas de estas comunidades, impidiéndoles realizar sus actividades agrícolas, sobre la base de un documento así de débil?”

El 8 de marzo de 2015, mas de 60 autoridades tradicionales y otros líderes comunitarios de todos los distritos de Yahuma, donde está localizado un 90 por ciento de las plantaciones de Feronia en Lokutu, se reunieron en la ciudad de Mozité para exigir la resolución a sus antiguas demandas en contra de Feronia. Señalan que la compañía nunca los consultó acerca del uso de sus tierras y no tiene ningún derecho a estar ahí.

“Demandamos, primero y ante todo, el inicio de las negociaciones para recuperar nuestros derechos sobre las tierras que nos han sido arrebatadas ilegalmente a lo largo de los últimos 104 años”, establecen en la declaración firmada durante la reunión. “Queremos ser compensados, y solamente después podemos iniciar las discusiones sobre un memorando de entendimiento por un nuevo contrato.”


En las plantaciones de Boteka, los líderes locales explicaron a RIAO que Feronia firmó un acuerdo de concesión con el gobierno de la RDC en el año 2012, estableciendo los derechos de la compañía a usar 15 mil hectáreas de la concesión anterior de Unilever para propósitos agrícolas. Sin embargo, las comunidades locales señalan que nunca fueron consultados acerca del acuerdo, como lo indica su derecho legal, y que nunca han negociado las condiciones del contrato, como también lo indica su derecho. Señalan que sólo unas pocas autoridades locales (chefs de secteur) dieron su autorización, sin la participación ni consentimiento de las autoridades tradicionales o las comunidades locales.

En una carta enviada al presidente de la RDC en agosto del año 2013, las autoridades tradicionales del Territorio de Ingende, donde las plantaciones de Boteka están localizadas, escribieron:

Esta compañía llegó a nuestro territorio en el año 1912 durante la ocupación colonial. En el año 1947 recibió un contrato de arriendo renovable a 25 años y no un contrato perpetuo, como se da a entender a partir del comportamiento de los administradores de la compañía. Hace una año se firmó un contrato colectivo, de una forma u otra, con nuestros ancianos y desde entonces nuestra comunidad ha sido excluida de cualquier decisión relacionada con la expansión de la concesión y otras actividades, y solamente ha sufrido los impactos negativos de las plantaciones, como la desaparición de las orugas, hongos, animales silvestres, peces de agua dulce y, sobre todo, la casi completa pérdida de flora y fauna. Esto ha resultado en una desnutrición severa entre nuestros niños e incluso entre nuestros ancianos; la tasa de mortalidad infantil y materna durante el nacimiento está entre las más altas en la provincia.

También está la gran interrogante de si es legal que Feronia controle cualquier tierra en la RDC. Como las instituciones de financiamiento para el desarrollo que han invertido en Feronia saben muy bien, la RDC aprobó una nueva Ley sobre los Principios Fundamentales Relativos a la Agricultura (loi portant principes fondamentaux relatifs à l'agriculture) el 24 de junio del año 2012, que establece, en el artículo 16, que la tierra puede ser asignada solamente a compañías que son mayoritariamente de propiedad de inversionistas nacionales. Feronia hasta el momento, ha elegido ignorar esta ley, indicándoles a sus inversionistas que “esto ha sido y continúa siendo parte de las discusiones con varios niveles de gobierno en la RDC acerca de la interpretación de la ley”.

Un “sistema” brutal

Durante los diez años que el Pastor Bolenge estuvo en Yaligimba, fue testigo del cruel régimen establecido por Feronía.

“La empresa se apropió de todas las tierras de las comunidades, por lo que no tienen dónde cultivar su propio alimento,” señala. “En un momento, empecé a alentarlos a que plantaran cultivos y criaran ganado en las áreas abandonadas de la plantación. Pero cuando fue momento de cosechar, la compañía destruyó todos los cultivos y ordenó a la gente a salir por la fuerza. Fue como si la compañía quisiera asegurar que las personas permanezcan dependientes de ella para su supervivencia. Es como un sistema de esclavitud.”

Los pobladores dicen que aun las más mínimas trasgresiones son castigadas brutalmente por los guardias de la compañía. Cualquiera que sea sorprendido llevando solamente unas pocas nueces caídas de las palmas aceiteras es multado o, en muchos casos, azotado, esposado y llevado a la prisión más cercana.

Personas de la comunidad de Yalifombo, al interior de las plantaciones de Feronia en Lokutu, señalan que hace alrededor de un año los guardias de la compañía atraparon a un niño de la localidad, llamado Papy Yve que llevaba una pequeña cantidad de nueces de palma. El niño fue detenido, azotado y llevado a la prisión de la ciudad de Kisangani. En algún momento, sin embargo, desapareció y no ha sido visto desde entonces. Los pobladores señalan que su familia huyó de la comunidad para esconderse en una de las islas del Río Congo, temiendo que la compañía los persiguiera.

Habiendo perdido sus bosques y tierras agrícolas tradicionales, las comunidades dentro de las plantaciones de Feronia tienen pocas opciones aparte de trabajar para la compañía y pocos tienen acceso a algo que no sea los trabajos peor pagados. Las personas de Bayolo, en el Distrito de Yahuma, señalan que el 90 por ciento de las personas de la comunidad que trabajan para la compañía son obreros pagados pobremente, que no reciben ningún beneficio: sin viviendas, sin servicios médicos, sin educación, sin agua potable. Además, los líderes de Yahuma señalan que la última vez que alguien proveniente de su distrito trabajó como administrador para la compañía fue en el año 1964.

Miembros de la comunidad y otras fuentes locales con los cuales GRAIN y RIAO hablaron en las plantaciones de Boteka y Lokutu sostienen que el salario diario para un obrero típico de las plantaciones y los viveros de Feronia en Lokutu es alrededor de mil 400 francos congoleños (US 1 dólar50 centavos), lo cual es menor que el salario mínimo de mil 680 francos congoleños.

Aunque las boletas de pago de algunos trabajadores de las plantaciones de Lokutu indican montos pagados de mil 750 francos congoleños, estas eran por unidad de trabajo, no por día trabajado. Como explican los pobladores con los que GRAIN y RIAO conversaron, una “unidad” de trabajo es algo que pocos, si es que alguno, puede completar en un día.

Los habitantes de Yalifombo que trabajan en las plantaciones de Feronia en Lokutu señalan que la compañía espera que cosechen alrededor de 80 racimos grandes de nueces de palma por día para considerar que completó una unidad de trabajo, mientras que los trabajadores de los viveros tienen que llenar y transportar alrededor de 600 bolsas con plántulas para completar lo que la compañía considera ser el trabajo de un día. Estas tareas, señalan, son excesivas y la mayoría de los trabajadores no puede completarlas en un día.


Algunos trabajadores en las plantaciones en Lokutu incluso contratan a otros como “cargadores” o consiguen que sus niños y otros miembros de la familia los ayuden para completar sus tareas diarias.

Para empeorar las cosas, la compañía a menudo paga tarde a sus trabajadores. Representantes de las organizaciones locales de la sociedad civil que apoyan a las comunidades en las plantaciones de Feronia en Lokutu señalan que los salarios pueden estar sin pagar durante 3 a 4 meses. Esto hace extremadamente difícil para los trabajadores llegar al próximo pago y los deja a merced de los usureros. Señalan que los administradores de la compañía usan un sistema ilegal de servicios por deudas, conocido como “ikotama”, para forzar a los trabajadores a laborar los fines de semana y en días de descanso para pagar los altos intereses de sus deudas.

Las organizaciones de la sociedad civil del área de Lokutu han documentado numerosos otros abusos laborales, como la falta de contrato entre la compañía y la mayoría de los trabajadores, temas de seguridad con pesticidas y la violación de las normas sobre la jornada de trabajo obligatoria.

Negocios turbios

“La Corporación aplica un criterio de ‘tolerancia cero’ a los actos de soborno y corrupción”

—Ravi Sood, Presidente de Feronia Inc.

Una de las personas importantes que ha estado involucrada con Feronia desde los inicios es Barnabe Kikaya bin Karubi, el Embajador de la RDC ante el Reino Unido desde agosto de 2008 y anteriormente Secretario Privado del Presidente Joseph Kabila y Ministro de Información.

Kikaya trabajó en la Junta de Directores de Feronia desde su formación hasta algún momento del año 2014, cuando fue sacado silenciosamente de la Junta.

Por sus servicios como director, Kikaya recibió de parte de la compañía el pago estándar de 10 mil-20 mil dólares por año.

Pero estos no fueron los únicos pagos hechos a Kikaya. Ocultos dentro de los registros de la compañía que Feronia está obligada a revelar como compañía listada en la Bolsa de Valores de Toronto, está la evidencia de que Feronia le pagó a Kikaya un total de cerca de 3 millones de dólares en efectivo y acciones durante su permanencia como director de la compañía.

Algunos de estos pagos fueron hechos a Kikaya como cánones de arriendo anual de entre 120 mil-150 mil dólares por el alquiler de una “casa y apartamento en Kinshasa” ubicados al interior de la residencia de la familia de Kikaya.13 El mayor pago fue canalizado a través de la subsidiaria de Feronia en Islas Caimán como parte de la compra inicial de PHC.

Feronia compró PHC a Unilever a través de Feronia JCA LtdSood de las Islas Caimán. Esta subsidiaria de Feronia fue, por razones no especificadas, un 20 por ciento de propiedad de la compañía congolesa llamada Jean Colette Afrique Sprl, la cual es de total propiedad de Kikaya.

Tan pronto como el negocio con Unilever se realizó, Feronia Inc. adquirió la participación de Kikaya en Feronia JCA a cambio de la emisión de 8 millones 894 mil 344 acciones de Feronia Inc, valorizadas por la compañía sobre 2 millones 200 mil dólares. El trato incluyó la adquisición de la finca de Kikaya, la cual dice Feronia tiene un valor superior a los 600 mil dólares.14 Este activo agrícola, sin embargo, no aparece en los libros de Feronia después de su mención en sus cuentas financieras de septiembre de 2010.

Los grandes pagos no son únicamente para Kikaya. Aunque la compañía ha perdido millones de dólares en cada año de su existencia y ha fracasado en proveer a sus trabajadores y sus familias con un mínimo nivel de compensación, los administradores y directores de Feronia han llenado sus bolsillos. En el año 2011, por ejemplo, el Presidente de Feronia, Ravi Sood, recibió 150 mil dólares en efectivo y 101 mil dólares en acciones y una compañía de propiedad de su esposa recibió 131 mil dólares por “servicios de desarrollo corporativo”. En el año 2010, esta compañía recibió también el pago de 26 mil 754 dólares por la entrega de servicios y gastos.

En el año 2010, James Siggs, en aquel entonces Director Ejecutivo de Feronia, recibió el pago de 616 mil dólares en honorarios y opciones de acciones. Cuando fue reemplazado como director al año siguiente, recibió un paquete de compensación de 317 mil 379 dólares Incluso la contadora de Feronia, Georgina Cotton del Reino Unido, obtuvo unos abultados 306 mil en compensaciones totales el año 2010. Ese año, los cuatro principales administradores obtuvieron alrededor de 1 millón 500 mil dólares en honorarios, alrededor de mil veces el promedio anual pagado a 4 trabajadores de sus plantaciones.

Cita ancla: Los principales gerentes de Feronia's recibieron un pago mil veces el promedio anual pagado a los trabajadores de las plantaciones de la compañía.

Inversión responsable en el papel, acaparamiento de tierras en la práctica

Feronia y las instituciones financieras que poseen acciones en ella tienen políticas y normas que abordan los temas ambientales y sociales, condiciones de trabajo e integridad financiera.

Feronia tiene una política de “tolerancia cero” sobre la corrupción. Las garantías operacionales del Banco Africano de Desarrollo sobre el reasentamiento involuntario requiere que sus cliente demuestren que tienen un amplio apoyo de la comunidad para las actividades que los desplazan o los exilian de sus tierras. La institución financiera parta el desarrollo del Reino Unido, mejor conocida como Grupo CDC [antes Commonwealth Development Corporation y antes Colonial Development Corporation] , por su parte, tiene un detallado Código de Responsabilidad de Inversiones que exige que se “promuevan las acciones correctivas apropiadas” cuando cualquiera de sus compañías estén involucradas en cualquier incidente serio que resulte en “un impacto ambiental o social adverso, o el incumplimiento material de las leyes relacionadas con materias ambientales, sociales o integridad de los negocios”.


Más allá de sus propias políticas y estándares, Feronia y las instituciones financieras para el desarrollo involucradas también están comprometidas de manera colectiva a adherir a las Directrices Ambientales, de Salud y Seguridad del Grupo del Banco Mundial; la Mesa Redonda para los Principios y Criterios Sustentables de la Palma Aceitera para la Producción Sustentable de Aceite de Palma; los Estándares de Desempeño IFC sobre la Sustentabilidad Ambiental y Social del Banco Mundial; el Marco de Trabajo Uniforme para la Prevención y Combate del Fraude y la Corrupción; el Marco de Trabajo del IFC para el Desarrollo de la Gobernabilidad Corporativa; las Directrices de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE) para las Empresas Multinacionales y la Convención de Trabajo Forzado de la OIT.

Se supone que todas estas políticas y garantías deben ser respetadas y aplicadas de manera estricta y hacerlas cumplir por las instituciones financieras del desarrollo. La Agencia Española para la Cooperación Internacional en el Desarrollo (AECID), por ejemplo, adoptó el Código de Conducta de Financiación Responsable en el año 2013 que indica que la AECID “ “no financiará ninguna actuación que comporte un riesgo inaceptable de contribuir o ser cómplice de actuaciones u omisiones que vulneren estos principios, tales como violaciones de derechos humanos, corrupción, o daños medioambientales y sociales.”

El acuerdo de suscripción del Grupo CDC con Feronia de enero del 2015 exige, en detalle, que las operaciones de Feronia no sean sujetos de ningún reclamo ambiental, social o de tierras. Una de las condiciones del acuerdo es que no haya “disputas en relación a los límites, derechos, pactos u otras materias relacionadas a cualquier Propiedad o su uso”.

La mayoría de las instituciones financieras involucradas en el financiamiento de Feronia tienen mecanismos a través de los cuales las comunidades afectadas pueden enviar sus quejas, si las compañías que reciben fondos no respetan las políticas y principios. Todavía está por verse, no obstante, si estos mecanismos de queja realmente harán que las instituciones financieras den cuenta de sus inversiones en Feronia, si es que las comunidades lleguen a presentar sus peticiones.

Una de las dificultades en el caso de Feronia es que un tercio de sus acciones son de propiedad de la firma de fondos de capital privados Phatisa, la cual administra el dinero de inversión de las instituciones financieras para el desarrollo a través de su Fondo Agrícola Africano (AAF). Los bancos multilaterales y las instituciones financieras aún tienen que aclarar el grado en el cual sus políticas y mecanismos de garantía se aplican a las transacciones de terceros, algo que no han hecho a pesar del creciente uso de terceros como administradores de los fondos de las instituciones financieras y los crecientes pedidos de cuentas sobre estas transacciones.

El AAF tiene un Código de Conducta sobre la Adquisición de Tierras y el Uso de Tierras, una Política anti Sobornos y Corrupción y una Política sobre Impuestos y Transparencia que debiera haber sido aplicada en sus decisiones para invertir en Feronia. Phatisa, sin embargo, ha rechazado hacer públicas estas políticas, señalando que no puede “por compromisos de confidencialidad”.

Irónicamente, el principal patrocinador del AAF, el gobierno francés, a través de su Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y el brazo financiero del sector privado de AFD, Proparco, ha estado liderando un esfuerzo internacional para desarrollar estándares y mecanismos de transparencia para proyectos agrícolas a gran escala.

En octubre de 2014, la AFD publicó un “Análisis ex-ante para los proyectos de inversión agrícola y de tierras: Guía Operacional” (Guide d’analyse ex-ante de projets d’investissements agricoles à emprise foncière: Guide opérationnel). Jean-Marc Gravellini, Director de Operaciones de la AFD, señala que la AFD ya ha comenzado a usar esta guía y que está alentando a otras instituciones financieras a seguir su ejemplo.21

La guía de la AFD llama a los inversionistas a evaluar la “naturaleza” de una compañía antes de invertir en ella.

“¿Tiene experiencia anterior en el sector agrícola? Si es así, ¿cómo adquirió las tierras en las cuales opera? ¿El uso de estas tierras ha sido sujeto de conflictos u oposición por parte de las comunidades que haya llevado a la violencia? ¿Provoca la estructura de la compañía riesgos de evasión de impuestos, riesgos de reducir la responsabilidad legal y riesgos de socavar las restricciones legales sobre la transferencia de derechos de la tierra?”

Pareciera que ninguna de estas preguntas fue considerada de manera adecuada en las inversiones del AAF en Feronia.

Más aún, la AFD y Proparco publicaron en 2010 un “Análisis de los proyectos de inversión agrícola y en tierras” (Grille d’analyse de projets d’investissements agricoles à emprise foncière) para orientar la participación en los proyectos de agronegocios. La inversión en Feronia viola el número uno de los principios presentado en este documento, el cual exige que todas las inversiones de AFD y Proparco “respeten los derechos de los usuarios de la tierra, ya sea que sus derechos a la tierra sean formales o informales (ancestrales/tradicionales), individuales o colectivos”.22

Las personas que viven dentro de las plantaciones de Feronia tienen a las comunidades vecinas como una evidencia visible de cómo las plantaciones de la compañía han empobrecido sus vidas. Sus vecinos tienen bosques y tierras agrícolas que les proveen alimentos, medicinas y el sustento para vivir. Estos bosques son ricos en palmas aceiteras silvestres y las comunidades a lo largo del Río Congo pueden ser vistas procesando aceite de estas palmas y transportándola en pequeños botes (pirogue) a los mercados cercanos donde siempre tienen una alta demanda.

La gente del lugar dice que Feronia y Unilever les prometieron una y otra vez que las plantaciones mejorarían sus vidas, que podrían tener buenos trabajos, colegios, casas modernas, establecimientos de salud y caminos decentes. Pero las comunidades han visto pocos, si acaso alguno de estos beneficios en los cien años que sus tierras han sido ocupadas por las plantaciones. Están aburridos de las promesas de la compañía. Están cansados de trabajar como esclavos en las plantaciones y ver cómo el aceite de palma cosechado de sus tierras fluye hacia fuera de las comunidades para enriquecer a un puñado de jefes de la compañía.

Los pobladores dicen que Feronia y Unilever prometieron que las plantaciones mejorarían sus vidas, pero han visto muy pocos beneficios de un siglo de ocupación. (Photo: GRAIN)“¡Basta de sufrimiento!” señala el Gran Jefe de Yahuma. “Ya no queremos más lágrimas; queremos que esta compañía desaparezca y nosotros haremos lo que se necesite para resolver nuestros problemas”

A pedido de las instituciones financieras para el desarrollo que han invertido en ella, Feronia ahora ha contratado consultores para realizar un Evaluación Ambiental y Social de las operaciones de sus plantaciones. La evaluación terminará indudablemente en una nueva ronda de promesas de mejoras, algunas de las cuales pueden incluso ser implementadas. Pero la evaluación no tendrá como resultado lo que las comunidades quieren y que tiene el derecho de exigir: la devolución de sus tierras.

“Cuando exigimos que nuestros derechos sean respetados, la compañía nos manda delegaciones, pero nunca cambia nada,” señaló el prefecto local en una reunión de líderes comunitarios en la comunidad de Mozité, del Distrito de Yahuma en marzo del año 2015. “No queremos más distracciones. Si la compañía no puede cumplir nuestras demandas, entonces se deben ir y devolver nuestras tierras y bosques, las tierras de nuestros ancestros. Somos gente de los bosques y podemos vivir muy bien sin ellos. Aquí cada uno necesita recuperar su participación.

Feronia ahora es de propiedad de instituciones [agencias] financieras para el desarrollo que tienen el mandato público de apoyar el “desarrollo” y políticas que los obligan a respetar los derechos de las comunidades locales sobre sus tierras (ver Recuadro 2). Las instituciones financieras que tienen la propiedad de Feronia necesitan actuar correctamente: devolver al pueblo de la RDC sus tierras y compensarlas por los años de sufrimiento que han soportado y los perjuicios que ha cometido esta empresa colonial de 100 años.

En colaboración con la Fundación Mundubat, War on Want, Association Française d'Amitié et de Solidarité avec les Peuples d'Afrique, FoodFirst, SOS Faim y CIDSE.

GRAIN: Es una pequeña organización internacional que trabaja apoyando a campesinos y a movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente.

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