jueves, 11 de junio de 2015

Las FARC tensan el proceso de paz con ataques a infraestructuras

El crudo vertido era transportado en estos camiones en el Putumayo. / DIARIO LA NACIÓN, DEL HUILA

La guerrilla ha recibido un rechazo generalizado en Colombia por haber derramado cerca de 200.000 galones de crudo

ELIZABETH REYES L. Bogotá 11 JUN 2015 - 04:56 CEST


Desde que las FARC decidieron suspender la tregua unilateral hace ya 20 días, tras perder en un bombardeo a 27 de sus hombres, se sabía que intensificarían sus ataques contra la infraestructura minero-energética y retomarían los hostigamientos a puestos de la fuerza pública. Sin embargo, lo que ha ocurrido en los últimos días, cuando guerrilleros del frente 48 obligaron a derramar cerca de 200.000 galones de crudo a los conductores que los transportaban en 23 tractomulas en Putumayo, cerca a la frontera con Ecuador, ha recibido un rechazo generalizado.

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Estos ataques no son nuevos, pero la coyuntura del proceso de paz, que avanza lentamente en medio del conflicto armado, ha disparado la indignación de los colombianos, que lejos de mostrarse optimistas frente a una posible firma de la paz no terminan de entender el funcionamiento de la guerrilla, así la premisa del proceso de paz sea negociar en medio del conflicto.

En las imágenes, grabadas por los mismos conductores, se puede ver a los camiones estacionados uno tras otro sobre una vía destapada mientras los chorros de crudo de los 23 vehículos caen sobre la carretera y se van colando por los desagües. También se puede observar cómo el petróleo se vierte en una cañada cercana, que desemboca en el río Putumayo, que abastece del líquido a varios pueblos de ese departamento al suroeste del país.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, rechazó los ataques al medio ambiente y la infraestructura, calificándolos como una falta de sentido de la guerrilla, ya que afectan aún más la ya deteriorada imagen que tiene ese grupo subversivo entre la sociedad. “Con esa forma nunca se van a ganar el respeto de los colombianos. Todo lo contrario”, dijo el martes, poco antes de iniciar una gira diplomática por cuatro países europeos. También se preguntó qué utilidad militar puede tener derramar petróleo o dejar sin energía a poblaciones pobres, como ocurrió la semana pasada. “Esa no es la vía, no es el camino para lograr la reconciliación y hacer la paz”, añadió.

Derrame de petróleo en Colombia. /DIARIO LA NACIÓN, DEL HUILA

El Tiempo, el principal diario del país, cuestionó duramente el derrame del crudo en Putumayo y en su editorial de ayer expresó a la guerrilla que su coherencia era “cero”. “Negociadores de las FARC hablan de cuidar el ambiente, mientras sus hombres en Colombia lo destruyen”, dice el diario. Los guerrilleros sabían de las consecuencias, no solo porque el crudo contamina las fuentes de aguas cercanas al lugar del derrame, sino porque de esa agua dependen cerca de 200 familias humildes, entre ellas una comunidad indígena.

El primer reporte de las autoridades ambientales habla de daños irreversibles en nueve humedales, a lo que se suma el impacto a las finanzas del gremio petrolero, que según datos del ministerio de Minas ha sufrido 17 ataques a la infraestructura, tanto de las FARC, como del ELN, la segunda guerrilla, en lo que va de año. En total, según el monitoreo que hace la Fundación Ideas para la Paz, se han registrado 34 acciones violentas de las FARC desde que levantaron la tregua, que incluyen 18 hostigamientos contra instalaciones y miembros de la fuerza pública, cuatro ataques a infraestructura petrolera, cuatro a la energética y dos a la vial.

Contra la población civil


La Defensoría del Pueblo ha prendido las alarmas, ya que ha registrado al menos 20 acciones que afectan directamente a la población civil, lo que supone una abierta violación al Derecho Internacional Humanitario. El organismo destaca los daños provocados a varias viviendas cuando las FARC activaron un explosivo contra una estación de policía, el atentado contra el acueducto de una población y las graves heridas que sufrió un niño de 11 años al pisar una mina antipersona. Por eso, pidió la intervención de Cuba y Noruega, países garantes de los diálogos de paz, para que busquen que la guerrilla excluya de las confrontaciones a la población civil mientras siguen avanzando las negociaciones en Cuba.

La oposición también ha alzado la voz. El expresidente y hoy senador Álvaro Uribe, opositor de Santos y crítico del actual funcionamiento del proceso de paz, aseguró que la escalada guerrillera es una evidencia de que “muchas regiones se debaten entre el terrorismo que extorsiona o asesina o destruye”.

Ciudades a oscuras

Primero fue Buenaventura, el principal puerto del pacífico colombiano, que se quedó sin luz el pasado 31 de mayo cuando las FARC derribaron una torre de energía cercana a esta ciudad, que además vive una grave crisis humanitaria por culpa de los enfrentamientos entre bandas criminales. El atentado, que fue calificado por Santos como “puro terrorismo”, afectó a cerca de 400.000 personas, establecimientos comerciales, colegios y hospitales.

Y mientras Buenaventura recuperaba el servicio, Tumaco otra ciudad sobre el Pacífico, en la frontera con Ecuador, también se quedaba sin energía porque las FARC atacaron otra torre afectando a más de 250.000 habitantes. “Es otro acto locura, de insensatez, vuelan una torre de energía para dejar a uno de los municipios más pobres del país sin luz”, dijo en su momento el saliente ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón.

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