domingo, 21 de junio de 2015

Rajoy asumió el control del PP tras el motín de los barones por el 24-M

EFE
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría

El presidente, que dirigirá el miércoles el Comité de Dirección del PP en Génova, eligió a Moragas «para poner orden entre Cospedal y Santamaría»


MAYTE ALCARAZABCESPANA / MADRID - Día 22/06/2015 - 03.15h


El próximo miércoles Mariano Rajoy recorrerá los cinco kilómetros que separan el palacio de La Moncloa de la calle de Génova para presidir su primer Comité de Dirección. Le acompañará Jorge Moragas, el nuevo jefe de campaña del PP, encargado a partir de ahora, según asumen ya altos cargos populares, no solo de dirigir la estrategia de apertura a la sociedad sino de «poner orden entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría». El partido estrenará así su nuevo organigrama diseñado con dos objetivos: liquidar el poder de los barones, en pleno motín tras ser diezmados el 24 de mayo en las urnas, y mejorar las relaciones entre Génova y Moncloa.

Ayer, día de resaca tras la remodelación del partido, varios miembros de la dirección dudaban de que el rosario de relevos también fuera a afectar al Consejo de Ministros. Ni siquiera la petición del titular de Educación, José Ignacio Wert, de dejar su puesto para incorporarse a la embajada española en la OCDE, acompañando a su pareja, la exsecretaria de Estado Montserrat Gomendio, con la que se casará el día 11 de julio, ha resuelto a Rajoy a acometer ya los nombramientos, que colocaban al ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, como portavoz del Gobierno restando poder a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Pero tampoco nadie cerraba la puerta a un ajuste en las próximas horas que solo se concretó ayer en la salida a petición propia del subsecretario de Presidencia, Pérez Renovales. Lo cierto es que Moncloa, confirman varios altos cargos, ha manejado una remodelación «en profundidad» en el Ejecutivo, pero tanto el escaso tiempo hasta las elecciones de final de año como la «contundente respuesta de la vicepresidenta» la han desaconsejado.

Imagen de desintegración

En lo que sí coincidían todos los interlocutores de ABC es en situar la génesis de la renovación en la cascada de deserciones de los barones –con la consiguiente imagen de desintegración generada en la semana posterior a los comicios– . En Moncloa «sentó mucho peor la desafección de los candidatos autonómicos tras el descalabro, que la falta de coordinación interna, que ya era conocida por Rajoy de boca de algunos ministros de confianza». Sobre todo, porque «los gestos de desaprobación los hicieron personas de la máxima confianzadel presidente, que siempre ha respetado a los cargos territoriales, muchos de los cuales fueron cruciales para su propia supervivencia política en el congreso de Valencia de 2008, tras su segunda derrota electoral».

Todo comienza horas después del desastre electoral del 24 de mayo. «Vivir con mayoría absoluta es fácil. Ahora de pronto, te falta un escaño y te vuelves loco», le espetan a Rajoy. En Génova hay especial irritación contra «Juanvi» (Juan Vicente Herrera, presidente en funciones de Castilla y León). Mariano Rajoy ha mandado llamar a uno de sus más estrechos colaboradores. Quiere saber su opinión sobre la sucesión de abandonos de los dirigentes territoriales descabalgados por las urnas y los pactos: Herrera abre el fuego; le siguen Bauzá (Baleares), Fabra (Comunidad Valenciana), Rudi (Aragón)... La frase sobre la falta de lealtad de los barones se pronuncia en el despacho del presidente. La irritación de Rajoy es mayúscula. A partir de ese día escucha a casi todos los que mandan. Pero sobre todo habla con Jorge Moragas, su jefe de Gabinete. Sobre la mesa, el daño añadido que un «sálvese quien pueda» hace a un partido en caída libre por la corrupción y la falta de empatía social.

La secretaria general, María Dolores de Cospedal, que también va a perder la Comunidad de Castilla-La Mancha por un escaño, se siente atacada por sus homólogos. Una fuente de Génova lo cuenta así: «Ni Rajoy ni Cospedal entendieron entonces el miedo escénico de muchos compañeros que, además, nunca se habían interesado por el partido y de golpe se mostraban enfadados». Y lo que es peor, muchos pedían además un Congreso Extraordinario para salir lo antes posible. Por eso, una de las obsesiones del jefe del Ejecutivo fue advertir, en su discurso ante el comité ejecutivo del pasado jueves, que los cónclaves regionales no se celebrarán y pedir «generosidad» a todos, en clara alusión al desaire de algunos líderes autonómicos.

Sobre todo es el presidente del Ejecutivo el que se siente «traicionado» por alguno de ellos: «La talla hay que demostrarla ahora», comenta. Tal es el enfrentamiento que no falta un barón, hoy sin Gobierno, que le recuerde al líder del PP la «falta de solidaridad» de sus compañeros con el siguiente razonamiento: «Todos hemos tenido que hacer ajustes. Puede ser que Montoro haya subido impuestos pero luego todos queríamos el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica) con el que hemos pagado a los proveedores».

«Encajar las piezas»

Ese día, Rajoy decide tomar el control del partido. Solo falta «encajar las piezas». Dos de los dirigentes que influyen en el nuevo esquema son Moragas y Cospedal. El nuevo hombre fuerte del presidente en Génova plantea sus líneas rojas: hay que rejuvenecer la cúpula y apuesta por nombres como el de Andrea Levy, dirigente catalana, curtida en la defensa del partido y del Gobierno en el contexto hostil del desafío independentista. Simultáneamente, Rajoy escucha a la secretaria general, que también tiene sus propias propuestas: Pablo Casado, Martínez Maíllo y Javier Maroto. De hecho, afirman en el partido, «pedía a gritos» nuevas caras que acudiesen a las televisionesa defender al Gobierno. Algunos dirigentes creen que la secretaria general «ha quedado descafeinada» pero Casado sale en su defensa: «Yo seguiré despachando con ella».

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