lunes, 8 de junio de 2015

Rajoy busca un sustituto a Sáenz de Santamaría como portavoz

El presidente persigue un cambio en la comunicación de su política

La mitad de los votantes del PP no quiere a Rajoy como candidato

JAVIER CASQUEIRO Madrid 8 JUN 2015 - 08:17 CEST


Mariano Rajoy está buscando nuevos portavoces para el Gobierno y el PP con la idea de comunicar de una manera más cercana sus políticas. Es, con la remodelación de su Gabinete, la gran baza que se guarda para activar al Ejecutivo y al partido, ponerles en modo campaña e intentar no perder las elecciones generales de noviembre. El grado de información y conocimiento real de los planes del presidente es mínimo entre sus colaboradores y muta por días, pero en lo que todos los dirigentes consultados coinciden es en que Rajoy reclama para esta recta final otro modelo de comunicación.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dado muy pocas pistas aún, dentro de su equipo y a la opinión pública, sobre sus planes. Solo ha dicho que los cambios se producirán antes del verano y, eso sí, que no supondrán una modificación de sus políticas económicas. “No conviene cambiar lo que funciona”, reafirmó el viernes en La Moncloa, para subrayar que retocar la política económica sería un “error descomunal, monumental y muy grave”. Rajoy y su entorno aún confían en que una tasa de crecimiento superior al 3% y la creación de 800.000 empleos hasta finales de año devuelvan la ilusión por votar a sus desencantados.

Los dirigentes del PP y del Gobierno que han hablado con Rajoy en los últimos días sobre sus intenciones, siempre de manera taimada e indirecta, han sacado una conclusión: “El presidente está buscando nuevos portavoces para comunicar de otra manera más cercana sus políticas y para hacerlo de una manera más coordinada que hasta ahora entre el Ejecutivo y el partido”. Son interpretaciones a sus explicaciones que coinciden con una demanda general en el partido: “No hemos contado bien lo que hemos hecho, por qué lo hemos hecho y qué hubiera pasado si no lo hubiéramos hecho”. En eso se insistirá hasta las elecciones.

Rajoy, además, habría llegado a la conclusión de que el PP y el Gobierno necesitan mover el banquillo y ofrecer caras y perfiles nuevos y más jóvenes a la opinión pública. Muchos de sus dirigentes y ministros actuales están quemados o no resultan creíbles.

Uno de los problemas detectados tiene que ver con la escasa repercusión y presencia mediática de la actual portavoz y vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Varios ministros y dirigentes del PP llevan meses cuestionando su labor y consideran que está hiperprotegida y recluida en La Moncloa. Fue por esa razón por la que Rajoy nombró este año al secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, de 45 años, como su portavoz adjunto. Otras carencias atribuidas a Santamaría son la falta de una relación fluida con el PP y la ausencia de una buena coordinación entre ministerios. Fuentes de la dirección del PP, que barajan la opción de que Rajoy le reste a Santamaría responsabilidad como portavoz, no dudan de que continuará como vicepresidenta y que el cambio no será una desautorización.

Una figura que se incluye en todas las quinielas es la del actual ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, con buena relación con Santamaría, conocedor del partido y de imagen dialogante. Se le cita como nuevo portavoz del Gobierno o del partido y para su hueco se menciona a su número dos actual en el ministerio, el exdiputado del PP Rubén Moreno. También se habla de la recuperación para la política nacional de la líder del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, agotada en Cataluña, o del gallego Alberto Núñez Feijóo.

Sobre la situación en el PP, las especulaciones fluctúan por días. Primero se dio por hecho el recambio de Dolores de Cospedal, la secretaria general, y su ubicación en el Ministerio de Educación, que dejará vacante José Ignacio Wert, para ser embajador de la OCDE en París. También se vaticinan novedades entre los actuales tres vicesecretarios generales y se da por seguro un papel oficial y continuado para Pablo Casado, de 33 años, como portavoz.

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