martes, 7 de julio de 2015

El Papa defiende la justicia social ante una gran multitud en Ecuador

El papa Francisco saluda a la multitud desde el papamóvil a su llegada al parque Samanes de Guayaquil, en el segundo día de su visita a Ecuador. GREGORIO BORGIA (AP)

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Jorge Mario Bergoglio dedica su primera homilía a la familia


FOTOGALERÍA Misa multitudinaria del Papa en Guayaquil


PABLO ORDAZ Guayaquil 7 JUL 2015 - 11:49 CEST


La justicia social no es “una forma de limosna”, sino “una verdadera deuda” del Estado con las familias. No es casualidad que el papa Francisco, que no suele dar puntada sin hilo, dedicase su primera homilía en Latinoamérica a la familia. Para Jorge Mario Bergoglio, que fue aclamado por más de 600.000 personas en el parque de los Samanes de Guayaquil, la regeneración del tejido social y la lucha contra la desigualdad —sobre todo en los países más desfavorecidos— tiene que pasar por la “gran riqueza social de la familia”.

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Los 30 grados de temperatura, multiplicados por una humedad del 80%, no impidieron que una multitud asistiera a la primera misa del Papa en Ecuador, a donde llegó la tarde del domingo y fue recibido por el presidente, Rafael Correa. “La familia es el hospital más cercano”, dijo Bergoglio, “la primera escuela de los niños, el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, el mejor asilo para los ancianos”.

De ahí que Francisco advirtiera, en un párrafo muy significativo en Ecuador, que “la familia constituye la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir”. A nadie se le escapa que la visita del Papa, convertido en referencia mundial más allá de lo religioso, reúne también un gran contenido político. Tanto el presidente de la República de Ecuador como una masa social cada vez más inquieta por sus reformas esperan que Bergoglio arrime el ascua a sus intereses.

De hecho, durante el recibimiento en el aeropuerto de Quito, Rafael Correa se esforzó en demostrar que sus ideales y proyectos son compartidos por Francisco. Hasta el punto que Francisco, con cierta guasa, le dijo: “Agradezco sus consonancias, pero tal vez me ha citado demasiado”.

Los descontentos tienen la esperanza de hacer llegar a Francisco el mensaje de que todo no es tan bonito como lo pinta Correa. “Yo al menos espero”, decía unos instantes antes de la misa Francisco Hilario Marcillo, contratista de profesión, “que el Papa le diga a Correa que no acose tanto a quien se opone. Sé de gente que está en la cárcel por haber participado en manifestaciones pacíficas. Es verdad que ha hecho bastante en justicia social, pero la desigualdad sigue siendo muy grande. Lo peor de todo es que, como sucede en Venezuela, su política consiste en enfrentar a unos contra otros”.

Tanto Correa como una masa social cada vez más inquieta por las reformas esperan que Bergoglio arrime el ascua a sus intereses

El entorno vaticano de Francisco, que conoce sus simpatías por las políticas de Correa, también espera que el Papa, de una manera u otra, deje claro que la justicia social, la ayuda a los más desfavorecidos, no puede ser esgrimida como un arma. O, utilizando las palabras de Bergoglio en el parque de los Samanes, como “una forma de limosna” para luego rentabilizar en votos.

Correa “juega con fuego”

Isabel Torán, una ecuatoriana recién retornada después de años de trabajo en España y Estados Unidos, advierte de que el presidente Correa —al que reconoce su capacidad para terminar con la inestabilidad crónica del país y un progreso sostenido en los últimos 10 años— está rompiendo la concordia del país con tal de mantenerse en el poder. “Yo que he viajado por el mundo”, explica, “sé muy bien que está jugando con fuego al provocar el enfrentamiento social. A gente como yo, que logramos construirnos una casa después de años trabajando tan lejos de la familia, nos quiere cobrar unos impuestos altísimos por las plusvalías. El peligro es que todos sus desmanes queden ocultos por su supuesta amistad con el Papa. Yo creo que a Bergoglio lo tienen engañado. Correa está enloqueciendo”.

Después de la misa en el parque de los Samanes de Guayaquil, la jornada del Papa también incluía un almuerzo en el colegio Javier de la Compañía de Jesús y su posterior regreso a Quito para encontrarse de nuevo con el presidente de la República y visitar la catedral. Tras permanecer durante la jornada del miércoles en Quito, Jorge Mario Bergoglio partirá para Bolivia y después a Paraguay.

El milagro de las nuevas familias

Durante su primera misa en Ecuador, el papa Francisco también se refirió al próximo Sínodo sobre la familia, que se celebrará el próximo mes de octubre en el Vaticano y que es fuente de discrepancias en el seno de la Iglesia.

La voluntad expresada por Jorge Mario Bergoglio de abrirse a las nuevas formas de familia –divorciados vueltos a casar, parejas de hecho, gais—se encuentra con un rechazo firme, aunque aún soterrado, por los sectores más conservadores.

El Papa incluyó en su homilía una frase enigmática: “Les invito a intensificar su oración para que aun aquello que nos parezca impuro, nos escandalice o espanta, Dios lo pueda transformar en milagro”. ¿El milagro de nuevas familias impensables para la Iglesia tradicional?

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