domingo, 12 de julio de 2015

El polémico diagnóstico del Doctor Rogoff

Pensionistas ante una oficina del Banco Nacional griego, en Atenas, el 9 de julio. / LOUISA GOULIAMAKI (AFP)

El economista norteamericano discute las tesis de Krugman y Stiglitz y pone el acento en las reformas estructurales que necesita Grecia

CLAUDI PÉREZ 12 JUL 2015 - 00:09 CEST

Con poco más de media docena de autores se podría hacer una formidable antología de esta crisis. El liberal belga Paul De Grauwe contó, en un artículo premonitorio hace más de 10 años, los graves defectos del euro y por dónde podía comenzar el jaleo. El estadounidense Daron Acemoglu reveló en su día por qué demonios fracasan países como Grecia. Barry Eichengreen, de Berkeley, ha contado como nadie cómo son las crisis financieras, y cómo encaja la variante europea en esa sucesión de tormentas que convirtieron casi en doctrinas esotéricas las hipótesis del mercado eficiente y de las expectativas racionales (y que el lector perdone al corresponsal que firma esta crónica, pero esa frase está tomada de un tal George Soros). Un novelista británico, John Lanchester, y un periodista delNew Yorker, John Cassidy, han permitido entender –y renovar– el lenguaje económico cuando más falta hacía. El anglosajón Martin Wolf ha demostrado cómo la madre de todas las crisis es capaz de convertir a un thatcherista de pro en una especie de neokeynesiano (“el capitalismo que surgió de la contrarrevolución promercado ha ido demasiado lejos”). Y el analista Wolfgang Münchau acaba de definir el liderazgo alemán y las políticas de la canciller Angela Merkel como “un alzamiento de bienes”; “no pedir su dimisión es signo de que la política alemana está enferma”, escribía hace poco enDer Spiegel. Pero quizá el mejor libro de la Gran Recesión siga siendo el monumental Esta vez es distinto, donde Ken Rogoff resume (es un decir: son 472 páginas del ala) “ocho siglos de necedad financiera” y vaticina que todas las grandes crisis de deuda, como la de Grecia, suelen terminar mal.

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Economista brillante –y precoz gran maestro de ajedrez–, Rogoff es un conservador moderado con una gran capacidad para derribar tópicos. “La austeridad que ha sufrido el pueblo griego es una exageración: 10 puntos de PIB en menos de cinco años”, describe para abrir boca en una conversación con este corresponsal, “pero no se engañe: sin los créditos subvencionados de Europa, que han sido una especie de regalo, el dolor hubiera sido incluso mayor”. “Queda mucho sufrimiento por delante”, vaticina este profesor de Harvard, que se sorprende de cómo ha calado el debate griego en toda Europa, casi como un asunto puramente nacional. Rogoff carga contra los Stiglitz, los Krugman y otros economistas que básicamente daban la razón a la Syriza de Alexis Tsipras: “Los sospechosos habituales que han atacado a la troika por forzar a Grecia a hacer duros recortes y a aprobar enormes subidas de impuestos en el último lustro no parecen caer en la cuenta de que el Gobierno griego hubiera tenido que recortar mucho más sin la ayuda de la troika”. “Los intelectuales hacen un flaco favor a Grecia cuando dicen que el país crecería a toda velocidad y saldría de la crisis como un rayo con solo declarar el impago de su deuda y salir del euro”. Sin reformas estructurales, “el país no puede mejorar de forma sostenible, más allá del rebote cíclico que tarde o temprano va a experimentar”.

El Gobierno griego hubiera tenido que recortar mucho más sin la ayuda de la troika”

Rogoff, que no se ha librado de la polémica en los últimos años por un influyente trabajo que inspiró a los partidarios de la austeridad europea y contenía datos equivocados, carga también contra los parches que ha ido aprobando Europa en Grecia. Los anglosajones describen ese parcheo con una expresión intraducible: kick the can down the road.Rogoff insiste en que más allá de esa patada hacia adelante, tarde o temprano habrá que activar un ambicioso programa de reformas en Grecia. Ese programa, dice, nunca funcionará sin un Gobierno que de verdad se lo crea y que aspire a que el país deje de ser ese Estado clientelar y cleptocrático que ya era mucho antes de la llegada de la izquierda radical al poder: 40 años de Gobiernos socialdemócratas y de centroderecha han hecho exactamente lo mismo que Syriza en seis meses; prácticamente nada. Rogoff critica a los griegos por el victimismo que supone culpar a la troika de todos los males. Pero critica también a la troika por insistir con un tercer paquete demasiado parecido a los dos anteriores, que no dieron resultado.

Los europeos deberían dar a Grecia un generoso paquete de ayuda, incluida una reestructuración de la deuda

“Dicho esto”, se anima, “creo que los europeos deberían dar a Grecia un generoso paquete de ayuda, incluida una reestructuración de la deuda que reconozca de una vez que Atenas necesita una quita”. En eso se alinea con Syriza y con el FMI, institución de la que fue economista jefe. Lejos del optimismo profesional que a buen seguro se escuchará en Bruselas si este capítulo de la crisis griega se soluciona, Rogoff no es precisamente optimista: “Los controles de capital van a estar ahí durante mucho tiempo. “Si la crisis griega implica que otros países de la periferia europea puedan beneficiarse también de reestructuraciones de deuda, quizá la crisis del euro se resuelva más rápidamente. Porque esas reestructuraciones son probablemente inevitables, más allá de Grecia”, vaticina. Rogoff contra Krugman y Stiglitz. Rogoff contra Syriza. Pero Rogoff, también, o tal vez especialmente, contra Berlín.

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