lunes, 10 de agosto de 2015

El kirchnerista Scioli gana las primarias pero con resultado abierto

ELECCIONES PRIMARIAS EN ARGENTINA »

El candidato oficialista dice que su victoria ha sido "contudente", mientras que su principal rival, Macri, afirma que se ha consolidado una alternativa de poder

CARLOS E. CUÉ / ALEJANDRO REBOSSIO Buenos Aires 10 AGO 2015 - 11:10 CEST


Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria, el partido de Cristina Fernández de Kirchner, ha ganado las elecciones primarias en Argentina, de voto obligatorio. Scioli se ha impuesto con un 37,7% de los votos. Sin embargo, la clave estaba en las diferencias con el segundo, Mauricio Macri, cuya alianza centroderechista Cambiemos obtuvo el 30,8%, y con el tercero, el peronismo opositor, en el que compiten Sergio Massa y José Manuel de la Sota y sumó el 20,7%. El escrutinio se complicó incluso más de lo esperado y se quedó para el final la provincia clave, Buenos Aires, donde vota más de un tercio de los argentinos y donde gobierna Scioli. El resultado no parecía nada claro y las cosas quedaban bastante abiertas para las elecciones de octubre aunque Scioli parte como claro favorito.

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Todos parecían haber ganado después de una noche de informaciones cruzadas. El candidato kirchnerista calificó de "contundente" su victoria, que dedicó a Néstor y Cristina Kirchner. En los últimos años Scioli se ha distanciado muy claramente de los Kirchner y en especial de la presidenta, que le despreciaba por considerarlo muy a su derecha, pero a la hora de la verdad ambos pactaron para unir sus votos y ganarle a Macri y ahora Scioli habla como si fuera un kirchnerista de toda la vida. Los suyos insisten en que eso solo lo hace para recolectar el máximo voto posible y que en cuanto tenga el poder hará las cosas a su manera, como suele decir él.

Mientras los kirchneristas festejaban en el Luna Park, un lugar mítico de la noche porteña en el que se celebraron grandes conciertos, veladas históricas de boxeo e incluso se veló el cadáver de Carlos Gardel, Macri también parecía feliz con la proyección de su resultado. "Se consolida una alternativa en nuestra querida Argentina", aseguró. El alcalde de Buenos Aires intentó pescar votos en todas partes e incluso dijo que él había "aprendido del peronismo el valor de la justicia social y la igualdad de oportunidades".

Todo parecía indicar que Scioli no alcanzaría el 40% que deseaba para arrasar y marcar las presidenciales

El principal objetivo de Macri era que Scioli no superase el 40% y Cambiemos estuviese por encima del 30%. Ahí se entra en la zona que garantiza que habrá segunda vuelta en octubre, una cuestión clave porque podría unirse todo el voto antikirchnerista en torno a Macri y darle la vuelta a las elecciones. La Constitución argentina señala que si un candidato supera el 45% o saca el 40% y logra más de 10 puntos sobre el segundo, queda elegido en primera vuelta. Ese el gran temor de la oposición, que Scioli logre ese objetivo en octubre.

Los argentinos llevan muchos años, al menos desde 2003, en los que las elecciones están sentenciadas antes de empezar. El kirchnerismo arrasó en 2007 y en 2011 prácticamente sin rival. Pero esta vez todo está mucho más igualado. Por eso, los 32 millones de argentinos llamados a las urnas en unas primarias, que no son decisivas pero sí marcarán las elecciones de octubre, votaban en un ambiente de gran tensión entre los partidos, que movilizaron a decenas de miles de personas para controlar las elecciones. El opositor PRO de Macri denunció desde primera hora que en varios colegios les robaban sus papeletas para impedir que les votaran. Las encuestas indicaban que el peronismo de Scioli se impondría, pero pequeñas diferencias de unos puntos arriba o abajo podrían dejar todo abierto para las elecciones de octubre.

El PRO de Macri, el que más problemas tiene en el conurbano de Buenos Aires, corazón del peronismo, asegura que tiene hasta 100.000 por todo el territorio

Los 32.037.323 argentinos con derecho a voto estaban obligados por ley a acudir a las urnas, lo que sumado a un sistema de votación arcaico, con papeletas enormes y complejas —de hasta 1,20 metros— provocaba enormes colas en todos los colegios. Votar, sobre todo en los alrededores de Buenos Aires, inundados después de días de lluvia torrencial, era toda una aventura. El PRO denunció desde primera hora que le estaban robando boletas en muchas escuelas. “Empezó el robo de boletas, algunos entran flacos y salen gordos del cuarto oscuro” aseguró Macri, después de votar en una escuela del barrio de Palermo, aunque después matizó que son "casos aislados".

Se refería a una práctica frecuente en zonas del conurbano de Buenos Aires. Las papeletas están dentro del cuarto oscuro, y alguno de los que entra se lleva escondidas las papeletas de los otros partidos, de manera que cuando otros ciudadanos ingresan no encuentran la que les gustaría votar. Otros dirigentes del PRO como Fernando Niembro o Patricia Bullrich también denunciaron robos de boletas. Para evitarlos, todas las formaciones han desplegado a decenas de miles de fiscales –interventores-. El PRO de Macri, el que más problemas tiene en el conurbano de Buenos Aires, corazón del peronismo, asegura que tiene hasta 100.000 por todo el territorio.

El kirchnerismo arrasó en 2007 y en 2011 prácticamente sin rival

Y sin embargo, son muy poca cosa al lado del aparato del peronismo. En la escuela de la calle Descartes, en Grand Bourg, corazón del conurbano, la única fiscal del PRO iba y venía controlando también otros colegios. José Luis González, del Frente para la Victoria, el partido de Scioli y de los Kirchner, asegura que allí no hay ningún problema pero ironiza: “El que no puede fiscalizar una elección no puede gobernar un país”. Esto es, si Macri no logra controlar las elecciones en cada colegio, no puede pretender hacerse con el poder.

Es una idea parecida a la que lanzó Massa, el peronista disidente que precisamente controla estas zonas del conurbano. “Terminemos con el cuento de que en la Argentina se hace fraude. Todos los partidos tienen la responsabilidad de cuidar sus votos. Hay que cuidar el voto de nuestras fuerzas y el derecho de la gente”, sentenció. Esto es, todos niegan el fraude pero insisten en que el PRO no debe quejarse sino poner más fiscales. Mientras, la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, votó en Río Gallegos, en la provincia patagónica de Santa Cruz, y denunció que se había llegado a las elecciones tras una "campaña sucia" por las denuncias por presunto tráfico de efedrina contra su jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, candidato a gobernador de Buenos Aires.

En otra escuela de Malvinas Argentinas, un municipio controlado por la gente de Massa, los fiscales del PRO señalaban que ahí no había robo de boletas. “Acá no hubo problemas”, aseguraba Juan. “En José C Paz [otro municipio] sí hubo. Solo había boletas de Scioli y hubo que esperar media hora a que trajeran las demás”, explicaba Marcelo, otro fiscal de esta formación. El PRO tiene dificultades para encontrar fiscales y en este caso no son militantes del partido, sino de un sindicato, el de camioneros, que tiene un candidato local que ha pactado con el PRO. Por eso ellos son fiscales del partido de Macri pero para presidente votan a Scioli, porque son peronistas.

Los fiscales entran cada 10 o 15 votantes en las cabinas para comprobar que siguen ahí las papeletas. A veces las roban, otras solo las esconden un poco. A los fiscales del PRO les han recomendado que lleven bolígrafos de distintos colores para firmar los sobres con los que se votan: es una forma de dificultar aún más el fraude, en el que el sobre es la clave. Por eso muchos reclaman implantar en todo el país el sistema del voto electrónico que funcionó muy bien en las elecciones locales de Buenos Aires, en julio. Pero de momento el peronismo lo ha rechazado y sigue con este sistema que permite microfraudes y provoca una enorme movilización y coste para evitarlos.

Para impedir el riesgo de quedarse sin papeletas por los robos, se han impreso hasta cuatro veces más de las necesarias. Carlos Figueroa, fiscal de los fieles a Massa, ejerce como jefe local a las puertas de la escuela y asegura que hay hasta 150 fiscales que van y vienen en una escuela donde votan 4.000 personas. Las calles embarradas de alrededor complican el acceso, pero la escuela está llena y todo el mundo espera largas colas para votar. Además de las primarias presidenciales, en las que se podía elegir entre 15 fórmulas distintas, había primarias para las listas de 24 senadores y 130 diputados. Argentina decide su futuro y pese a las múltiples denuncias de pequeños problemas, todos los candidatos admiten que en este país no hay un problema de fraude generalizado y desde el regreso de la democracia en 1983 el ganador nunca ha sido discutido por este motivo.

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