jueves, 20 de agosto de 2015

Las mujeres indígenas alzan la voz en las protestas en Ecuador

Mujeres indígenas en la marcha de este miércoles. / EDU LEÓN

Una nueva manifestación contra el Gobierno recordó las agresiones que los pueblos originarios han sufrido desde el dos de agosto

SORAYA CONSTANTE Quito 20 AGO 2015 - 06:43 CEST


Las mujeres indígenas han sido las protagonistas en la marcha de este miércoles que forma parte del levantamiento de los pueblos originarios en Ecuador. Llevaron hasta la representación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una carta con el inventario de las agresiones que han sufrido desde el 2 de agosto, cuando comenzó el movimiento. En ella piden que se condene la violencia contra los pueblos originarios y se exija al Gobierno de Rafael Correa la liberación de los más de 100 indígenas y activistas detenidos (cifra que la Fiscalía rebaja a 56).

Uno de los casos que quieren difundir es el de Margot Escobar, una ambientalista de 61 años que ya fue señalada en las protestas de 2013 contra la XI Ronda Petrolera. La semana pasada fue golpeada y detenida en Puyo (provincia de Pastaza, amazonía sur) y podría ser trasladada a otra provincia del país en las próximas horas.

El 45% de los 200 integrantes fijos del campamento son mujeres. Esta tarde han encabezado las cinco marchas que han recorrido la capital desde el pasado 13 de agosto, cuando arribaron a la capital. Su labor es sostener la whipala (bandera de siete colores que representa a las comunidades andinas) y abrir camino a los dirigentes hombres que vienen detrás. Incluso el equipo de seguridad de la protesta va detrás de ellas.

Mujeres como Diocelinda Iza Quinatoa, que aprendió a leer y escribir con 14 años y luego se dedicó a alfabetizar en su comunidad, tienen cosas que decir: “Nosotras somos las guardianas de la soberanía alimentaria y la firma de un tratado de libre comercio con Europa nos perjudicaría, llegarían los transgénicos y nuestra producción va a depender del mercado”. Esta mujer kichwa está con sus hijos en la acampada y tiene una razón para ello. “Una de las herencias es saber resistir y luchar, los indígenas no tenemos nada garantizado en el Estado”.

Rosa Lanchimba, una madre soltera del pueblo kayambi, que acompaña con su guitarra en todas las marchas, dice que para ella lo más importante es la educación de su hijo. “Tiene ocho años y debe ir caminando una hora y media o viajar media hora en bus para llegar a la escuela, por eso para mi lo más importante es que vuelvan las escuelas comunitarias”, dice.

Ellas hablan de los problemas concretos en el campo, como Carmen Lozano, que viene desde el pueblo Saraguro. “Somos ganaderos, somos agricultores, nuestros productos no podemos sacar a los mercados porque piden requisitos y normas. Eso no puede ser porque no somos empresarios”. Asegura que el presidente Correa no las ha apoyado. “No ha eliminado la pobreza, estamos en más crisis. Antes vendíamos los productos, ahora se saca quesillo, leche y los policías nos lo arrebatan y nos quedamos sin nada”.

Las mujeres amazónicas se pronuncias en contra del extractivismo. La waorani Alicia Kawiya vino a Quito para alzar su voz: "Nosotros venimos en la lucha por nuestro territorio, los ríos están contaminados, queremos agua para nuestros hijos, estamos luchando por la vida de nuestras generaciones".

También hay mujeres dirigentes que participan en las asambleas con voz y voto. “Pedimos que termine la intromisión de militares y policías en las casas de nuestros compañeros indígenas y que respeten a las mujeres, niños, y personas con discapacidad que también son víctimas del Estado”, dice Katy Betancourt, que con 31 años es representante de las mujeres en la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie). Ella es la voz que organiza las salidas con un altavoz y mantiene en alto el ánimo y la dignidad de sus compañeros. “Vamos compañeros, con fuerza y en paz”, dijo esta tarde antes de caminar hacia el centro de Quito. Y su deseo se cumplió. La marcha de los indígenas, apoyada por obreros y otros colectivos, no se detuvo ante las barricadas de la Policía y en un par de horas estuvo de vuelta en el lugar de la acampada.

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