domingo, 2 de agosto de 2015

Los funcionarios bolivianos se examinan de las lenguas nativas

Una mujer aimara espera en una calle en La Paz. / DAVID MERCADO (REUTERS)

El Gobierno exige que los cerca de 300.000 empleados públicos del país hayan aprendido alguno de los 34 idiomas oficiales

FERNANDO MOLINA La Paz 2 AGO 2015 - 04:22 CEST


Hoy se cumple el plazo definido por las leyes bolivianas para que los aproximadamente 300.000 funcionarios públicos del país hayan aprendido alguno de los 34 idiomas nativos declarados oficiales por la Constitución, a fin de que puedan prestar mejores servicios a los indígenas que los hablan. El Gobierno lo recordará con un acto en el que el presidente, el vicepresidente, los ministros y viceministros, y 2.500 miembros del ejecutivo, cantarán en aimara. Estas autoridades acaban de pasar un curso que les permitirá quedarse en su puesto, pues, al menos en teoría, los funcionarios que no puedan demostrar su bilingüismo perderán su trabajo.

Este hecho fue presentado por el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, como un progreso de los derechos indígenas. La "descolonización", es decir, la superación del predominio cultural de la lengua, la religión y los hábitos occidentales, es uno de los objetivos políticos del gobierno de Evo Morales, el primer presidente indígena de la historia del país.

Sin embargo, no faltan las críticas de la oposición indianista y no indianista, que considera este proceso como fraudulento, ya que, por ejemplo, los funcionarios que cantarán con el presidente solo pasaron 25 horas de "aimara inicial", que no es un tiempo suficiente como para que conozcan el idioma. "No pretendemos que dominen las lenguas nativas, pero si que se hayan iniciado en ellas", reconoció Cárdenas. Las críticas advierten sobre el peligro de que este requisito sea subsanado de forma burocrática, presentando certificados poco confiables, dada la poca viabilidad de que el Estado examine a sus empleados, los que tuvieron tres años para adquirir alguno de los idiomas originarios. Los principales son el aimara que se habla en La Paz, el quechua, en el centro y el sur de país, y el guaraní de los llanos orientales.

Los funcionarios que no puedan demostrar su bilingüismo perderán su trabajo

Algunos opositores dudan incluso de que Evo Morales se maneje correctamente en el aimara que hablaba su madre, o en el quechua que reina en el Chapare, el lugar donde el presidente se crió. Aunque Morales ha dado discursos ocasionalmente en estos idiomas, siempre lo ha hecho leyendo breves mensajes. En sus actos cotidianos, el presidente escucha y entiende las intervenciones en lenguas nativas, pero él habla en español, que es el primer o el segundo idioma del 89% de los bolivianos. Los estudios indican, además, un debilitamiento del bilingüismo en beneficio monolingüismo español, que muchos indígenas adoptan como su única lengua para mejorar su estatus social y sus oportunidades económicas.

Por ejemplo, Soledad Chapetón, la alcaldesa de la principal ciudad aimara del mundo, El Alto, que colinda con La Paz, no habla más que español, porque, según dijo, sus padres querían "un mejor futuro" para ella. Por la misma razón, igual que la mayoría de las jóvenes, no viste la vestimenta tradicional femenina, sino vaqueros y tacones.

Está actitud coexiste, sin embargo, con un gran aprecio a marcas de identidad como la música y el baile. Por esta razón, la importancia que el gobierno concede a lo indígena, así sea simbólica, tiene un gran potencial político. "Mi mayor honor es seguir el liderazgo de un indio", ha dicho varias veces el vicepresidente Álvaro García Linera, que pertenece al segmento social que aquí se llama "blancón". "Antes gobernaban los gringos, ahora gobiernan los indios", repite por su parte Morales.

Diversos estudios indican que, en efecto, la representación indígena en los órganos estatales ha aumentado grandemente en la última década. Igual que ocurre con las mujeres, esta mayor representación no necesariamente se traduce en posiciones políticas independientes. Por ejemplo, el oficialismo se ha opuesto a que exista una bancada indígena pluripartidista en la Asamblea Legislativa.

Pese a ello, la revaloración de la cultura indígena que han propiciado medidas como la ley contra la discriminación han desplazado el racismo tradicional del país a los espacios privados, lo que incluso los opositores consideran el mayor logro histórico de Morales.

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