sábado, 8 de agosto de 2015

Manuel Contreras, el jefe de la Gestapo de Pinochet

El militar en retiro Manuel Contreras, en 1992. / CRIS BOURONCLE (AFP)

El general lideró la Dirección de Inteligencia Nacional entre 1973 y 1977, los años más salvajes de la dictadura en Chile

ROCÍO MONTES Santiago de Chile 8 AGO 2015 - 20:43 CEST


El militar en retiro Manuel Contreras, fallecido la noche del viernes 7 de agosto en Santiago, era el símbolo de los criminales de lesa humanidad en Chile. Como director de la temida Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet, fue el puño de hierro, cerrado, inflexible y macabro que ejecutó las detenciones ilegales, torturas, ejecuciones y desapariciones de miles de chilenos desde noviembre de 1973, apenas dos meses después del Golpe de Estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende. Condenado a 526 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos, y a la espera de la confirmación de sentencias por otros 578 años de prisión, murió enfermo en el Hospital Militar de la capital chilena, a los 86 años, sin haber tenido jamás alguna señal de arrepentimiento. Nunca reconoció los crímenes que lideró, porque a lo más lejos que llegó fue culpar a Pinochet, ni colaboró con la Justicia en su esclarecimiento.

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Las últimas declaraciones públicas de Contreras, por el contrario, fueron especialmente insultantes para las víctimas y sus familiares. Cuando en 2013 se conmemoraban los 40 años del quiebre democrático, el general en retiro del Ejército concedió una entrevista televisiva donde señaló que gracias al Golpe “se salvó a la patria de caer en una dictadura totalitaria marxista” y que en los últimos años “se ha estado engañando” respecto de las violaciones a los derechos humanos en dictadura (1973-1990). El militar afirmó que en los centros de la DINA no se torturaba, que los muertos fallecieron en combate y que los detenidos desaparecidos no existen. Las palabras de Contreras, que siempre se distinguió por su orgullo y altanería, motivaron que el entonces presidente de derecha, Sebastián Piñera, ordenara el cierre del peculiar centro detención donde estaba recluido, el Penal Cordillera, que ofrecía especiales condiciones de comodidad a los violadores de los derechos humanos.

Detenido por primera vez en 1995 por el crimen del excanciller Orlando Letelier en Washington en 1976, el ascenso de Contreras al mando de la DINA solo se explica por el ofrecimiento de incondicionalidad total a Pinochet los primeros meses de la dictadura. Exalumno del dictador de la Academia de Guerra del Ejército, le ofreció lealtad personal en un momento en que el Ejército vivía una dura lucha interna, llena de desconfianzas. Esta relación fue la que permitió que un coronel, como lo era Contreras en 1973, adquiriera poder al mando de la DINA y se superpusiera a los generales que controlaban los servicios de inteligencias de las Fuerzas Armadas. “Hombre convencido de la urgencia de unapurificación ideológica nacional, creía que era imprescindible un combate a fondo contra los partidos de izquierda que habían dado señas de preparación militar y vocación de resistencia”, lo describeLa historia oculta del régimen militar, la mayor investigación que se haya hecho de la dictadura, de los periodistas Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda.

Nunca reconoció los crímenes que lideró, porque a lo más lejos que llegó fue culpar a Pinochet, ni colaboró con la Justicia en su esclarecimiento

No le rendía cuentas a nadie, salvo a Pinochet: “La organización solo será responsable ante el presidente de la Junta. Nuestra misión será exterminar el marxismo y sus ideologías afines, como si fueran plagas”, dijo Contreras en noviembre de 1973, ante centenares de reclutados procedentes de todas las ramas de las Fuerzas Armadas, según consigna el libro periodístico. En los primeros meses después del Golpe, los militares golpistas habían tenido problemas para la cacería de los militantes de izquierda y los servicios de inteligencia actuaban con una coordinación deficiente. El nacimiento de la DINA, una organización todopoderosa que comenzó a trabajar en las penumbras hasta llegar a legalizarse a través de un decreto, respondía a la necesidad de tener un organismo que se comunicara directamente al Poder Ejecutivo.

La DINA de Contreras tuvo un crecimiento espectacular y su estructura interna se conformó de decenas de agrupaciones, unidades, brigadas, departamentos y cuarteles clandestinos. Uno de sus principales centros de detención fue Villa Grimaldi, en la falda de la cordillera de Los Andes de Santiago, donde en enero de 1974 llegó una veinteañera Michelle Bachelet junto a su madre, Ángela Jeria,que fueron torturadas y vejadas por los agentes del Estado.

El militar afirmó que en los centro de la DINA no se torturaba y que los detenidos desaparecidos no existen

El aparato represor aniquiló a la mayor parte de los cerca de 3.000 muertos y desaparecidos de la dictadura chilena. La DINA también fue la responsable de la prisión política y tortura de una inmensa porción de los más de 40.000 chilenos que, según el Informe Valech, sufrieron apremios durante el régimen. La ferocidad de la DINA y el poder de Contreras tuvo, sin embargo, una fecha de caducidad. En 1977, luego de la presión norteamericana por el crimen de Letelier y las desconfianzas que Contreras despertaba en parte de la cúpula del Gobierno, Pinochet determinó sacarlo de la escena, lo que finalmente terminó con la disolución de la DINA y el quiebre de la relación entre el profesor y el alumno. La dictadura la reemplazó con la Central Nacional de Informaciones (CNI), un organismo que realizó las mismas acciones que su antecesor hasta el final de la dictadura, en marzo de 1990. Los cuatro años de Contreras como jefe de la policía secreta de Pinochet, sin embargo, fueron probablemente los más salvajes de la historia de Chile.

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