sábado, 1 de agosto de 2015

Moscú destruirá el contrabando de alimentos occidentales vetados

El presidente ruso, Vladímir Putin, en una foto de archivo. / EFE

Rusia y Estados Unidos refuerzan sus respectivas sanciones

PILAR BONET Moscú


Rusia “no excluye acciones asimétricas” en respuesta a la ampliación de las sanciones norteamericanas, según dijo Dmitri Peskov, el secretario de Prensa del presidente Vladímir Putin. EE UU y la UE impusieron sanciones a Rusia en 2014 por la política del Kremlin en Ucrania y en 2015 tanto Washington como Bruselas han prolongado esas medidas, a las que Moscú respondió con una prohibición de importar alimentos de los países implicados.

Peskov aludió a una posible nueva escalada de medidas restrictivas después de que el 30 de julio la administración estadounidense anunciara sanciones contra 11 personas físicas, 15 entidades jurídicas y 35 empresas relacionadas con Rusia y con Crimea, la península ucrania anexionada por Moscú en 2014.

El intercambio de sanciones se rige por “el principio de la reciprocidad”, dijo Peskov, quien señaló sin embargo que estas medidas no son un fin en sí mismo y perjudican a las dos partes. El Ministerio de Exteriores ruso, a su vez, acusó a la administración estadounidense de apostar por la confrontación, ya que tales pasos “no solo destruyen las relaciones ruso-americanas, sino que no contribuyen a la colaboración para resolver otros problemas”.

La nueva lista de sanciones no supone una escalada, sino que es “un paso rutinario para reforzar las medidas existentes”, según un portavoz de la embajada norteamericana en Moscú, quien negó que la decisión estuviera reaccionada con el bloqueo ruso a una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el derribo del Boeing malasio sobre territorio de Ucrania.

La lista divulgada por EE UU afecta a empresas o individuos, susceptibles de ayudar a burlar las sanciones anteriormente impuestas. Este es el caso, aparentemente, del empresario ruso Román Rotenberg, que asumió responsabilidades desempeñadas anteriormente por su padre, Arkadi Rotenberg (compañero de artes marciales de Putin y constructor beneficiario de importantes contratos con empresas estatales). En la lista figura Alexander Yanukóvich, el hijo del expresidente de Ucrania, Víctor Yanukóvich, el exvicepresidente de la administración presidencial de aquel país, Andréi Kluiev (vinculado con centrales energéticas en Crimea), el exoligarca ucranio Serguéi Kúrchenko, la fábrica mecánica de Izhevsk (armamento), los puertos comerciales en Crimea (incluidos los de Yalta y Sebastopol, así como la naviera que cubre el trayecto entre Rusia y la península por el estrecho de Kerch). Las empresas incluidas están en su mayoría vinculadas con la petrolera estatal Rosneft y con el Banco de Comercio Exterior (VEB). Muchas de las compañías sancionadas están en territorio de Siberia o del Lejano Oriente y llama la atención la presencia en la lista del Fondo para la gestión de las inversiones directas en Rusia, responsable de proyectos de desarrollo con los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La lista incluye empresas finlandesas vinculadas con empresarios rusos.

Las contrasanciones rusas, que perjudican a la industria alimenticia europea, son burladas en parte con ayuda de distintos esquemas de transporte y venta. Sin embargo, el próximo 6 de agosto entra en vigor un decreto por el cual se ordena la destrucción de las mercancías extranjeras vetadas en Rusia, que sean detectadas en la frontera. El decreto fue firmado el jueves por Putin, pero la idea pertenece al ministro de agricultura, Alexandr Tkachov, hombre muy vinculado al sector agroindustrial desde su época como gobernador de la fértil región meridional de Krasnodask.

El jefe del Gobierno, Dmitri Medvédev, firmó el viernes las instrucciones sobre el procedimiento para destruir los alimentos vetados. La destrucción se hará en presencia de dos testigos supuestamente no interesados y será registrada en vídeo. La única limitación para el procedimiento de exterminio alimentario es la protección del medioambiente.

La idea de echar a la basura los alimentos (aunque sean de contrabando) por razones políticas desagrada en la sociedad rusa, que recuerda las privaciones de la Segunda Guerra Mundial y la escasez de la época soviética. En apoyo de la operación de exterminio, sin embargo, miembros de un grupo juvenil, becado por la administración para incentivar el consumo de alimentos rusos, irrumpieron, disfrazados de cerdos, en un supermercado de Moscú para fiscalizar si el establecimiento vendía productos prohibidos, según el diario Kommersant. Alekséi Alekseenko, ayudante del jefe de Rosseljoznadzor (Departamento de Vigilancia Agrícola), dijo que el queso prohibido será arrojado a los vertederos por medio de tractores. El funcionario rechazó la idea de enviar los productos vetados a los orfanatos o como ayuda humanitaria al sudeste de Ucrania. El diario Vedomosti considera que la medida contribuirá a fomentar la corrupción de los servicios de aduanas.

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