domingo, 20 de septiembre de 2015

CUBA: MISA MASIVA EN LA PLAZA DE LA REVOLUCIÓN

EL PAPA VISITA LA HABANA »

El arzobispo Ortega hace votos ante Raúl Castro por la reconociliación de los cubanos de "dentro y fuera de Cuba"


FOTOGALERÍA Primera misa del Papa en Cuba

PABLO ORDAZ La Habana 20 SEP 2015 - 16:53 CEST


La homilía, tan esperada por unos y otros, cada cual por sus motivos, del papa Francisco en la plaza de la Revolución de la Habana resultó ser solo eso, una homilía, sin ninguna referencia —ni explícita ni entre líneas— a la situación política y social que atraviesa Cuba. Ni el Gobierno, representado por Raúl Castro, ni la disidencia, algunos de cuyos exponentes fueron arrestados al intentar acercarse a Jorge Mario Bergoglio, vieron cumplidas sus expectativas de que el Papa pidiera menos embargo al Gobierno de allá o más libertad al de acá. Fue solo eso, una homilía, un sermón en el que un pastor pide a sus fieles, una multitud muy alegre y muy vigilada, que sirvan a las personas y no a las ideologías. Muy poco, por el momento, para un viaje tan largo.

"La importancia de un pueblo, de una nación, la importancia de una persona siempre se basa en cómo sirve a la fragilidad de sus hermanos. El servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas", explicó el Papa. Y así, 20 minutos de reloj, con Raúl Castro y sus colaboradores en actitud de recogimiento, tanto o más sentido que el de la presidenta argentina, Cristina Fernández, quien se ha convertido en una fan de Bergoglio y lo sigue allá donde vaya.

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Fernández, tocada de una gran pamela, fue la única dama de blanco a la que se permitió acercarse a Francisco. “Me arrestaron junto a Ángel Moya por la Seguridad del Estado, impidiendo que llegáramos a la Nunciatura Apostólica”, denunció a través de su cuenta de Twitter Berta Soler, líder del movimiento opositor Damas de Blanco. Otras activistas contrarias al régimen también denunciaron que “las brigadas de respuesta rápida” les impidieron acercarse a la morada del papa Francisco en La Habana. También el líder de la llamada Unión Patriótica de Cuba, José Daniel Ferrer, denunció la detención de 31 opositores que pretendían asistir a la misa.

Durante la noche del sábado, algunos periodistas preguntaron al padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, si el Papa pasaría de largo por Cuba sin recibir a los disidentes ni abordar la cuestión. El jesuita respondió que “no todo en la visita del Papa son discursos públicos, también hay asuntos que se tratan en privado”, dando a entender que Jorge Mario Bergoglio sí estaría mediando a favor de la oposición pero lejos de los medios y la polémica.

De hecho, al concluir la misa, el cardenal Jaime Lucas Ortega, arzobispo de la Habana, no solo agradeció al Papa sus gestiones a favor del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, sino también su impulso para la superación de las disputas internas. “Para alcanzar”, dijo, “en espíritu cristiano de perdón y misericordia, la anhelada reconciliación entre todos los cubanos, los que vivimos en Cuba o fuera de Cuba”. El arzobispo Ortega se convirtió en el único de los presentes, incluidos Castro y Bergoglio, en referirse, aunque sin llamarlas por su nombre, a la disidencia y el exilio. La famosa efigie del Che Guevara, a la izquierda del altar, y el monumento al prócer independentista José Martí, a la derecha, terminaban de componer la coreografía de una mañana de domingo en La Habana.

"No tenemos derecho a permitirnos a otro fracaso en Colombia"

Al final de la misa en la plaza de la Revolución, el Papa leyó el mensaje que inicialmente había previsto dirigir a los fieles durante el rezo del Ángelus. "En este momento me siento en el deber de dirigir mi pensamiento a la querida tierra de Colombia, "consciente de la importancia crucial del momento presente, en el que, con esfuerzo renovado y movidos por la esperanza, sus hijos están buscando construir una sociedad en paz". Que la sangre vertida por miles de inocentes durante tantas décadas de conflicto armado, unida a aquella del Señor Jesucristo en la Cruz, sostenga todos los esfuerzos que se están haciendo, incluso en esta bella isla, para una definitiva reconciliación. Y así la larga noche de dolor y de violencia, con la voluntad de todos los colombianos, se pueda transformar en un día sin ocaso de concordia, justicia, fraternidad y amor en el respeto de la institucionalidad y del derecho nacional e internacional, para que la paz sea duradera. Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación".

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