jueves, 3 de septiembre de 2015

El doctor Jirón y los fantasmas de Palacio

Aunque los “momios” modernos califiquen como clase media aspiracional, los revolucionarios de ayer solo impulsen reformas (realistas e irrenunciables) y nadie arroje maíz a los militares, los fantasmas de esos años espeluznantes nunca dejaron de estar vivitos y coleando.

Por JOSÉ RODRÍGUEZ ELIZONDO - (elmostrador.cl)


Verifico, sin sorpresa, que los fantasmas del 73 recorren Chile. Los cacerolazos, las marchas tumultuarias, los camioneros de protesta y los encapuchados destrozones pertenecen a su coro simbólico. Los solistas están en primera fila y levantan pancartas sobre la ingobernabilidad, el vacío de poder y “la renuncia”. Fuera de escenario –en “la puta calle”, dicen los españoles– los fantasmas más extremistas arrastran un saco donde meten a todos los lucrativos y uniformados, junto con Manuel Contreras y sus sicarios.

Pero, repito, ninguna sorpresa. Aunque los “momios” modernos califiquen como clase media aspiracional, los revolucionarios de ayer solo impulsen reformas (realistas e irrenunciables) y nadie arroje maíz a los militares, los fantasmas de esos años espeluznantes nunca dejaron de estar vivitos y coleando. No excluyo que hasta quienes los exorcizamos, con éxito relativo, moriremos con ellos mordiéndonos el hígado o el corazón.

Tampoco se crea que son fantasmas jerarquizados y disciplinados, pues entre ellos se llevan malísimo. El clivaje mayor –como diría un sociólogo– está entre los que arrastran cadenas por el escarmiento, la renovación y la reconciliación y los que penan por el anarquismo, el neocastrismo y la refundación. Los primeros son fantasmas buena gente y penan desde la utopía retroactiva. Esa que “solo” exigía sensatez en los partidos de talante democrático, incluso a la derecha de Salvador Allende. En esa onda –y sobre todo en el exilio–, los recuerdo preguntándose y preguntándonos si el golpe realmente fue inevitable.

En cuanto a los otros, son los fantasmas recalcitrantes. Su penar comenzó a manifestarse con una simpleza conmovedora el mismo día 11: “Otro gallo cantaría si hubiéramos tenido las armas a tiempo”. Hoy se han sofisticado y solo quieren importar retroexcavadoras.


Lo que pudo ser


Todo esto me recuerda un juego de historia contrafactual que practicamos en 2010, por vía electrónica, con el doctor Arturo Jirón Vargas. Este amigo y ministro de Allende –a quien acompañó hasta el fin– solía ser asaltado por los fantasmas buenos y sentía curiosidad al verme libre de penaduras. Me parece instructivo desclasificar parte de ese intercambio, pues ilustra lo que ahora está pasando o dejando de pasar. Ahí va un extracto:

AJV.- Una pregunta se me viene a la cabeza desde hace estos puños de años. Se la he realizado a varios ex notables y todos se corren. La pregunta es: ¿qué habría pasado en Chile si no se hubiere producido el golpe militar? ¿Hacia dónde iba la UP? o ¿hasta dónde? Yo sé lo que era el "Chicho", pero ¿era suficiente para garantizar una democracia y contener "la revolución armada” que algunos impulsaban? ¿Cómo sería hoy Chile? ¿Mejor? ¿Quebrado como otros países de nuestro subcontinente? Tengo tantas interrogantes que me impiden un juicio aproximado, que pienso es lo máximo que se le puede pedir a un experto como mi amigo.

JRE.- Preguntas por la “historia contrafactual” que es muy entrete, pues se basa en jugar a las hipótesis. Ahí van las mías: 1) la UP de septiembre del 73 no tenía futuro y, como no cabía la abdicación, la solución estaba en el plebiscito. Este, por sí solo, encapsulaba la conspiración y creaba otro escenario. 2) Pero, como está en los clásicos griegos, la tragedia suele primar sobre la razón. La de Allende era buena, pero la tragedia lo tiraba de los faldones, para que se convirtiera en razón tardía. 3) La tardanza, a su vez, alertaba a los conspiradores. Con la conspiración encapsulada y un escenario no golpista, ellos serían los únicos patos de la boda. Por tanto, ya no podía importarles si ganaban el punto político: que Allende se fuera lo más pacíficamente posible. 4) Medalla intelectual para Tomic que previó esto just in time y lo dijo con síntesis de profeta. En resumen: hubo un momento de salida pacífica que significaba solo la derrota de la UP. Luego, ya no se podía parar la máquina y la derrota de la UP se convertiría en la derrota de la República. Aparte queda, como escribiera Borges, que los caballeros siempre defendemos las causas perdidas.

AJV.- Muy inteligente tu análisis, el cual, sin tantos conocimientos políticos y logísticos, comparto. But, como diría un gringo, tengo la sensación de que también te corriste con la respuesta. Tú me explicas el por qué del golpe, el agotamiento de la UP, la táctica del plebiscito, pero yo te pregunto: ¿qué sería Chile si no se produce el golpe? ¿Acuerdo con la DC? ¿Se imponen grupos extremistas? ¿Resistencia civil aumenta? ¿Grupos de choque? ¿Economía en picada? ¿El país acepta el modelo UP y le cree al Presidente que se irá a los 6 años de gobierno? ¿Lo acepta la UP o Allende es "separado" por burgués? ¿Las transformaciones revolucionarias son aceptadas por la gran mayoría? ¿O sólo fue una quimera en la cual muchos creímos (o pocos)?

JRE.- Entonces vamos por partes, como decía el viejo Jack. Hipótesis sin golpe: se dan las condiciones para el plebiscito, pues generales ajenos a la conspiración desalojan a los conspiradores. Resultado del plebiscito muestra un país polarizado y, por ende, ingobernable. El Presidente abdica dejando el poder en manos de Frei, presidente del Senado y se va a Costa Rica. La extrema izquierda lo denigra como capitulacionista, mientras trata de ejercer la violencia con la funcional respuesta de Patria y Libertad. Ante eso, Frei negocia un “pronunciamiento” (aquí vale la expresión) acotado de las FF.AA.: estas mantendrán el orden bajo su dependencia política hasta nuevas elecciones. El alineamiento político cambia cada día. La derecha de Jarpa trata de ampliar la manu militari mientras aserrucha el piso a Frei. Este, con base en su partido, negocia con radicales renovados y la amplia gama de socialdemócratas escarmentados. Los grupos extremistas inician una guerrilla en la onda tupamara y los militares los aplastan en la onda peruana (ejército peruano desarboló guerrilla castrista en tres meses). La economía resurge, porque a los empresarios y a Nixon no les queda otra y el país enfrenta una elección dramática entre un candidato de la derecha dura y otro de la DC, con las izquierdas en receso. La solución surge por la vía de un outsider –que puede aparecer como transversal–, quien gana por estrecho margen. A esa altura, el país real asume que injusto es el mercado, pero peor es la falta de mercado. Allende ya está viejito y formula un llamado a la concordia tras reunirse con Frei. Fuera de Chile caen los muros y los líderes del eurocomunismo y de la socialdemocracia invitan al nuevo Presidente a ingresar como asociado a la Unión Europea. De ahí en adelante, Chile comienza a crecer al 8% anual y en 1991 se incorpora a la OCDE. Vuelven del extranjero los doce exiliados contabilizados, pero nadie se da cuenta.

AJV.- Yo creo que es una brillante proyección teórica. Podría haber sido así. Creo que la ineficiencia, terquedad, ceguera impidió que las "cosas" resultaran menos traumáticas. Voy a pensar más tu teoría de lo que pudo haber pasado. Me parece un ejercicio interesante.

Penando en La Moneda


Mi querido amigo Arturo murió conversando con sus fantasmas buena onda, que hoy están de cadenas caídas. Los que hoy la llevan son los fantasmas recalcitrantes, que penan en nombre de lo refundacionalmente correcto. Son los que ocultaron su funcionalidad para que el golpe se diera y luego le inventaron una muerte “correcta” al Presidente Allende. Sabían que Castro identificaba a los suicidas con los críticos y, si hacemos un listado de los que hubo en su entorno, veremos que no era un desvarío de fantasma tonto.

Ahora no estamos ante la alternativa poético-terminal “revolución o contrarrevolución”, sino ante una bastante más prosaica, que se esconde tras la cortina del “realismo sin renuncia”. Esta nos dice que hoy Chile estaría optando entre repetir su marcha hacia el desarrollo frustrado o seguir su andadura hacia un “subdesarrollo exitoso”.

Estos espectros dan más susto que los otros, pues penan noche y día y hasta en Palacio. Con base en esa omnipresencia, menosprecian lo bueno que hicieron los gobernantes anteriores e inducen simpatías y políticas más que dudosas. Sospecho, incluso, que alcanzaron a estar tras la decisión de nuestra Presidenta (primer período) de ir a Cuba, para escuchar de boca de Fidel el alegato marítimo de Evo. Luego, aunque no pudieron meternos en la Alianza Boliviariana ni privarnos de entrar a la Alianza del Pacífico, sí consiguieron que cerráramos los ojos ante las intrusiones de Hugo Chávez y los desplantes antidemocráticos de Nicolás Maduro. Marginalmente, sugieren que el muro de Berlín no fue tan oprobioso, porque a su sombra había guarderías infantiles maravillosas.

Entre paréntesis, yo suelo flaquear ante el argumento de las guarderías, pues mi hija estuvo en una que, efectivamente, era estupenda. Pero ahí mismo me remece un fantasma zumbón para recordarme lo que entonces escribiera Carlos Cerda (QEPD), mi ilustre vecino en Leipzig: “En ningún lugar del mundo es más triste dejar de ser niños”.

Los Castrofantasmas


Por la labor de zapa de los fantasmas mala onda, hasta hemos olvidado la alta calidad de la gestión internacional de Allende. Entre los pocos que la reconocen está el historiador Joaquín Fermandois: “La política exterior de Allende tuvo un éxito pleno en imponer la práctica y la teoría de lo que se llamó pluralismo ideológico”. Y eso, en plena Guerra Fría.

Tras siete años de política vecinal reactiva y secuestrada por los jueces de La Haya, valdría la pena exhumar esa gestión… ¿Cómo no recordar las audaces iniciativas diplomáticas del Presidente para tener la fiesta en paz con las dictaduras de Juan Velasco Alvarado (Perú), Juan José Torres (Bolivia) y Alejandro Agustín Lanusse (Argentina)? Este último, asumiéndolo, confesó que “la vinculación que existió en todo momento entre Allende y yo jamás me llevó a disimular diferencias filosóficas”.

Y en relación con aquello. ¿En virtud de qué manipulación fantasmal se ha soslayado la genuina independencia ideológica de Allende ante la Unión Soviética –guardiana global de la pureza del marxismo-leninismo– manifestada en su proyecto de inaugurar “un segundo modelo de transición al socialismo”?

¿Y por qué recordar solo su admiración por el Castro guerrillero y olvidar su rechazo categórico a convertirse en un gobernante castrosirviente? “En Cuba mandas tú, Fidel, pero aquí gobierno yo”, le dijo en La Moneda, tras la “marcha de las cacerolas”, cuando el prolongadísimo visitante trató de endosarle su recetario verde olivo.

Por cierto, Castro se desquitó de manera increíble, no solo en su provocativo discurso en el Estadio Nacional. Semanas después del Golpe, en su sesgado homenaje al Presidente muerto, en La Habana, no pudo reprimir su frustración de hegemonista ante la autonomía de Allende: “Los revolucionarios chilenos saben que ya no hay ninguna otra alternativa que la lucha armada revolucionaria”, dictaminó.

Es decir, el mundo debía entender que el líder chileno se equivocó al no seguir la vía que Castro le indicaba.

¿Hacia dónde vamos?


Lo dicho no implica creer que los castrofantasmas nos devolverán al pasado setentista. Ni los muertos vivientes pueden bañarse dos veces en la misma acequia. Pero sí supone advertir que, al inducir fenómenos de ingobernabilidad en seco, el aquelarre de los espectros nos está quemando el pan en las mismas puertas del horno.

Así, ahora no estamos ante la alternativa poético-terminal “revolución o contrarrevolución”, sino ante una bastante más prosaica, que se esconde tras la cortina del “realismo sin renuncia”. Esta nos dice que hoy Chile estaría optando entre repetir su marcha hacia el desarrollo frustrado o seguir su andadura hacia un “subdesarrollo exitoso”.

Agrego que esta opción entre lo malo y lo peor la esbocé en un libraco de 2002, alarmado por la creciente mala calidad del personal político y por concomitantes brotes de corrupción. Es que, como solía decir el comunista español Santiago Carrillo, a veces uno se equivoca por tener la razón demasiado temprano.

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