jueves, 10 de septiembre de 2015

Lula defiende que el kirchnerismo “cambió la historia de Argentina”

La presidenta argentina con el candidato Scioli y Lula da Silva. / EFE

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El expresidente brasileño se vuelca en la campaña de Scioli, que también recibirá el apoyo de Evo Morales en Buenos Aires para buscar un último empujón hacia su victoria


CARLOS E. CUÉ José C. Paz (Buenos Aires) 10 SEP 2015 - 02:08 CEST


Todos los ingredientes estaban medidos para hacer una reivindicación de la izquierda latinoamericana, que ha dominado Suramérica en los últimos 15 años. Cristina Fernández de Kirchner, su sucesor, Daniel Scioli y el expresidente brasileño Lula Da Silva cruzaron los alrededores de Buenos Aires –ellos en coche, ella en helicóptero- para inaugurar, en el corazón de un barrio muy pobre de casas de ladrillo sin pintar, en el municipio de José C. Paz, un pequeño hospital para atender cuestiones no complejas. “Se trata de que los pobres no tengan que ir al hospital, sino el hospital a los pobres”, aseguró Lula ante miles de militantes kirchneristas enfervorecidos con sus banderas e incluso con un muñeco de Néstor Kirchner a tamaño natural que blandían frente a los oradores.

Este tipo de hospitalitos, llamados UPA, fueron uno de los proyectos estrella de Lula. En Brasil hay más de 400, en la provincia de Buenos Aires de momento 15. Lula se lanzó abiertamente a la campaña electoral argentina, que vive un momento de dudas, porque Scioli no consigue distanciarse en las encuestas y algunos temen que si no logra ganar en primera vuelta –necesita el 45% de los votos o sacarle 10 puntos a su rival- caerá en segunda. Lula, que pese a los escándalos que sufre en Brasil conserva intacto su tirón popular en Argentina, se va a pasar casi toda la semana en Buenos Aires de campaña con Scioli. Y en José C. Paz se entregó como si estuviera haciendo campaña en Brasil. Lula reivindicó los logros de los Kirchner, en especial del fallecido Néstor, con quien compartió muchas cumbres, y pidió a los argentinos que mantengan el proyecto que llegó en 2003, el kirchnerismo, porque “cambió la historia de Argentina”.

Lula se volcó en apoyar al “compañero Scioli”, que le devolvió el detalle poniendo el nombre del brasileño al hospital inaugurado en José C. Paz, pero también a la presidenta, Fernández de Kirchner. Scioli, que ha sufrido un mes complicado con las inundaciones en la provincia de Buenos Aires –ahora vuelve a llover y los sciolistas están muy inquietos- está tirando de estos apoyos de la izquierda latinoamericana –hoy le visitará Evo Morales- para intentar remontar su campaña. En realidad sigue siendo el gran favorito, pero necesita un empujón para estar seguro. Lula se lo está dando y ambos cenaron juntos la noche anterior en villa La Ñata, la mansión del gobernador de Buenos Aires, un millonario exdeportista que fue fichado por Menem para la política en los 90.

Tanto Scioli como Kirchner y Lula reivindicaron una especie de hito fundacional de la izquierda latinoamericana moderna: la cumbre de Mar del Plata de 2005, en la que Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula frenaron el ALCA, el tratado de libre comercio que impulsaba EEUU, chocaron con George Bush y marcaron una nueva línea estratégica en el continente a la que luego se sumarían Evo Morales o Rafael Correa. “Con Kirchner enterramos el ALCA aquí en Mar del Plata, aquí creamos Unasur. Es una pena que Néstor no esté aquí para ver a Cristina, una mujer realizada y vencedora. Usted deja la presidencia como una heroica defensora de los pobres”, le espetó Lula.

Para cerrar, Fernández de Kirchner lanzó un discurso emocionado en el que todo parecía pensado ya para pasar a la historia en diciembre, cuando deje la presidencia. Desde los símbolos –le entregaron un busto de Evita Perón, un referente para ella- hasta el discurso. “Si alguna vez se acuerdan de mí, que sea como la compañera de Néstor, la que lo bancó. Néstor ya no es mío ni de sus hijos. Es del pueblo y de la historia”, clamó la presidenta con la voz rota.

La presidenta argentina también defendió el modelo de la izquierda latinoamericana frente a la austeridad que triunfa en Europa. Y aprovechó la crisis de los refugiados para dejar claro que prefiere Latinoamérica a Europa. "Por favor, que nadie nos venga a poner de ejemplo a algunos países del Norte. Yo no quiero parecerme a países que dejan morir chicos en las playas. Eso no es de cristianos, es decadencia cultural. Se andan tirando a los inmigrantes de un país a otro como si fueran bultos. Nosotros, un país de inmigrantes y que recibió a nuestros abuelos, somos un ejemplo", clamó.

Entre el público había algunos vecinos pero sobre todo muchos militantes llegados allí en autobuses, que aguantaban bajo una lluvia torrencial. La oposición critica que este tipo de actos la gente acude porque es empleada pública o tiene algún tipo de prebenda. La presidenta se indignó y aprovechó para echar en cara a Mauricio Macri, el gran rival de Scioli, un escándalo que afecta a su campaña porque uno de los referentes de su candidatura, el locutor deportivo Fernando Niembro, cobro 22 millones de pesos (casi dos millones de euros) del ayuntamiento en contratos que no parecen muy claros. “Ellos creen que los pobres solo tienen ideas si les pagan. Desprecian a los pobres. Dicen que vienen aquí por el choripán. Y resulta que ellos tienen un choripán de oro, de 22 millones de pesos por contratos que no se sabe si se prestaron o no”, remató. La presidenta también movilizó a los suyos ante la posibilidad que en Argentina llegue un ajuste que incluso podría llevar adelante Scioli. “No me den las gracias, guarden la fuerza para reclamar que no les quiten lo que tienen”, le gritó a los militantes.

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