domingo, 27 de septiembre de 2015

Putin busca salvar el régimen de Assad vinculándolo a la coalición internacional

REUTERS

Moscú se propone contar para ello con el visto bueno de Washington y el consiguiente mandato de Naciones Unidas


RAFAEL M. MAÑUECOABC_MUNDO / CORRESPONSAL EN MOSCÚ - Día 27/09/2015 - 01.51h


La anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas de Donetsk y Lugansk han dañado la imagen internacional de Rusia, además deprovocar un rosario de sanciones que perjudican seriamente su economía. En otro frente, en Siria, el principal aliado de Moscú en Oriente Próximo, Basar al Assad, se encontraba ya contra las cuerdas tras perder el control de más de los dos tercios de su territorio en beneficio de los yihadistas de Estado Islámico y del «Frente Al Nusra».

En este contexto, el presidente ruso, Vladímir Putin, ha decidido tomar una vez la iniciativa desviando las miradas, puestas hasta ahora en el este de Ucrania, hacia Siria. Desde mediados de agosto, Moscú envía al país árabe barcos, aviones de transporte, cazas de combate, armas diversas y «especialistas» militares, supuestamente para «ayudar» en la lucha contra los extremistas islámicos.

En el aeropuerto próximo a Latakia está ya casi lista una nueva base con capacidad para acoger más de un millar de soldados y la Marina rusa acaba de comenzar unas maniobras en el este del Mediterráneo. El diario «Kommersant» cifra en más de 1.700 militares el contingente ruso desplegado ahora en Siria, no sólo en Latakia, sino también en la base naval de Tartús.

Paralelamente, la situación en Donetsk y Lugansk es menos explosiva. La crisis de refugiados que padece Europa ha venido a contribuir a que el giro dado por el Kremlin se vea con buenos ojos en algunas capitales del Viejo Continente. La idea es simple: Rusia no sólo utiliza sus fuerzas en su pulso con Ucrania, sino también para contribuir a eliminar la lacra del terrorismo. Sin embargo, Estados Unidos y el Reino Unido, aunque quizá puedan considerar fiable el compromiso de Putin en la lucha contra los radicales, están convencidos de que su prioridad fundamental es evitar la caída de Assad.

En una entrevista que ha difundido este domingo el canal norteamericano CBS y algunos de cuyos extractos se conocen ya desde el jueves, Putin asegura que «no hay otra solución a la crisis siria más que reforzar la efectividad de las estructuras de gobierno —de Assad— y ayudar a la lucha contra el terrorismo, pero al mismo tiempo instándoles a participar en un diálogo positivo con una oposición racional y llevar a cabo una reforma». El presidente ruso no niega que su intención es precisamente «salvar» al dictador sirio.

Y es que la cooperación entre Moscú y Damasco se remonta a la época soviética. Fue entonces, concretamente en 1971, cuando surgió la base de Tartús. Desde entonces el flujo de armamentos rusos hacia Siria no ha cesado. El Ejército sirio ha comprado aviones de combate, helicópteros, tanques, misiles y armas ligeras. El 10% de las armas que exporta Rusia van a parar al país árabe, siendo así su quinto cliente más importante y el número uno entre los países del Oriente Próximo. Desde 2010, Assad se ha gastado en equipos militares rusos cerca de 3.000 millones de euros.

El Kremlin, acorralado

El enfrentamiento que mantiene el Kremlin con Occidente, ha aumentado además la relevancia de la presencia rusa en Tartús, la última base naval fuera de sus fronteras. Su importancia sería crucial si, ante un conflicto abierto con la OTAN, Rusia pretendiese conservar su control sobre el este del Mediterráneo, ya que, previsiblemente, Turquía, país perteneciente a la Alianza, cerraría el estrecho del Bósforo y los barcos rusos de la base de Sebastopol quedarían encerrados en el Mar Negro.

La cúpula rusa está convencida de que una transición hacia un nuevo régimen en Siria debe hacerse con el consentimiento de Assad, de lo contrario, Moscú se arriesga a perder el control de la situacióny quedar marginada o en un segundo plano, como ha sucedido ya en los casos de Irak y Libia. Evgueni Satanóvski, presidente del Instituto de Oriente Próximo, sostiene que, si Moscú queda privada de su actual posición en Siria, «perdería gran parte de su influencia en Oriente Próximo».

A juicio del politólogo ruso, Andréi Piontkovski, existe además un elemento «psicológico» que explicaría por qué Putin desea tan fervientemente evitar el derrocamiento de Assad. «Tiene alergia a las revueltas como las habidas en Georgia, Ucrania y a las primaveras árabes», afirma Piontkovski en uno de sus trabajos. El máximo dirigente ruso pretende generar un principio de solidaridad entre los regímenes autoritarios frente a las críticas de Occidente y sus afanes democratizadores.

Por último, según opinan numerosos expertos, entre ellos el periodista ruso exiliado en Kiev, Evgueni Kiseliov, Moscú espera conseguir con su nueva política en Siria un acercamiento a Occidente, una suavización de las sanciones e incluso abrir una negociación sobre el estatus de Crimea.

Putin planteará su iniciativa la semana entrante ante la Asamblea General de la ONU y mañana se entrevistará en Nueva York con su homólogo estadounidense, Barack Obama. Parece que las tropas rusas en Siria no han entrado todavía en combate y de lo que se trata es de que puedan hacerlo amparadas por una resolución de la ONU y el visto bueno de Estados Unidos dentro de una coalición internacional que incluya también al régimen sirio. El jefe del Kremlin ya se apuntó en 2013 un significativo éxito diplomático cuando consiguió parar lo que parecía una inminente intervención estadounidense en Siria. Lo hizo con la propuesta de que el régimen de Damasco se deshiciera de sus armas químicas.

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