viernes, 16 de octubre de 2015

Cómo Bachelet se ‘cambió de caballo’ en la nominación del Fiscal Nacional

Ministra Blanco encabeza intensas gestiones con el Senado para aprobar a Abbott

La Presidenta "se había comprado la tesis" que ya estaba instalada en su círculo, acerca de lo malo que era aparecer formando parte de una operación. El ministro Díaz se sumó a estas aprensiones. Todo se fue sumando a lo que la Mandataria observó como un intento del Senado por pautearla y dejarla con un escaso margen de maniobra, al tratar de instalar al fiscal jefe de la Unidad de Delitos de Alta Complejidad Centro Norte, José Morales, como carta de consenso.


Por MARCELA JIMÉNEZ - 16 octubre 2015 (elmostrador.cl)


No fue su primera opción. Es más, la carta de La Moneda era otro integrante de la quina que elaboró la Corte Suprema: el fiscal José Morales. Sin embargo, la Presidenta Michelle Bachelet cambio radicalmente de opinión, dejó sin efecto esa decisión y optó por nominar al Director Ejecutivo Nacional del Ministerio Público, Jorge Abbott, como candidato a Fiscal Nacional.

Una jugada muy arriesgada, después del fracaso en el Senado –el miércoles 14 en la tarde– de la postulación de Enrique Rajevic como Contralor General, que sorprendió a todo el oficialismo, al Gobierno y a parlamentarios, pero que podría llegar a buen puerto la próxima semana.

El Senado intentó –sin resultado– dar señales a la Presidenta Bachelet de las preferencias que tenían sobre la quina: Morales o, en su defecto, el Fiscal Regional Raúl Guzmán, nombres que generaban mayor consenso, lo que implicaba la promesa tácita de ratificación expedita y sin dificultades para alcanzar el quórum de dos tercios de los senadores en ejercicio. O sea, los 25 votos exigidos para ungir al próximo Fiscal Nacional. Incluso, otros candidatos tenían más chance, como el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales, Juan Enrique Vargas, pero nunca esperaron que fuera Abbott el elegido.

Hasta el martes, los deseos del Senado se iban a materializar, ya que la premisa de La Moneda era evitarse un nuevo conflicto y el fiscal Morales aparecía como la fórmula ideal para ello. “En el Comité Político la presidenta del PS, Isabel Allende, consultó a los ministros sobre el candidato que propondría el Gobierno, y el ministro Burgos le respondió que el tema lo habían conversado con la Presidenta y con la ministra Blanco, que se había recogido la opinión de los senadores y que la postura estaba bastante clara, y agregó que esa postura se iba a respetar”, cuenta una alta fuente del oficialismo.

Pero algunos llamados telefónicos y especialmente la reservada conversación en persona que tuvo ese día Bachelet con el Fiscal Nacional, Sabas Chahuán, la hicieron cambiar drásticamente de opinión.

El 13 de octubre, la Presidenta asistió antes del mediodía a la ceremonia de conmemoración del décimo sexto aniversario de la Fiscalía de Chile en la sede del Congreso en Santiago, actividad que sirvió como una suerte de balance público de los ocho años de gestión del Fiscal Nacional. Fue ahí donde, después del acto, ambos hablaron del asunto, fue el momento en que Chahuán –aseguran diversas fuentes– le expuso a la Mandataria “la derrota que significaba para él” que no fuera Abbott el candidato elegido, ya que es el que representa en todos los sentidos, a nivel interno del Ministerio Público y como señal externa, la continuidad de su mandato.

Entre los que conocieron el tenor de esa conversación, aseguran que Chahuán, además, le expuso a la Presidenta Bachelet los reparos y cuestionamientos que existen en torno a Morales, las dudas sobre aspectos de su desempeño y su excesiva cercanía con el mundo político.

Después de diversas publicaciones de prensa –entre las que se incluyeron las aprensiones internas de los fiscales frente al nombre de Morales–, señalan otras fuentes, la Presidenta "se había comprado la tesis" que ya estaba instalada en su círculo, acerca de lo malo que era aparecer formando parte de una operación. El ministro Marcelo Díaz se sumó a tales aprensiones. Todo se fue sumando a lo que la Mandataria observó como un intento del Senado por pautearla y dejarla con un escaso margen de maniobra, al tratar de instalar al fiscal jefe de la Unidad de Delitos de Alta Complejidad Centro Norte, José Morales, como carta de consenso.

Fue con ese diálogo privado con Chahuán que la Presidenta decidió cambiar de opinión. Sin embargo, no se lo comunicó a nadie en el Gobierno, salvo varias horas después, al día siguiente, el miércoles, y a la persona que en los días previos estaba realmente a cargo de los sondeos y contactos con el Senado sobre este tema: la ministra de Justicia, Javiera Blanco, quien estuvo dos veces en La Moneda ese día con la Mandataria antes de que ambas partieran a la gira a Ecuador y se dejara firmado el oficio de rigor.

El miércoles en la mañana, mayoritariamente en el Gobierno y en el Congreso, se creía a ojos cerrados que Morales sería el nominado. Incluso, algunas fuentes añadieron que desde La Moneda se habría llamado al fiscal Guzmán para comunicarle informalmente cuál era la decisión gubernamental, que no era él el elegido y agradecerle su disposición. Esto lo confirma un senador de la Nueva Mayoría: “En la tarde distintos ministros empezaron a transmitirnos que los candidatos no serían ni Morales ni Guzmán –que eran los que concitaban el consenso de los senadores–, debido a la información que había ido apareciendo en la prensa”.

Las alarmas se encendieron cuando el anuncio del nombre no se concretó después de la votación por el Contralor el miércoles 14 y se les informó a las bancadas oficialistas que la Mandataria había dejado firmado el oficio, que había quedado guardado en Palacio, que solo se conocería el jueves la nominación y que la haría pública la propia Presidenta.

Hasta el martes, los deseos del Senado se iban a materializar, ya que la premisa de La Moneda era evitarse un nuevo conflicto y el fiscal Morales aparecía como la fórmula ideal para ello. “En el Comité Político la presidenta del PS, Isabel Allende, consultó a los ministros sobre el candidato que propondría el Gobierno, y el ministro Burgos le respondió que el tema lo habían conversado con la Presidenta y con la ministra Blanco, que se había recogido la opinión de los senadores y que la postura estaba bastante clara, y agregó que esa postura se iba a respetar”, cuenta una alta fuente del oficialismo.

Poco antes de que Bachelet anunciara –acompañada por la ministra Blanco– el nombre de Abbott desde Ecuador, en donde se halla de visita de Estado, se cumplió el rito de informar previamente a los ministros del comité político cuál era la decisión presidencial y lo mismo se hizo, telefónicamente, con todos los timoneles de los partidos de la Nueva Mayoría.
Muñeca nueva

El fiscal Abbott siempre estuvo fuera de todos los cálculos de la Cámara Alta como posible carta, era la opción que menos apoyo concitaba entre los parlamentarios y sobre la cual, además, varios congresistas de todas las bancadas habían mandado el mensaje a La Moneda sobre su eventual rechazo.

Hasta el miércoles en la tarde se decía que era el candidato que “menos apoyo lograba entre los senadores”, resistencia que se origina –explicaron en el Senado– por ser visto precisamente como hombre de Chahuán, un continuador de su gestión y estilo, que ha sacado ronchas y rechazo en el mundo político.

Por lo mismo, la primera lectura tras su nominación fue de preocupación por el poco respaldo que puede encontrar la propuesta presidencial y el efecto que eso tenga en este momento. “Saliendo recién del bochorno del candidato a Contralor, no se puede cometer otro error, aquí hubo ingenuidad política (…) tenemos necesidad de los votos de la oposición, espero que haya un acuerdo con sectores de la oposición para aprobar este nombre”, sentenció el timonel y senador del MAS, Alejandro Navarro.

No está ajeno a la realidad. Desde el Gobierno y en el mundo parlamentario confirmaron que la ministra Blanco está desplegando intensas gestiones con todos los que presentaron reparos previos al nombre de Abbott. Incluso, a pesar de estar en Ecuador desde el miércoles en la noche con la Presidenta, hizo numerosas llamadas y mantuvo contactos con diversos senadores precisamente para intentar obtener la ratificación del fiscal para dirigir el Ministerio Público durante los próximos ocho años.

No es una tarea fácil. No solo el quórum es alto y son muchos los votos que se deben conseguir, también está el antecedente de los senadores que públicamente, en las semanas previas, anunciaron que se abstendrían de esta votación: Carlos Montes (PS), Fulvio Rossi (PS), además de Iván Moreira (UDI). Esto no baja el umbral de 25 votos requeridos, sino que lo que provoca es la reducción del número de parlamentarios disponibles, por lo que no se descarta que algunos de los mencionados revisen su decisión, máxime si reglamentariamente no estaría contemplada la inhabilidad en votaciones que son parte de las funciones exclusivas de la Cámara Alta.

La Moneda está contra el tiempo, aunque la rapidez con la que pretende llevar adelante el proceso busca, precisamente, evitar dilatar la situación y no dar cabida a arrepentimientos de los votos obtenidos hasta ahora. La ministra Blanco ha dirigido sus gestiones a toda la derecha, pero especialmente hacia RN y los independientes de dicho sector. No deja de ser sintomático que Manuel José Ossandon, senador de ese partido, fuera uno de los primeros en salir ayer públicamente a destacar las cualidades de Abbott, su experiencia, junto con adelantar que votará por él en la Sala y que cree que en su colectividad replicaran su decisión. Abbott tiene algunos vínculos familiares que lo acercan a dicha colectividad.

Hay molestia en la Nueva Mayoría por el secretismo de La Moneda y la Mandataria, la falta de consulta a los partidos y las bancadas, que no varía a pesar de los errores cometidos. Sin embargo, a pesar de eso, las primeras señales públicas desde el oficialismo fueron de alinearse con la nominación presidencial, como lo afirmaron senadores como Ricardo Lagos Webber (PPD), Ignacio Walker (DC) y la presidenta del PS, Isabel Allende. Los más molestos serían justamente quienes buscaron el consenso en torno al fiscal Morales, es decir, Andrés Zaldívar, Guido Girardi, Juan Antonio Coloma y especialmente Pizarro, quien casualmente después de hacerse público el nombre dijo que se abstendrá de participar.

No es menor en el oficialismo el fantasma de repetir el fracaso rotundo de la elección de Rajevic a la Contraloría General, el efecto político para el Gobierno, para la Presidenta y el pie en que quedaría al verse enfrentada con el Senado y este torciéndole la mano.

Eso sí, los errores cometidos por el ministro del Interior, Jorge Burgos, y el cuestionado manejo del tema del contralor, son antecedentes que es prioritario no repetir.

Por ello en el Gobierno recalcaron que, si bien es complicada la ratificación de Abbott, hay margen de acción y que no hay que olvidar que “la ministra Blanco no es Burgos”, que tiene otra muñeca política, que se maneja diferente al ministro del Interior con el Congreso, que no es como elefante en cristalería en ese aspecto. “No manda WhatsApps, ella llama, varias veces, va a hablar en persona con cada uno, las veces que sea necesario, se junta con todos, se da el tiempo para dialogar y escuchar”, aseguraron en el oficialismo.

No es casual, agregaron, que la Presidenta en los días previos la empoderara en el tema del Fiscal Nacional, quedando el ministro Burgos al tanto de las conversaciones y diálogos, pero no liderando las gestiones ni los sondeos.

En el Gobierno agregaron que la ministra de Justicia se coordina con Burgos, le ha comentado todas las conversaciones que ha tenido, pero es ella la que lleva las riendas de la negociación y la que le expuso a Bachelet, en jornadas previas, que las preferencias del Senado se inclinaban efectivamente por Morales y Guzmán.

Prueba de ese empoderamiento, afirman, es la señal que quiso dar Bachelet con la mediática reunión que el fin de semana protagonizó en su casa de La Reina con la titular de Justicia, como un gesto político para mostrar que era ella la persona a cargo.

La cuenta regresiva está en marcha y los próximos días serán clave en la tarea de Blanco por conseguir los 25 votos requeridos, con lo que se verá si logra cuajar los acuerdos que a Burgos se le diluyeron.

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