jueves, 15 de octubre de 2015

El despliegue de seguridad israelí no consigue frenar la violencia palestina

REUTERS
Fuerzas especiales israelíes patrullan los alrededores de la estación central de autobuses de Jerusalén tras un nuevo ataque

A pesar de las medidas de excepción adoptadas por el Gobierno Netanyahu, ayer se produjeron nuevos apuñalamientos en Jerusalén

MIKEL AYESTARAN / CORRESPONSAL EN JERUSALÉN - Día 15/10/2015 - 11.21h


Los coches pasan uno a uno y hay que esperar a que los agentes de la Policía de Fronteras registren maleteros y revisen la documentación. Las decisiones del gabinete de seguridad de Israel se llevaron a la práctica de forma inmediata y el primer barrio palestino del este de la ciudad que sufrió un cierre parcial fue Jabel Mukaber. De aquí salieron los dos palestinos que atacaron el lunes el autobús de la línea 78 y el trabajador de la empresa de telefonía que atropelló y trató de rematar a sus víctimas con un machete. La entrada en vigor de las nuevas medidas de fuerza no logró, sin embargo, frenar las acciones de «lobos solitarios» y al cierre de esta edición se habían producido ya dos ataques con cuchillo en Jerusalén. En ambos casos los terroristas fueron abatidos por las fuerzas de seguridad.

Aunque el comunicado emitido por la oficina del primer ministro, Benjamin Netanyahu, habla de «cerrar» zonas de Jerusalén o imponer el toque de queda «en caso de violencia», ayer las autoridades emplearon otras expresiones como «cercos flexibles» para no dar la imagen de separación en la que consideran la «capital indivisible» de Israel. Por primera vez en mucho tiempo, Hamás y Fatah se pusieron en algo de acuerdo y censuraron esta decisión del gabinete de seguridad, que calificaron de «castigo colectivo» que viola la legislación internacional.

Una ciudad dividida

Para Meir Margalit, dirigente de Meretz, partido de la izquierda israelí, con dilatada experiencia en el ayuntamiento jerosolimitano, «la ciudad está más dividida que nunca, aunque el Gobierno se niegue a reconocerlo. El modelo de ciudad unificada se ha roto y se necesitan pasos políticos, no más muros, para superar la situación». Frente al despliegue masivo de fuerza, Margalit aboga por «la retirada de los barrios del este de la Guardia de Fronteras, que solo sirve para provocar más problemas y malestar, y permitir un grado de autonomía a los árabes».

Los postulados de los sectores críticos con las autoridades, que piden una solución política y no un nuevo remiendo que logre sofocar la ira palestina de forma temporal a base de mano dura, están lejos de la realidad que se aplica sobre el terreno. Israel recupera el manual de actuación de la intifada de Al Aqsa y recurre a «toda la fuerza necesaria», como adelantó Netanyahu, para hacer frente a los ataques y protestas.

Además del cierre, más o menos temporal, de barrios árabes, se ha aprobado el despliegue de cientos de soldados para colaborar con la Policía en los centros urbanos, la presencia de agentes de seguridad en el transporte público y se da luz verde para agilizar los trámites que permiten el derribo de casas de los palestinos que cometan ataques, incautar sus bienes y revocar sus derechos de residencia permanente. Los israelíes también han decidido no devolver los cuerpos de los palestinos abatidos por las fuerzas de seguridad, con el argumento de que cada funeral se convierte en un acto de protesta masivo.

A última hora de la tarde de ayer uno de los accesos a Jabel Mukaber fue cerrado por grandes bloques de hormigón, en el resto de entradas las patrullas de la Policía de Fronteras seguían atentas al escaso movimiento de vehículos. Así las cosas, a los vecinos de este barrio ocupado desde 1967 poco o nada les importó el anuncio del secretario de Estado, John Kerry, sobre una «pronta» visita a Tierra Santa para intentar calmar la situación.

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