viernes, 9 de octubre de 2015

Pyongyang se prepara para un gran cierre de filas en torno al líder Kim

Kim saluda a una multitud en su vistia al distrito de Sonbong. / KNS (AFP)

KIM JONG-UN »

La capital norcoreana está de gala para acoger el sábado el 70 aniversario del partido único


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MACARENA VIDAL LIY Pyongyang (ENVIADA ESPECIAL) 9 OCT 2015 - 08:54 CEST


Corea del Norte se prepara para celebrar este sábado el acontecimiento más importante de sus últimos tres años, el 70 aniversario oficial de la fundación de su Partido de los Trabajadores. Desde hace meses, todos los esfuerzos del país se han vertido en el desfile que el próximo sábado atravesará la plaza de Kim Il-Sung, el corazón de v, bajo la presencia del líder Supremo, Kim Jong-un. La capital norcoreana se ha recubierto de carteles para un festejo que enviará el mensaje, a los ciudadanos y al extranjero, de que el régimen cierra filas en torno a su jefe, mantiene el control y no piensa cederlo en ningún futuro previsible.

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Pyongyang está de gala. Sus principales avenidas se adornan desde hace días con banderas del país, carteles que conmemoran el "glorioso 70 aniversario del Partido" y letreros luminosos con el símbolo del régimen: la hoz, el martillo y el pincel que "unen a los campesinos, los obreros y los intelectuales en un mismo abrazo", según explica la señorita Min, una de las guías que el Ministerio de Asuntos Exteriores ha asignado a los periodistas extranjeros. Decenas de ellos, procedentes de todo el mundo, han recibido autorización para viajar a uno de los países más herméticos del globo, en una señal de la importancia que el Gobierno norcoreano confiere a la efeméride.

Estrellas que se pensarían, en otras latitudes y otras épocas del año, como navideñas por su diseño y color, o afiches con referencias a la mitología coreana a la que recurre con frecuencia el régimen –el veloz caballo alado Chollima, una alusión al deseo de un rápido desarrollo económico– forman también parte de una decoración especial para el evento que imparte una nota extra de color a las calles de Pyongyang.

A los adornos se suman los estrenos. Desde esta semana un crucero, el Mujigae, ofrece recorridos por el río Taedong, después de que Kim Jong-un fuera el primero en subirse a él. El restaurante Kyounghung, uno de los más frecuentados por la elite, se ha renovado de arriba abajo.

Y el aeropuerto Sunan presume desde el 1 de julio de flamante terminal, que recibe a los visitantes con una cafetería a rebosar de productos occidentales, una tienda libre de impuestos donde es posible pertrecharse a la última moda o comprar, a precio de oro, acceso a Internet o tarjetas SIM para móvil. Aunque su funcionalidad tiene un límite: una vez aterrizado el último avión y que los últimos pasajeros han completado el trámite de Aduanas, sus luces se van apagando.

No ocurre lo mismo con las imágenes del Eterno líder, Kim Il Sung, fundador del régimen, y de su hijo y sucesor, Kim Jong-Il, padre del dirigente actual. Hasta once efigies, en estatuas, murales o carteles, decoran el recorrido entre el aeropuerto y el centro de la capital, todas ellas cubiertas de luz. Invariablemente, cualquier otro punto iluminado guarda alguna relación con la dinastía que gobierna el país desde hace 70 años: el Arco de Triunfo, "construido para conmemorar los 60 años de nuestro Querido Líder", o el teatro"inaugurado para el centenario del Eterno Líder", explica la señorita Min.

El ensalzamiento a sus líderes es la base de la propaganda que apuntala al régimen entre sus ciudadanos. Y dentro de esta iconografía, no hay mensaje más rotundo que el del sábado, el desfile militar al que seguirá todo un día de festejos que culminará en una sesión de fuegos artificiales, todo un despliegue para un país cuyo PIB anual per cápita es de 1.800 dólares, por debajo de Lesoto o Sierra Leona.

Se espera que el propio Kim Jong-un presida el desfile por la plaza principal de Pyongyang, acompañado por los más altos representantes de la jerarquía norcoreana. También participarán algunas delegaciones extranjeras, entre ellas de China, encabezada por su responsable de Propaganda, Liu Yunshan. Pekín y Pyongyang, oficialmente amigas, han mantenido unas relaciones cada vez más distantes en los últimos tiempos.

Kim ya recibió hoy un adelanto de ese mensaje de fidelidad. Según informó la agencia oficial KCNA, los principales organismos de poder norcoreanos le enviaron una misiva en la que afirman que "el Partido de los Trabajadores, el Ejército y el pueblo norcoreano siempre vencerán en su heroico avance, al contar con usted en lo más alto de nuestro partido y de la revolución".

A las siete de la tarde, ya de noche en la capital norcoreana, centenares de jóvenes vestidos exactamente igual -camisa y gorra blancas, pantalón negro, corbata roja- se encaminan hacia las entradas del Metro. Acaban de terminar un ensayo del desfile. En otras aceras, en penumbra, se entrevé a decenas de personas que caminan. Son ciudadanos ordinarios que recorren a pie el camino de regreso a casa. El horario laboral concluye a las 18.00, explica la señorita Min.

La organización pro derechos humanos Human Rights Watch ha criticado este jueves esas movilizaciones masivas y otras prácticas que, según afirma, equivalen a la "explotación prestadora" del trabajo de su población. "El trabajo forzado en Corea del Norte se ha convertido en algo tan común que no es ninguna exageración decir que domina las vidas de sus ciudadanos diariamente", asegura su subdirector para Asia, Phil Robertson.

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