lunes, 9 de mayo de 2016

ALZHEIMER ¿Por qué los enfermos de alzhéimer dejan de reconocer a sus familiares?

Los enfermos de Alzheimer no son capaces de recordar gran parte de sus vidas. GEMMA GARNER

Un estudio de la Universidad de Montreal muestra que este síntoma aparece en la fase temprana de la enfermedad

Por JUANI SEGARRA


Todo comienza con olvidar dónde están las llaves o quién llamó al teléfono. Después, la orientación y los recuerdos se ven afectados, para terminar con la dependencia total de otra persona para realizar actividades comunes, como comer o asearse. Elalzhéimer es una alteración neurodegenerativa generalmente conocida por losproblemas asociados a la pérdida de memoria a corto y largo plazo. Las personas que la sufren no son capaces de recordar ninguna de sus experiencias a lo largo de su vida y dejan de reconocer a sus seres queridos, lo que dificulta las relaciones con sus familiares.

Un estudio reciente ha demostrado que la pérdida de memoria y la capacidad de percepción visual de las caras no solo se manifiestan en la fase severa de la enfermedad, sino que ya se observan algunos síntomas en su etapa temprana. Esto explicaría por qué estas personas dejan de reconocer a sus hijos, parejas o amigos. En esta investigación de la Universidad de Montreal, Canadá, se comparan los resultados de 25 afectados y los de 23 ancianos sin ningún tipo de problema neuronal. Los participantes fueron sometidos al Test de Reconocimiento Facial de Benton (BFRT, por sus siglas en inglés), unas pruebas utilizadas por neurólogos y neuropsicólogos para determinar las habilidades de reconocimiento facial. El procedimiento es simple: se presentan una serie de rostros y objetos comunes, en este caso, coches en diferentes posiciones y el sujeto debe señalar qué imágenes son iguales.

Los resultados revelaron que las personas con alzhéimer procesan de forma menos eficaz las caras en posición normal que los rostros invertidos y los coches. "El reconocimiento de rostros invertidos depende de técnicas de estrategia local (observar los ojos, la nariz y la boca de forma individual), mientras que nosotros pensamos que cuando procesamos caras en posición normal, las múltiples partes de un rostro se perciben integradas, como representaciones holísticas de las caras y es en este último punto donde se ha encontrado menos eficiencia en personas con alzhéimer", afirma el investigador principal del proyecto Sven Joubert.

Una posible explicación que ofrece el estudio para las dificultades que presentan los enfermos es que existen regiones específicamente asociadas con la percepción facial que pueden verse afectadas durante el curso de la enfermedad. Varios análisis del volumen de materia gris del cerebro han detectado que las personas que sufren alzhéimer suelen tener atrofia del giro fusiforme derecho, encargado de identificar a personas conocidas.

Una enfermedad irreversible

"Tenemos la concepción de que la visión se hace únicamente con los ojos, con lo que se ve, pero esto no es verdad. El cerebro interpreta la información que ven los ojos", afirma Teresa Moreno, directora de Ediciones de la Sociedad Española de Neurología. Explica que el alzhéimer es una degeneración neuronal progresiva, que va afectando a diferentes funciones de forma gradual.

Los síntomas de la enfermedad pueden variar dependiendo de las zonas del cerebro que estén perjudicadas. "Una persona puede reconocer la cara de sus familiares pero no sus voces, o puede no reconocer la voz pero sí su forma de hablar", cuenta Moreno. Esto se debe a que las conexiones neuronales que relacionan unas regiones del cerebro con otras se encuentran dañadas. "La visión es muy compleja, los ojos pueden funcionar correctamente pero si las conexiones neuronales no funcionan bien, la percepción del mundo exterior se distorsiona", dice la neuróloga.

A pesar de que todavía no existe tratamiento o medicación para acabar con el alzhéimer, Teresa Moreno defiende los ejercicios de rehabilitación cognitiva, que tiene como finalidad ralentizar los efectos de la enfermedad. Además, recomienda estimular varias partes del cerebro con actividades simples como hablar mucho con los enfermos, tratarles de forma cariñosa o, incluso, escuchar música con ellos.

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