jueves, 28 de julio de 2016

ELECCIONES EN EEUU

El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia su discurso durante una ceremonia de despedida del equipo olímpico antes de partir a Río de Janeiro, en el Gran Palacio del Kremlin. YURY KOCHETKOVEFE

El desquite de Putin con Clinton

Existen evidencias que relacionan a Moscú con la filtración de casi 20.000 correos electrónicos en el portal Wikileaks

Para el presidente ruso se trata de una venganza contra Hillary por alentar las protestas contra él en 2011

Por  XAVIER COLÁS Moscú


La venganza se sirve fría. Pero si tu enemigo está lejos, llega por email. Hillary Clinton, cuya 'coronación' se ha visto empañada después de que WikiLeaks publicase la semana pasada el contenido de 19.252 correos electrónicos comprometedores para el Comité Nacional del Partido Demócrata, habrá hecho estos días el repaso de causas pendientes. Hay una que data de 2011, un invierno duro para Vladimir Putin: su popularidad cayó 20 puntos, en pocos meses y en las capitales miles de rusos se echaron a las calles por primera vez para protestar por su decisión de volver al Kremlin y por el supuesto fraude en las elecciones parlamentarias de finales de año. Clinton, que entonces era secretaria de Estado, entró de lleno en el asunto, pidiendo una investigación sobre el 'pucherazo'.

Putin, glacial como siempre pero furioso al mismo tiempo como pocas veces, estalló en una reunión y la acusó de haber desatado las protestas "sin haber recibido pruebas de los observadores". Desde entonces en los obedientes medios estatales rusos se acusó de estar al servicio del Departamento de Estado a cualquier grupo que saliese con pancartas a las calles de Moscú.

Estos días los que aporreaban gritando 'tongo' eran norteamericanos enfadados con su Partido Demócrata. En las misivas se puede observar cómo el partido favoreció a Clinton en las elecciones primarias y buscó desacreditar a su principal contrincante, Bernie Sanders.

Un representante de la campaña electoral de Clinton declaró que los servidores del partido fueron hackeados por piratas informáticos rusos, lo que apuntaría, en su opinión, a las intenciones de las autoridades rusas de ayudar al candidato republicano Donald Trump, que ha hablado varias veces en favor de la política exterior rusa: cuestionando el apoyo a los países Bálticos, por ejemplo.

Las agencias de seguridad de EEUU han dicho a la Casa Blanca que están "bastante seguras" de que Rusia está detrás de este ataque cibernético, que va más allá del procedimiento habitual: muchos países espían a través de ordenadores, también EEUU, pero publicar esos contenidos embarazosos, y hacerlo además en un momento tan sensible como la Convención Demócrata, es un salto cualitativo. Julian Assange, fundador de Wikileaks, es un enemigo declarado de Hillary Clinton y tuvo un programa de entrevistas en Russia Today, la televisión con la que el Kremlin aporta su visión al mundo entero. Pero Assange es sólo un 'difusor' y la inteligencia de EEUU cree que es el GRU, a agencia de espionaje militar de Rusia, el que le ofreció el 'botín' en bandeja. Y que el Servicio Federal de Seguridad, conocido como FSB en Rusia, fue el que antes accedió a los documentos.

El rastro ruso reside, además de en el perfil prorruso de los grupos de 'hackers' implicados, en algunas palabras encontradas en el código y en algunos detalles del llamado 'metadata'. Los investigadores dicen que los ataques se produjeron en horario de Moscú -aunque ahora mismo la diferencia con Madrid es sólo de una hora- y también les llamó la atención que la actividad se detuviese durante los días festivos en Rusia.

Andrei Soldatov, un experto ruso en servicios secretos y control de Internet, considera creíbles las conclusiones de Crowdstrike, la empresa a la que el Partido Demócrata ha recurrido para esclarecer lo sucedido: "Es llamativo que se hayan detectado dos equipos de hackers, uno que crea una grieta en el sistema y otro que accede a continuación".

Dimitri Alperovich, jefe de Crowdstrike, ha identificado a los dos grupos de hackers: "Ambos están ligados al espionaje en beneficio del Gobierno ruso", asegura. Uno de ellos, apodado 'CozyBear', es el que logró penetrar en la intranet de la Casa Blanca y el Departamento de Estado. El segundo, 'FancyBear', ha atacado sectores estratégicos en países como EEUU, Canadá, Irán, Georgia, Japón, Corea del Sur, la mayoría rivales geopolíticos de Rusia. Aunque el presidente de EEUU, Barack Obama, ha dicho que "es posible" que Rusia esté detrás, las gestiones conjuntas de Washington y Moscú en asuntos delicados como la crisis Siria explican que haya evitado hasta ahora hablar relacionar, a pesar de las evidencias, estos grupos de hackers con Rusia.

El Kremlin ha negado tener nada que ver. "Rusia nunca se inmiscuye en los procesos electorales en otros países, incluidos los de Estados Unidos", ha dicho el portavoz del Kremlin. El propio fundador de WikiLeaks, Julian Assange, a su vez dijo que no hay motivos para creer en una supuesta 'pista rusa'.

Soldatov, autor de 'La web roja', un libro sobre el control de Internet en Rusia, cree que existen similitudes entre el ciberataque contra el Partido Demócrata y el que sufrió Ucrania el pasado 23 de diciembre en una central energética de la región de Ivano-Frankivsk. Ante los pasmados ojos de uno de los operarios de la sala de control, el puntero del ratón empezó a moverse sólo por la pantalla de su ordenador, cerrando el suministro a 230.000 residentes, que se quedaron sin luz y calefacción en el momento. El ordenador siguió rebelándose y cerró la sesión, sin posibilidad de volver a entrar porque cambiaron su contraseña al instante.

La investigación fue encargada a Dragos Security, que dictaminó que no había sido obra de gamberros. "Se repite el patrón de dos equipos distintos para llevar a cabo el plan, y hay qué pensar por qué esta jugada", explica Soldatov.

La tesis de Soldatov y de los investigadores es que son cibercriminales "los que en un primer momento penetran en el sistema, y después entran en contacto con un agente estatal que se encarga del resto". El rastro ruso se halló en una inundación de llamadas automáticas para colapsar los números de teléfono donde los usuarios denuncian estas averías: todas provenían de Moscú.

El ataque logró un efecto político clarísimo: un enfado ciudadano monumental con el gobierno y la fiabilidad de las compañías energéticas ucranianas quedó por los suelos, justo en un momento en el que algunas de ellas -propiedad en algunos casos de oligarcas rusos- iban a ser privatizadas por Kiev. Pero si Rusia estuvo detrás, fue además -como en el caso de Hillary- una manera de devolver el golpe:nacionalistas ucranianos habían saboteado infraestructuras energéticas de Crimeadespués de la anexión por parte de Rusia.

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