viernes, 22 de julio de 2016

IRAK La situación humanitaria

Panorámica del campo de refugiados sirios de Kawargosk (en el Kurdistán iraquí). Al fondo, la línea de frente con el Estado islámico. ROSA MENESES

Un 'oasis' para los kurdos sirios que huyen de la guerra y del Estado Islámico

Los refugiados del campo de Kawargosk, que acoge a 13.500 personas, se encuentran atrapados entre la crisis económica del Kurdistán iraquí y la amenaza del Estado Islámico

Huyendo del Estado Islámico en Irak con miedo y hambre

Por ROSA MENESES Kawargosk (Kurdistán iraquí) @rosameneses10


Un ramillete de girasoles contrasta con un mar blanco y azul de tiendas de lona. Es el pequeño oasis de una familia que ha tenido que huir al exilio para evitar la muerte en Siria. "Decidimos plantar este pequeño jardín porque no había en el campo nada que nos hiciera felices. Al menos estas flores nos hacen sonreír", cuenta Amal Miqai dentro de su tienda, decorada con bordados, flores y banderas kurdas en las que luce el sol. Miqai vive con sus padres y sus siete hermanos en elcampo de refugiados sirios de Kawargosk, situado en la frontera entre la provincia kurda de Erbil y la de Nínive, cuya capital, Mosul, está en manos del grupo yihadista Estado Islámico.

Allí se instalaron hace cuatro años, llegados con miles de familias que cruzaron la frontera entre Siria y el Kurdistán iraquí. "Vivíamos en Damasco, pero tuvimos que dejar nuestra casa cuando empezó la guerra y nos refugiamos en Qamishli", explica Amal. Como todos los refugiados sirios de este campamento, son kurdos. "Tres días después de abandonar nuestra casa en Damasco, supimos que la habían prendido fuego. Ahora, no sabemos si sigue en pie", cuenta. Cuando las cosas se pusieron mal en Qamishli, con el acoso del Estado Islámico (IS, en sus siglas en inglés) a la región de Rojava (el Kurdistán sirio), huyeron de nuevo. "Vinimos en autobús hasta aquí... No recuerdo cuánto duró el viaje... Quizá dos días, no estoy segura", dice.

Amal y su hermano Shukri cuidan de su pequeño jardín todo lo que pueden. "El clima aquí no es bueno para las plantas", dice esta mujer de 30 años. Y es que las temperaturas en este inhóspito lugar pueden superar los 45 grados. Viven con muchas dificultades, porque no tienen ingresos ni trabajo. "Si pudiera volver a Siria, volvería a Damasco", sueña Miqai.

Shukri Miqai, en el pequeño jardín que cuida con sus hermanos, junto a su tienda del campo de refugiados sirios de Kawargosk (Kurdistán iraquí). ROSA MENESES

"Recuerdo muy bien cuando se estableció este campo de refugiados. Eran las 5.00 de la mañana del 15 de agosto de 2013", señala Xawam Mohamed Arif, director del campamento. "La gente de Kawargosk mostró una gran hospitalidad y solía traer comida y dar ayuda a los refugiados. Nuestra mayor prioridad era hacer que estuvieran seguros y tuvieran un lugar donde vivir", añade. "Lo levantamos en menos de 24 horas para dar cobijo a 450 personas, con la ayuda del Gobierno kurdo y de las organizaciones internacionales", afirma.

En Kawargosk viven 13.500 personas, todos kurdos de Siria. "Provienen de zonas como Qamishli, Kobane o Hassakeh, son 2.400 familias. Excepto unas 15 familias que son árabes", explica Arif. El mayor reto al que se enfrentan las autoridades del campo es la crisis económica que se ha instalado en la región del Kurdistán iraquí, debido a la drástica bajada de los precios del petróleo. "Tenemos dificultades económicas que repercuten en el bienestar de los refugiados. Algunas familias no tienen medios para sobrevivir, no encuentran trabajo y no reciben ayuda internacional, ya que la falta de fondos afecta a las agencias de la ONU. Por ejemplo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) tuvo que recortar las ayudas a estas familias para cubrir sólo al 60%", señala.

"Otra preocupación para nosotros es que nos encontramos en un área cercana a los combates contra el IS", agrega el director del campo de Kawargosk. Desde una colina cercana, se divisa el océano de plástico bajo el que los refugiados se cobijan y, al fondo, la línea del frente con el IS.
Casos de malnutrición

Evin Hassan, de 19 años, trabaja en la pequeña clínica que Unicef tiene en Kawargosk para detectar y tratar casos de desnutrición infantil. "Aquí medimos y pesamos a los bebés y los niños y cada mes detectamos unos seis o siete casos de malnutrición", refiere. "También ofrecemos educación a las mujeres sobre cómo cuidar a sus bebés. Muchas se casan y tienen hijos aquí y no saben cómo darles el pecho o a qué edad deben retirar la leche materna", prosigue.

Hassan es una joven refugiada que viene de Qamishli. Otras dos de sus compañeras son también del Kurdistán sirio. "La guerra cambió nuestras vidas, pero desde que empezamos a venir a trabajar aquí, me siento satisfecha de poder ayudar a mi gente", dice Nasrin Abbas, de 24 años, mientras Dalal Zinan, de 22, la escucha asintiendo. Ella estudiaba en la Universidad de Alepo y tuvo que dejar sus estudios. Asia Baqer, de 23 años, luce la misma bata blanca que sus compañeras. Ella es originaria de Kawargosk y viene todos los días a trabajar a la clínica del campamento. "No les veo como sirios, sino como kurdos y como seres humanos. Bendigo esta oportunidad para ayudar a mi pueblo", concluye.

Pero en campos como Kawargosk sólo viven el 20% de los refugiados sirios y desplazados iraquíes que se han exiliado al Kurdistán iraquí. "El mayor desafío para nosotros es dar asistencia a los refugiados que están diseminados en las comunidades, que es la mayoría. Es difícil prestarles ayuda, hacer seguimiento y los recursos de las comunidades locales están agotados. La actual situación económica está afectando al apoyo que prestaba el Gobierno Regional del Kurdistán. Y la falta de trabajo afecta tanto a locales como a refugiados sirios y desplazados iraquíes", evalúa Alfred Stuart, especialista en protección infantil de Unicef en el Kurdistán iraquí. A esta región han huido 235.000 sirios -según cifras del Gobierno kurdo- y sólo la provincia de Erbil acoge a 115.000 personas que han huido de la guerra. De los fondos que Unicef necesita este año para proveerles de educación, salud, agua y saneamiento, sólo ha podido cubrir el 25%.

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