martes, 23 de agosto de 2016

Bachelet, nadie te cree

Lo digo porque en la última encuesta CEP quedan en el desprestigio total los políticos y los funcionarios públicos; el Estado, digamos. Pero los empresarios no…. es como si no existieran. Ni una sola palabra sobre ellos. No había preguntas en la CEP que indagaran si a ellos les creíamos o no. Era que no. Saben perfectamente cuál sería nuestra respuesta. Hace muy poco, el mismísimo Eliodoro Matte, empresario y político conservador, “dueño” de la CEP, había tenido que renunciar al think tank por las faltas a la probidad –por corrupción– en sus empresas. Por eso digo que no CEPamos ingenuos y no nos dejemos llevar por asonada conCEPvadora de estos últimos días: no se le cree a la Presidenta, a los políticos y tampoco a los empresarios.

Por JAIME RETAMAL


Así estamos. Tuteando a la Presidenta de Chile y diciéndole, en su cara, que nadie le cree.

Las marchas anti-AFP de este domingo demostraron que el problema no era la CEP. Lo que sucede es que a la Presidenta Michelle Bachelet la gente simplemente no le compra su discurso, ni su tonito quejumbroso, ni su deseo de igualdad, ni nada. La gente ya terminó por entender que el “marmimoc” de discursos preparados –esas tarjetitas que usa para hablar, vez por vez, y que dan la impresión de ser verdaderas prótesis del habla– son simple y llanamente eso: discursos, palabras vacías. No le creen que quiera cambiar nada. Su apego al modelo es inconfundible. Y lo que uno escucha en la feria popular es un tuteo insolente: “No te compro, Bachelet", “no te creo”. Así no más estamos.

No es que se desconfíe de lo político, sino que lo que pasa es que la gente desconfía de la política, de la expresión institucional de lo político. Pero no solo de la política, por cierto, no CEPamos tan ingenuos.

Lo digo porque en la última encuesta CEP quedan en el desprestigio total los políticos y los funcionarios públicos; el Estado, digamos. Pero los empresarios no…. es como si no existieran. Ni una sola palabra sobre ellos. No había preguntas en la CEP que indagaran si a ellos les creíamos o no. Era que no. Saben perfectamente cuál sería nuestra respuesta.

Hace muy poco, el mismísimo Eliodoro Matte, empresario y político conservador, “dueño” de la CEP, había tenido que renunciar al think tankpor las faltas a la probidad –por corrupción– en sus empresas. Por eso digo que no CEPamos ingenuos y no nos dejemos llevar por la asonadaconCEPvadora de estos últimos días: no se le cree a la Presidenta, a los políticos y tampoco a los empresarios.

Es el efecto de la corrupción pero también es el efecto –como lo han dicho varios– de una élite viviendo en un mundo aparte, en una moral aparte, en una sociedad aparte, en comunas aparte, en colegios, hospitales, malls, en villas y en calles aparte. No le creemos a una élite que vive en un Chile aparte. Élite apátrida, élite sin República ni relato ético.

Para muchos la pregunta o la conclusión ante esta constatación es obvia: ¿las élites están repensando su conducción en el nuevo contexto social chileno o estamos en presencia –años tras año, gobierno tras gobierno– de respuestas conservadoras casi reaccionarias al nuevo Chile del siglo XXI, que ya no acepta los abusos de clase, sea cual sea la clase dominante, la élite de turno?; ¿más tecnocracia es lo que necesitamos para salir de este entuerto en el que estamos, de esta crisis, a más de dos décadas de gobiernos de centroizquierda?

En este sentido, para entender y comprender la sociedad que está todavía en la calle, conviene leer “Los tiempos de la politización”, el último Informe del PNUD sobre Chile. Estos Informes habían caído en desgracia fundamentalmente porque Pedro Güell –su “autor” de antaño– había traspasado la línea roja y se había transformado en el orejero principal del desastre que ha sido este gobierno de Michelle Bachelet y sus boys de la Nueva Mayoría. Su orejero, sí, pero sobre todo su hombre de confianza, el intérprete sociológico preferido de Palacio.

Pedro Güell, todos lo saben, es el principal asesor de Michelle Bachelet y por desgracia había arrastrado todo el trabajo que el PNUD había realizado en nuestro país. Era casi como cuando un político se pasa a las líneas de asesorías de las AFP. Así de duro. Pues bien, hoy, finalmente, el PNUD demuestra con este nuevo Informe 2015 que es mucho más que el trabajo individual de un orejero, es un equipo que puede decirle al país algo mucho más serio que una encuesta del CEP.

En uno de sus mejores párrafos leemos: “Por un lado, el creciente poder de los medios de comunicación ha terminado por disminuir la capacidad de los partidos para formar y canalizar las preferencias de los ciudadanos (Manin, 1997). Por otro lado, la aparición de actores y movimientos sociales especializados en defender los intereses de grupos de ciudadanos también afecta la habilidad de los partidos para mantener un vínculo con la sociedad (Tarrow, 1998). Al haber nuevos canales y oportunidades para ejercer la representación política, el papel de los partidos es desafiado y las elites en su conjunto se ven obligadas a repensar la conducción y el ejercicio del poder en la sociedad” (p. 190).

Para muchos la pregunta o la conclusión ante esta constatación es obvia: ¿las élites están repensando su conducción en el nuevo contexto social chileno o estamos en presencia –años tras año, gobierno tras gobierno– de respuestas conservadoras casi reaccionarias al nuevo Chile del siglo XXI, que ya no acepta los abusos de clase, sea cual sea la clase dominante, la élite de turno?; ¿más tecnocracia es lo que necesitamos para salir de este entuerto en el que estamos, de esta crisis, a más de dos décadas de gobiernos de centroizquierda?

Es para pensarlo. El Informe del PNUD dice que “la élite que es reconocida como la más poderosa, según sus pares” –la élite económica– es la que muestra “una menor apertura positiva al proceso de politización en curso” en la sociedad chilena.

Es la misma élite que hizo de la política –aquello que por excelencia debiese representar a lo político- un boliche más de compra-venta. Es la misma élite que hizo de la clase política su mejor negocio y, qué decir, viceversa.

En ese boliche cayó la Presidenta. Hace rato. Por eso, “nadie te cree”.

No hay comentarios: