martes, 18 de octubre de 2016

El reclamo del pánzer

El ex ministro reitera su intención de competir en las primarias de su partido y acusa a sus correligionarios de no cumplir el compromiso de discutir el tema presidencial después de las municipales. “En el PS pertenecí al mismo sector de Ricardo Lagos y de Isabel Allende, y eso no quita que podamos competir lealmente, ” señala Insulza. “La gente quiere participación y eso le hemos prometido”, agrega.

Por Gladys Piérola y Jorge Arellano


El pasado 20 de agosto, el agente chileno ante La Haya, José Miguel Insulza (73), sinceró públicamente una idea que en los pasillos del Partido Socialista se murmuraba hace un largo tiempo. El ex ministro del Interior confesó su “disponibilidad” para medirse en una primaria presidencial de la Nueva Mayoría. Han pasado casi dos meses y el escenario político cambió. El ex presidente Ricardo Lagos manifestó su disposición, y las encuestas posicionaron al senador Alejandro Guillier como el nombre más competitivo del bloque oficialista.

Sin embargo, Insulza dice que mantendrá la “calma” y, a diferencia de 2009, cuando su nombre también se evaluó, dice que esta vez su decisión no se demorará tanto.

No habrá definiciones hasta que el comité central del PS zanje el mecanismo para elegir al candidato del partido. Una decisión que puede reevaluar el naipe del PS y su futuro frente a la demanda contra Bolivia, pues él insistirá en las primarias internas, aunque ni Lagos ni Allende estén hoy muy convencidos de apoyar.

—¿Cambió esta semana el escenario desde que su partido relativizara las primarias?
—El compromiso, que aquí no se ha cumplido, es que no iba a haber discusiones sobre esto antes de la municipal. Yo lo cumplí hasta hace unos días atrás cuando ya tuve una reacción a lo que se decía, pero entendí que ese compromiso, sobre todo dentro del PS, era propiciar una designación abierta. No tengo que ver con los otros partidos, no estoy para darles lección a los otros partidos, lo que he cuestionado es la posibilidad de que el PS o que alguno de sus dirigentes esté dispuesto a omitir ese trámite.

"He anunciado una disponibilidad de ser candidato. He recorrido, por mis propios medios, comunas apoyando a candidatos, como lo hago siempre. En el partido todos saben en qué estoy, probablemente alguna pregunta podrían hacerme de vez en cuando"

—¿Usted seguirá presionando por primarias al interior del PS?
—Eso lo decidirá el comité central en noviembre. Más allá de la cosa partidaria, hay un tema político. Si buscan declaraciones mías anteriores, alguna vez dije que las primarias eran un mecanismo, no un fin en sí, pero en este caso lo que justifica una primaria es que la gente quiere participación y le hemos prometido eso. Es una cuestión de principios, pero muy ligada a la coyuntura que estamos viviendo. Es el momento para hacer un gran esfuerzo para relacionarse con la ciudadanía antes de la elección presidencial.

—Pero ¿cómo lee que Isabel Allende y Ricardo Lagos estén juntos en esto? El ex presidente incluso evitó señalar si ustedes eran del mismo mundo.
—No puedo cuestionar una decisión de uno o una de bajarse en favor del otro. Eso es legítimo, pero eso no significa que no va a haber otros que quieran participar. Esto no es un acuerdo de a dos. Lo segundo, afinidades siempre tenemos todos. Pertenecí en el PS al mismo sector de Lagos y de Isabel Allende y eso no quita que podamos competir lealmente en una primaria.

—¿Es necesario para el PS marcar diferencias entre estas distintas visiones?
—Si la pregunta es cuáles son las diferencias con Allende y Lagos, lo dejamos para después que haya una decisión sobre cómo se va a dilucidar el tema presidencial. No obstante, ya se han fijado diferencias con Lagos, como la posición sobre el lucro en la educación y las frases de “los señores políticos”. En el lucro estoy en desacuerdo con él. Perfectamente puede diseñarse un sistema en el cual haya colegios o universidades con muchos recursos, pero no con fines de lucro. En los “señores políticos”, llamé la atención sobre la necesidad de evitarse el término, no sólo porque lo inventó Pinochet, sino porque acepta la existencia de una diferencia entre el mundo de la política y los ciudadanos.

—Ha dicho que en el PS no consideraron su opinión ¿Se siente dejado de lado?
—No soy candidato. He anunciado una disponibilidad y sigo haciendo lo que hago. Creo que lo hago bien y sigo trabajando en lo mío. No tengo un aparato partidario ni mucho menos detrás de mí. He recorrido, por mis propios medios, una cantidad de comunas apoyando a candidatos, como lo hago siempre desde hace muchos años. Desde ese punto de vista, en el partido todos saben en qué estoy, probablemente alguna pregunta podrían hacerme de vez en cuando.

—Dentro del PS algunos sectores o dirigentes, como el senador Carlos Montes, no lo ven compitiendo con Lagos, porque apuntan al mismo nicho.
—Esa es la opinión de Carlos, un buen amigo, pero no estoy de acuerdo con él. Nunca me he sentido ofendido porque alguien me diga algo que no sea insultante. Si alguien dice que no soy un candidato relevante, esa es su opinión, entonces querrá decir que no me apoyará.

—¿Ha conversado el tema con Lagos, hay más coincidencias que diferencias?
—He leído sus libros y hay coincidencia. Hay algunos puntos en los que pensaría de manera distinta, pero no voy a cuestionar eso ahora. No creo que sea el momento. Estoy tratando de no iniciar el debate presidencial antes de la elección municipal.

—¿Pero hay diferencias?
—Si estamos hablando desde el punto de vista de la amistad y la relación, tendría que comunicarle primero a él mis diferencias antes de comunicárselas a ustedes. Sí me extraña que Ricardo Lagos hable tanto sobre el futuro y poco de su gobierno. Su gobierno fue muy bueno y estoy muy orgulloso de haber participado en él. Me extraña que no lo defienda con la fuerza que lo defendería yo, francamente. Me refiero a las reformas constitucionales, por ejemplo. Él ha manifestado estar muy dispuesto a una reforma constitucional y es legítimo. Ciertamente no se hicieron todas las cosas, pero la reforma de la Constitución que lleva la firma de Lagos, a mi juicio, fue un momento histórico en el que se puso fin a los enclaves autoritarios y se entró a una verdadera democracia. Yo reivindicaría más eso, de lo que los reivindica él.

—¿Es impopular hoy hacerse cargo de la Concertación?
—Cada vez es más popular. Es mucho más popular que hace dos años atrás y eso es correcto, hasta un cierto nivel de edad. Porque a otro nivel de edad uno tiene que explicar bien las cosas que se hicieron y las que no se hicieron. Llegamos al gobierno con un 40% de pobres y ahora se entristecen porque hay un 10% de pobres. Era un país con mucha desigualdad, con mucha pobreza y con mucha desesperanza. Más allá de los enojos de todas las cosas, estamos hoy mucho mejor que entonces. Yo defiendo ese pasado con mucho orgullo. No tengo ningún problema, y si alguien me pregunta por qué no hicimos algo, le diré tal cual que estábamos haciendo otras cosas que en ese momento eran más importantes.

—¿Ahora están las condiciones para hacer cosas distintas?
—Por cierto. No olvidemos que pertenecemos a la izquierda y somos los sectores progresistas. La diferencia entre un progresista y un conservador es que un conservador acepta lo que hay e incluso quiere volver atrás un progresista siempre quiere moverse hacia adelante. Quiere cambiar y modificar las cosas. Entonces me encanta que aparezca Hernán Larraín hablando de las necesidades de implantar más abiertamente los derechos humanos, porque probablemente él no creía eso hace 30 años atrás. Eso es una gran victoria. Pero mi obligación es pensar en cosas nuevas, en qué hacemos ahora y cómo mejoramos, por ejemplo, la gran violación de los derechos humanos que hay en este país y que son las condiciones en las que están las cárceles, incluyendo el Sename y los recintos en los que están los niños.

—Algunos ven a Lagos como quien viene a poner paños fríos a los cambios impulsados por Bachelet, lo que genera apoyos, por ejemplo, en el empresariado ¿Usted se centra más a la izquierda de esa posición?
—El interés de los empresarios radica en que empezamos el gobierno de Lagos con una profunda crisis económica en 1999 y la crisis demoró un par de años. Me reunía con empresarios todas las semanas, así que conozco a todos los de entonces. Y, sin embargo, terminamos el gobierno con una enorme alza económica y eso la gente lo recuerda. En cuanto a Lagos, sus transformaciones fueron profundas, algunas como el fin del enclave autoritario. Por lo tanto, si esperan que Lagos sea el presidente de lo conservador, que se parezca a Arturo Alessandri, agente de cambio en su primer gobierno y agente conservador en su segundo gobierno, no creo que sea eso. No me parecería justo decir eso.

—¿Las reformas del actual gobierno deben profundizarse?
—Las reformas que se han hecho están ahí. A lo que tenemos que ir es a la reforma educacional, que es evidente que no se va a cumplir en este gobierno. Tenemos que revisar el sistema de salud, la forma en que estamos respondiendo, que es una de las grandes demandas de la gente. Tenemos tareas fundamentales desde el punto de vista de la previsión, que están ligadas con la desigualdad, porque creo que la gente gana bajas pensiones por muchas razones, pero sobre todo porque gana muy bajos sueldos. Tenemos que enfrentar los temas constitucionales. Ese es un tema que ya está puesto, que la gente joven sobre todo quiere, que lo demostraron en los cabildos y que sigue ahí pendiente.

—A su juicio, ¿estos son los grandes temas que se deben discutir en una próxima campaña presidencial?
—Debería haber hablado antes de las dos cosas que me preocupan más. Una, porque está detrás de todo: el crecimiento económico. Se ha demostrado ya demasiadas veces que sin crecimiento todas las demás cosas no se hacen, esa es la realidad. Con crecimiento de 1% o 2% por gente rica que se sigue enriqueciendo, pero no hay gente pobre que se vaya desempobreciendo. Y el problema que más le preocupa a la gente es el tema de la seguridad pública.

"Me extraña que Ricardo Lagos hable tanto sobre el futuro y poco de su gobierno. Su gobierno fue muy bueno y estoy muy orgulloso de haber participado en él. Me extraña que no lo defienda con la fuerza que lo defendería yo, francamente. Me refiero a las reformas constitucionales, por ejemplo"

—¿El que el PS y el PPD busquen un acuerdo tiene que ver también con contrarrestar la figura de Alejandro Guillier?
—Primero que todo, creo que en una coalición de gobierno nadie debería hacerle frente a nadie, uno tiene que presentar sus ideas y que la gente decida. O sea, para mí no sería ninguna catástrofe que cualquiera de los actuales postulantes sea elegido. Votaría de mil amores por cualquiera de los que están postulando, incluido Guillier, y por cierto, Lagos e Isabel Allende. Ahora, el sueño de la fusión PS-PPD es antiguo, fui del mundo socialista renovado, creamos el PPD, y por lo tanto, cuando el PS pudo legalmente reconstituirse, mucha gente habló de una cierta fusión. Creo que eso deberíamos hacerlo, y Lagos ha propuesto lo mismo muchas veces, pero tal vez no sea a través de crear mecanismos que nos alejan de la gente la mejor forma de reunir al PS y al PPD.

—¿Allende se equivocó al adelantar esta discusión?
—Uno podría criticar el hecho de que lo haya sido como presidenta del partido y dirigiendo la campaña municipal. Pero entiendo que ella está sujeta a muchas presiones y el mismo hecho de estar encabezando la campaña municipal, y de ser el rostro socialista, haga que la presionen mucho. Creo que ella sinceramente ha tratado de que la campaña municipal sea propiamente municipal, pero efectivamente son sus declaraciones presidenciales las que empezaron a agitar el agua.

—Hay quienes dicen que la posibilidad de Allende se está desinflando, ¿cree que esto la lleva a tomar este tipo de decisiones?
—No lo sé, pero que uno está sujeto a ese tipo de presiones el día entero, no le quepa ninguna duda. O sea, a mí me llegan a decir a cada rato: “Pero mira cómo se están adelantando los otros”. Los amigos de uno siempre quieren que uno salga a la palestra y en los diarios todos los días, pero las cosas no son así.

—Pero hay nombres que se han ido adelantando en las encuestas como Piñera y Guillier…
—Si se acuerdan, Laurence Golborne, creo que por esta fecha era el mejor posicionado para la elección presidencial anterior y en seguida ni siquiera fue elegido senador. Precisamente lo que hace que la gente reaccione frente a esas cosas, a fenómenos que se producen sin que se hayan consolidado, es el tema de la ansiedad. Si alguien está destinado a consolidarse, se consolidará más adelante pero uno no puede reaccionar por las expectativas cuando falta más de un año para las elecciones presidenciales, creo que es un error.

—¿Hasta cuándo hay que esperar?

—Ojalá después de las municipales los partidos hagan una reflexión muy profunda respecto de cómo quieren llevar adelante las cosas.

—Hay ciertos liderazgos que son necesarios para ciertas épocas.
—Hay liderazgos que son necesarios para ciertas épocas y hay liderazgos que son necesarios para ciertos sistemas políticos, pero no creo en los liderazgos providenciales, no creo en un líder que saca al país de una tragedia. Siempre ha sido así, el presidente es el que encabeza un movimiento, un colectivo y segundo, la política de los países es demasiado compleja para entregársela a una sola persona.

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