domingo, 29 de enero de 2017

"Lo que le ha sucedido a mi familia es una traición"

El iraquí deportado junto a su familia a Irak cuando viajaba hacia EEUU relata a EL MUNDO el sueño roto de huir de la violencia


Por FRANCISCO CARRIÓN - El Cairo

Cuando, tras dos años de trámites, las autoridades estadounidenses le concedieron el visado, Fuad Sherif no titubeó. Era el sueño de su vida. Decidido a emprender el viaje cuanto antes, renunció a su empleo en el Kurdistán iraquí, vendió su casa y junto a su esposa y sus tres hijos hizo las maletas. "Nunca antes había pensado en emigrar. Solicité el visado en septiembre de 2014 en virtud de un programa del Gobierno estadounidense para ayudar a los iraquíes que colaboraron con el ejército y otras organizaciones estadounidenses. Sentí que mi familia estaba en peligro", relata a EL MUNDO Fuad, que tras la invasión de Irak en 2003 trabajó en programas financiados por la agencia estadounidense para el desarrollo internacional (USAID, por sus siglas en inglés).

Su familia tenía como estación final el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York pero se quedó lejos de alcanzarlo. El sábado, durante la que debía ser una breve escala en el aeropuerto de El Cairo, las autoridades egipcias le impidieron tomar el avión de la aerolínea local Egyptair con destino a Estados Unidos. Los funcionarios alegaron la prohibición de entrada en el país dictada horas antes por Donald Trump contra ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, entre ellos, Irak.

"Es una tragedia. Hemos pasado 25 horas atrapados en el aeropuerto de El Cairo y nos han deportado. Estamos hundidos. Trabajaba en una farmacéutica y dejé el puesto para emigrar. Vendí mi hogar y todo lo que tenía para costear el viaje. Y ahora no tenemos nada", maldice Fuad al otro lado del hilo telefónico, recién aterrizado en Erbil, la capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí. "Nos gastamos 5.000 dólares [unos 4.670 euros] en billetes de avión y hemos perdido el dinero", balbucea aún conmocionado por la sorpresa. "Durante los últimos dos años hice todo lo que estaba a mi alcance para cumplir con las autoridades y poder viajar. Había logrado un permiso para vivir allí durante un año. Me gustaría preguntarle a Trump si mi familia y yo nos hemos vuelto una amenaza de la noche a la mañana. Tienen el deber moral de ayudarnos", lanza empeñado en mantener el itinerario. "No voy a cambiar mis planes. No me planteo solicitar visado en Europa. Mi sueño era vivir en Estados Unidos. Admiro al pueblo estadounidense y me encanta su historia y su literatura", comenta incapaz de comprender como Trump ha impuesto el veto una semana después de llegar a la Casa Blanca sin hallar el más leve obstáculo. "Es una decisión guiada por la locura más absoluta. Generalizar y considerar terroristas a todos los iraquíes resulta ridículo. Buena parte de los terroristas del 'daesh' [acrónimo en árabe del autodenominado Estado Islámico] no tienen origen iraquí. Proceden de Europa", arguye Fuad. "El veto solo servirá para fortalecer el ideario terrorista y EEUU se arriesga a perder aliados", alerta.

Hasta el sábado este padre de familia era uno de los 7.000 iraquíes que desde 2008 habían logrado residencia en suelo estadounidense en virtud de una iniciativa especial diseñada para proporcionar refugio a los civiles iraquíes que se jugaron la vida colaborando con las tropas y las autoridades estadounidenses tras la caída de Sadam Husein. Fuad se acogió al programa tres meses después de que las huestes del IS (Estado Islámico) tomaran Mosul y cosecharan rápidos avances por el norte del país. "Trabajé en RTI [una ONG que colabora con USAID] para derrocar al régimen de Sadam Husein y establecer la democracia y los derechos de la mujer.Lo que le ha sucedido a mi familia es una traición", advierte. "Serví a EEUU, puse mi vida en peligro para ellos y desafié a quienes consideraban que trabajar con los estadounidenses era un acto de infieles. No hice todo eso para que ahora llegue una persona y cancele el programa creado para socorrernos", denuncia abatido por el percance que ha trastocado su futuro. Mientras Fuad barrunta una alternativa y espera la llamada de la embajada estadounidense, un pariente ha dado cobijo en Erbil a su esposa Arazu y sus tres retoños, un hijo de 19 años y dos hijas de 10 y 17. Todos se hallan muy lejos de su destino inicial, Nashville, la capital del estado de Tennessee. "Queríamos empezar allí una nueva vida. Yo tenía previsto estudiar Administración y Dirección de Empresas y soñaba con ver crecer a mis hijos en EEUU. Lo que ha hecho Trump es un acto de ingratitud que jamás pensé que pudiera cometer un país democrático", concluye.

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