jueves, 9 de marzo de 2017

Alejandro Guillier: lo viejo, lo nuevo y las contradicciones en la Nueva Mayoría

Esta descripción es real, pero insuficientemente abarcadora. La interminable transición –por llamarla de alguna manera– se ha hecho sin los ciudadanos. Nunca la agenda política fue más autoritaria y vertical que en los cuatro gobiernos de la Concertación. Una suerte de despotismo ilustrado chilensis.

Por ROBERTO ÁVILA


Luego de la publicación de mi columna de opinión anterior, recibí una serie de comentarios.

Mi tesis es que Guillier puede ganar la interna de la Nueva Mayoría e incluso la presidencial, pero que tiene muy pocas posibilidades de resolver las contradicciones entre lo viejo y lo nuevo al interior de la NM, lo cual expone a su gobierno a los mayores riesgos, como le ocurrió a don Fernando de la Rúa.

La crítica más relevante que recibí sostiene que las contradicciones en la NM son más aparentes que reales, simples posicionamientos en la perspectiva del reparto de las mieles del poder. Es por ello que el conglomerado, por sobreaggiornamentos semánticos e incorporaciones simbólicas, se ha mantenido por más de un cuarto de siglo en fructífera administración y defensa –cuando ha sido oposición– del modelo neoliberal.

Esta descripción es real, pero insuficientemente abarcadora. La interminable transición –por llamarla de alguna manera– se ha hecho sin los ciudadanos. Nunca la agenda política fue más autoritaria y vertical que en los cuatro gobiernos de la Concertación. Una suerte de despotismo ilustrado chilensis.

Esto fue un diseño: se ahogaron los medios de prensa alternativos, se clientizaron las organizaciones sociales, se despolitizaron los partidos políticos, etc. Los ciudadanos mutaron en consumidores; y los dirigentes, en soberbia casta política.

A partir de las movilizaciones estudiantiles de 2011 algo cambió. Algo. No partió la historia de Chile ni la lucha de clases, como creen algunos jóvenes entusiastas, aspiracionales y poco asiduos a las lecturas históricas. Ese algo fue que sectores sociales pusieron temas en la agenda, primero la educación y luego las AFP.

La exclusiva y excluyente representación de la sociedad por la casta política reflejó sus primeras trizaduras.

A esto se le vinieron a sumar los escándalos de corrupción que poseen una sola lectura en la sociedad: los empresarios tienen comprados a los políticos y por eso pueden abusar como quieren. Esto es una piedra en la conciencia ciudadana.

Si se quieren resolver los problemas más graves y urgentes de Chile, hay que renacionalizar el cobre. Esto es algo más complicado que todos esos voladores de luces con que nos embolinan la perdiz, como el aborto en tres causales, la marihuana subvencionada o el matrimonio que exigen algunos(as).

Los señores políticos tienen que hacer conducta si quieren seguir trabajando en lo mismo. Ya el sentir de la calle no se puede desatender. No por convicción, sino por necesidad de supervivencia, un sector de la NM tendrá que representar a los ciudadanos. Pueden no hacerlo, pero en ese caso el Titanic no navegará mucho más.

Esta situación objetiva, ruptura de su representación, en la que se encuentra la clase política hace que sus contradicciones internas se tornen reales y cobren dramatismo.

Chile tiene una agenda urgente con los siguientes temas: 1) la corrupción –política, militar, empresarial–; 2) la ralentización económica; 3) la regionalización; 4) la agenda ecológica; 5) la postergada educación Pública y Gratuita; 6) la reestructuración radical del sistema de pensiones.

Los puntos 1, 2, 3 y 4 son relevantes para un buen gobierno. Pero también se puede hacer un mal gobierno sin que las cosas se descalabren.

El problema está en los puntos 5 y 6, que han sacado a millones de personas a la calle. No tienen la épica ni la extensión; tampoco la represión criminal de las ochenteras protestas nacionales. Con todo, son millones en las calles que, de quererlo, pueden expresar su malestar en las urnas electorales y con un lápiz de grafito dejar a muchos cesantes.

Para resolver educación y pensiones, y si se quiere paliar lo ecológico, tiene que haber una fuerte intervención del Estado. No hay otra fórmula, las lucas deben venir del Estado, en grandes cantidades, todo lo demás son malabarismo de la demagogia.

Esto nos conduce a la única solución posible: la renacionalización del cobre y las riquezas naturales. Ese es el nudo gordiano, allí está la contradicción al rojo vivo.

"Si se quieren resolver los problemas más graves y urgentes de Chile, hay que renacionalizar el cobre. Esto es algo más complicado que todos esos voladores de luces con que nos embolinan la perdiz, como el aborto en tres causales, la marihuana subvencionada o el matrimonio que exigen algunos (as)".

Para renacionalizar el cobre se requiere un coraje épico, apoyo en fuerzas sociales conscientes y organizadas, un manejo estratégico napoleónico, apoyos internacionales y una experiencia política asimilada con la prolijidad de un alquimista.

¿Tendrá esa voluntad don Alejandro Guillier?

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