martes, 7 de marzo de 2017

QUERELLA REABRE CASO DE HUMORISTA ASESINADO EN DICTADURA

Luego de presentarse en el festival de Viña en 1974, donde ganó el emblemático galardón, el humorista Hugo Goodman fue invitado a participar en una gira organizada por Bigote Arrocet. Tras cenar en un restorán de la ciudad de Concepción, en pleno toque de queda, los artistas se dirigen en caravana hacia un hotel escoltados por un carro policial. Luego de avanzar un par de metros, se escucha un estruendo en el vehículo manejado por Buddy Richard: un militar había disparado contra el auto. El proyectil le llegó en la nuca a Goodman, causándole la muerte. Más de cuatro décadas después, su hijo presenta una querella ante la Corte de Apelaciones de Concepción contra el Ejército. Esta la historia de uno de los artistas chilenos más famosos en el extranjero cuya memoria jamás fue reivindicada por ningún colega.

Por Jonathan Mardones (theclinic.cl)


-Prepárate, hoy volveremos a salir-, le dijo Hugo Gómez, más conocido como Hugo Goodman, a su hijo del mismo nombre que por ese entonces tenía siete años. Era marzo de 1974 y el día estaba soleado en Santiago. Sería el último paseo juntos.


Goodman, humorista de gran fama en México, se había presentado días antes en el Festival de Viña del Mar, que ese mismo año celebraba su versión número quince. Nunca antes había pisado el escenario y el monstruo, mucho más voraz que hoy, se encargó de regalarle los máximos premios. Aunque no era el único debutante: ese año por primera vez los uniformados de la Junta Militar vieron el show desde el palco de la Quinta Vergara.


El Parque Forestal fue el lugar elegido para pasear. Al niño lo vistieron con una polera a rayas y un pantalón café, un poco más claro que su pelo. Goodman lucía con una impecable camisa azul y pantalones celestes. Conversaron, rieron, jugaron. El padre decidió retratar el momento en una fotografía: de cuclillas en el pasto y con muchos árboles de fondo, el humorista abraza a su hijo y sonríe a la cámara.

-Mira, me voy a ir a una gira por todo el país, así que te voy a pedir algo: mientras yo no esté, cuida a la mami-, le dijo Goodman a su hijo Hugo. Al día siguiente el humorista se subió a un auto que lo llevaría a una serie de eventos organizados por la productora de Bigote Arrocet, y en los que también participaría Buddy Richard junto a otros artistas. Ellos son los principales testigos vivos de su muerte, que se dio en un extraño hecho a la salida de un restaurant de Concepción.


Tras la muerte de su padre, ese 20 de marzo de 1974, Hugo Gómez jamás olvidó sus últimas palabras: toda su adolescencia se dedicó a proteger a su madre.

Carlos Gómez y Matilde Hassán criaron a sus seis hijos en una antigua casa ubicada en la calle San Isidro, pleno centro de Santiago. Él fundó una imprenta, que se convirtió en la fuente de ingresos para mantener a su familia. Víctor Hugo Gómez Hassán, nacido el 25 de noviembre de 1933, fue el último hijo. “Desde niño Hugo fue muy rebelde”, cuenta Manuel Gómez, hermano del humorista, pintor y profesor, que a sus 92 años sigue trabajando en una galería en Bellas Artes.

A los 15 años, Hugo decidió dejar el colegio y dedicarse a imitar a Al Jolson, popular cantante y actor estadounidense en la época. Carlos, su padre, le dijo que cómo se le ocurría, que sin estudios no sería nadie. Hugo le respondió: “no te preocupes, voy a ganar más plata que todos ustedes”.

-Tenía un tremendo carisma. Era de hartos amigos. Tomaba la vida con mucho humor, por eso se dedicó a su arte desde niño. Además era muy seguro de sí mismo- recuerda Manuel sobre la adolescencia de su hermano.

Tras las imitaciones empezó a crear rutinas humorísticas. Rápidamente lo llamaron de distintas boites y night club para presentarse. Hugo sabía que debía buscar un nombre artístico. Sus amigos lo ayudaron: como encontraban que era un buen tipo, Goodman le calzaba perfecto. Se convenció. No sólo porque le sonaba más atractivo que su apellido, sino porque era mejor carta de presentación para entrar a las fiestas de la comunidad judía, donde asistían las mujeres israelíes que eran su debilidad.

A los 18 años, ya estaba viajando a otros países latinoamericanos para presentar su show como Hugo Goodman. Un día de 1953, con 20 años, el humorista acordó juntarse con una mujer, en el centro de Santiago. Antes de llegar a su cita, pasó a un café para saludar a un par de amigos. Al entrar vio que uno de ellos estaba sentado con dos mujeres. Se acercó, se sentó y se puso a conversar con una de ellas, dejando plantada a la joven que lo esperaba. Diana Ergas, de 16 años, la desconocida del café, lo cautivó. Era judía. Tras varias semanas de amistad, comenzaron una relación. “Mi familia no lo quería. Andábamos a escondidas. Tuvimos que esperar hasta que yo cumpliera 21 para casarnos”, cuenta Diana Ergas, hoy de 78 años.

La entonces adolescente le enseñó a hablar inglés y luego francés. Eso le permitió presentarse, a sus cortos 25 años, en importantes escenarios de Francia y Bélgica. También en Venezuela, México y Perú. “Pero fue en México donde tuvo un éxito increíble”, asegura Ergas.

La pareja acordó que apenas Goodman llegara de una presentación en París, se casarían. El 3 de junio de 1959, Hugo Gómez y Diana Ergas, de 21 años recién cumplidos, contrajeron matrimonio. A los meses iniciaron una gira por América, con Miami como última escala.


A mediados del año pasado, Michelle Reich, esposa de Hugo Gómez hijo, revisó el Informe Rettig para constatar si su fallecido suegro figuraba en la lista. No lo encontró. Tras varias conversaciones, la familia decidió iniciar acciones judiciales. Fue así como el jueves 23 de febrero pasado, el abogado Cristian Riego, de la Clínica de Acciones de Interés Público y DDHH de la Universidad Diego Portales, interpuso una querella contra funcionarios del Ejército de Chile que resulten responsables por el homicidio de Víctor Hugo Gómez Hassán, conocido como Hugo Goodman, ante la Corte de Apelaciones de Concepción.

Los dos principales testigos de este caso, Ricardo Toro (Buddy Richard) y Edmundo Arrocet (Bigote Arrocet) no quisieron dar su versión de lo ocurrido a The Clinic. Sin embargo, durante la realización de este reportaje, Hugo Gómez logró contactarse por teléfono con Buddy Richard quien accedió a relatar los hechos. Además, Michelle Reich intercambió correos con Bigote Arrocet en 2006, en los que aporta más detalles de lo ocurrido hace más de 40 años.

A mediados de marzo de 1974, un grupo de artistas contratados por la Compañía de Bigote Arrocet, se embarcó en una gira por Chile presentándose en distintas ciudades. Entre ellos se encontraba Buddy Richard y Hugo Goodman. El 18 de marzo tuvieron un show en Chillán. Al día siguiente lo harían en Concepción.

El 19 realizaron su espectáculo en un teatro. Al término del show, decidieron ir a comer al Restaurant Los Copihues, ubicado en la calle Rosas con Castellón, único lugar autorizado por las autoridades militares para funcionar durante el toque de queda. Los artistas se transportaban en una caravana de varios autos, escoltados por un vehículo de Carabineros. Luego de cenar, volvieron a sus autos para irse al hotel donde alojaban.

Bigote Arrocet estaba entrando al auto de Buddy Richard cuando siente que lo toman del hombro y lo tiran hacia atrás. Era Hugo Goodman. Hugo se sube y Bigote, riéndose, se aleja para tomar otro auto. El vehículo de Buddy estaba lleno: en la ventana del costado derecho iba un amigo del cantante, que trabajaba como carabinero pero esa noche andaba de franco. Se decían primos porque tenían el mismo apellido; al centro, Hugo Goodman; en la ventana izquierda, una mujer, pareja de Goodman, que no era su esposa, de nacionalidad israelí; del copiloto no se sabe nada.

Parte la caravana. Las versiones se contradicen. Según Bigote Arrocet, cincuenta metros más allá aparece una patrulla de militares que se bajan rápidamente y ordenan detenerse. El humorista dice que realizaron un disparo al aire de advertencia y luego efectuaron un tiro contra el auto que manejaba Buddy Richard. Según el cantante, sólo hubo un disparo, directo al vehículo.

La bala rompe el vidrio trasero. Según el certificado de defunción de Hugo Goodman, el proyectil le dio en la nuca. Buddy Richard dice que de inmediato partieron al Hospital Regional para intentar salvarle la vida al humorista. Goodman, según el documento, falleció a la 1:40 horas del 20 de marzo de 1974. Según personal del hospital, no cuentan con un registro de atención, pues aseguran que tras el terremoto de 2010 perdieron 700 mil fichas de personas que no estaban digitalizadas. Presumen que la de Goodman sería parte de ellas.

Al día siguiente, la noticia apareció en todos los medios. El ministro Secretario General de Gobierno, coronel Pedro Ewing, realizó una declaración pública asegurando que “es un hecho lamentable por tratarse de un artista tan popular”. Además, dijo que Goodman había regresado al país para reestablecerse debido a las nuevas condiciones imperantes en Chile: “Era un hombre que estaba de acuerdo con las ideas que propicia la Junta Militar”.
Bigote Arrocet, por su parte, escribió una carta pública dedicada al soldado que disparó. Dice: “Estimado soldado chileno: Cúmpleme notificar que la Compañía Bigote Arrocet no tiene nada contra ti. Sólo cumpliste como chileno trabajando responsablemente por hacer un Chile nuevo y mejor”.

Víctor Hugo Gómez Última Foto con su papá Hugo Goodman el día anterior a la gira. Parque Forestal. Marzo 1974.


En 1963 se estrenó en México Cri Cri, el grillito cantor, una película biográfica de Francisco Gavilondo Soler, famoso cantautor mexicano de música infantil. La película, producida por Carlos Amador, quien también trabajó en Heidi, Alibaba y los 40 ladrones, El Gato con Botas y en la mayoría de las películas de Cantinflas, retrató a los principales personajes que influyeron en la vida de Gavilondo.

Sólo hubo un personaje extra creado para la película y que no tenía relación con la vida del cantautor: Hugo Goodman. Los productores, al ver la fama del humorista en México, decidieron que era fundamental añadirlo a la película actuando como él mismo.

Poco a poco la prensa chilena comenzó a cubrir a este artista desconocido en el país pero de una fama inusual en el extranjero. El 7 de julio de 1964, La Tercera dedicó una página completa para contar la historia del humorista, titulando: “Hugo Goodman: Nadie es profeta…”.

La pareja Gómez-Ergas se había radicado en México en 1960. Desde ahí viajaban juntos a diferentes países donde invitaban al humorista. “Era una vida fantástica. Conocimos muchos países y un sinfín de personas”, recuerda Diana Ergas. El 9 de enero de 1967 nació Hugo Gómez, el primer y único hijo de la pareja, en una clínica de Ciudad de México. Diana dejó de acompañar a su esposo a las presentaciones. Los viajes se redujeron, los trasnoches se terminaron. A mediados de 1968 se enteró que Goodman tenía otra mujer, también israelí. lo dejó inmediatamente.

Se cambió con su hijo a otra casa en México. Acordaron que como el niño necesitaba tener a su padre, no habría restricciones de visitas. Goodman pagaba el arriendo y financiaba el alimento. A pesar de la separación, que nunca se concretó legalmente, Hugo Gómez hijo tuvo una infancia sin problemas. Vivía cómodamente junto a su madre, su padre casi todos los días llegaba en su auto a buscarlo y lo llevaba a recorrer distintos parques.

En 1970, Hugo asistía al Kinder Condesa, un colegio privado de la capital mexicana. Diana y Hugo Goodman decidieron que la celebración del cumpleaños de su hijo sería ahí mismo, junto a sus compañeros. Cuando llegó el día, las profesoras prepararon el patio del establecimiento para el evento. Ese 9 de enero, instalaron un teatro de títeres en el centro del patio. Los alumnos se sentaron en el suelo para ver el espectáculo. Hugo estaba en primera fila, expectante. De pronto, se abre el telón y ante el asombro de todos aparece el mismísimo Topo Gigio, el original, el de la tele, invitado por Goodman especialmente para celebrar el cumpleaños de su hijo.

Al separarse del humorista, Diana Ergas se distanció de toda la gente con la que compartía. No tenía amigos, menos familia. Estaba sola en un país que no era el suyo y decidió volver a Chile con su hijo en 1972. Le avisó a Goodman y viajó en agosto de ese mismo año.

En la última salida, el humorista le explicó a su hijo que se iría a un país lejano, en Sudamérica, que si lo buscaba en el mapa parecía una zanahoria. No volvieron a verse hasta 1974, cuando Hugo Goodman viajó a Chile a presentarse en el festival.

Manuel Gómez, el hermano del humorista, tuvo una gran oportunidad de vivir en México vendiendo sus pinturas. Pero la rechazó. En 1969, su hermano Hugo Goodman, le costeó los pasajes para que fuera al país azteca a exponer su trabajo. Habló con el dueño de un hotel lujoso de la capital mexicana para que le prestara un salón en donde Manuel podría exponer su trabajo. Se lo facilitó sin problemas.

La exposición de Manuel constaba de 25 cuadros muy bien ordenados en la sala. Al evento asistió mucha gente que él no ubicaba. “Lo que pasó ese día no lo había vivido nunca”, recuerda el pintor. Al término del evento, un mozo se le acerca con una bandeja llena de cheques. Los invitados habían comprado todos los cuadros.

Varios interesados en su pintura, le ofrecieron trabajo. La idea de radicarse junto a su familia en el país donde su hermano triunfaba le parecía atractiva. Pero el 25 de octubre de 1970, estando allá, se enteró de la noticia que cambió la situación: en Chile habían matado a René Schneider, Comandante en Jefe del Ejército. “Yo era parte del Partido Socialista y entendí al tiro que lo que se venía no era nada bueno”, comenta.

Decidió volverse al país, porque era el lugar donde más lo necesitaban. Hugo Goodman, ajeno a la vida política chilena, no comprendió mucho la decisión de Manuel. “Sinceramente, mi hermano no entendía nada de política. A él sólo le interesaba su labor artística”, dice.

Manuel Gómez tomó el avión y regresó a Chile.


-Manuel, ¿cómo está tu hijo?-, le preguntó Hugo Goodman a su hermano por teléfono desde México, días después del Golpe de Estado en Chile.

Hugo estaba muy preocupado por su sobrino. Sabía que llevaba tiempo militando en las Juventudes Comunistas como estudiante de la Universidad de Chile, y entendía que con el régimen militar el joven corría peligro. Goodman le comentó a su hermano que no se quedaría de brazos cruzados y que inventaría un viaje a Chile para ayudarlo. Tenía un amigo al que recurrir.

En febrero de 1974 el humorista aterriza en Chile, un par de días antes de presentarse en el Festival de Viña que comenzaba el 7 de ese mes. “Me llamó y me dijo que ya había llegado a Santiago. Me dio la dirección para que lo fuera a ver”, recuerda Manuel Gómez.

Manuel subió hasta el sexto piso del hotel Carrera de Santiago para reencontrarse con su hermano después de años. Cuando entró a la habitación se percató que Goodman estaba acompañado de Bigote Arrocet, humorista sensación del momento en Chile. Empezaron a conversar. Bigote le decía a Goodman que le hiciera contactos para poder actuar en México. En un momento, Hugo saca una máquina afeitadora, desconocida en esa época. “Arrocet la encontró muy linda y se la pidió prestada. Mi hermano le dijo que se la regalaba”, relata Gómez.

Tras eso, los hermanos acordaron que se juntarían lo más pronto posible con Manolo González, uno de los humoristas más populares de mediados del siglo XX, amigo de Goodman, y excompañero de Augusto Pinochet en la Escuela Militar. Era el amigo al que acudiría.

Se juntaron con González en un restaurant ubicado en Merced con Santa Lucía. “Manolo, mira, mi sobrino está metido con los comunistas y corre peligro. Necesito que me ayudes para que no le pase nada”, le dijo Goodman a su amigo. El humorista anotó el nombre y le dijo que haría todo lo posible para que no le pasara nada.

De impecable terno gris, camisa blanca y una humita, Hugo Goodman, el humorista poco conocido en Chile que pisaba por primera vez la Quinta Vergara, se paró en el escenario con soltura. “Queridos amigos, tengan ustedes muy buenas noches…”, alcanzó a decir antes de posar, sonriente, frente a la cámara de un fotógrafo que se encontraba bajo el escenario. Sacó risas de inmediato. Sólo le bastó media hora de rutina para llevarse la Gaviota de Plata.

En ese mismo festival, Bigote Arrocet, interpretó de rodillas al público la canción Libre, de Nino Bravo. La Junta Militar, cuyos integrantes estaban en el público, había tomado el poder cinco meses antes. Bigote fue el humorista más aclamado de esa edición.


Finalizado el evento, Arrocet organizó, a través de su empresa Compañía Bigote Arrocet, una gira por todo Chile con los artistas más populares del reciente festival. No dudó en invitar a Hugo Goodman, que terminó aceptando. Le sedujo la idea de quedarse más tiempo en Chile.

En los días previos a que comenzara la gira, optó por salir con su hijo. Lo llevó a diferentes partes. Dejó para el último día una salida tranquila, en la que pudieran compartir sin interrupciones. La opción elegida fue pasar la tarde en el Parque Forestal. La última vez que ambos estuvieron juntos.

La mañana del 20 de marzo de 1974 Hugo Gómez, de siete años, asistió a su colegio como cualquier día normal. Estaba en la sala de clases cuando le avisan que un familiar lo iba a retirar. Era una prima de su papá que no veía hace mucho tiempo.

Caminan hasta el departamento en el que vive junto a su madre, a pocas cuadras de la escuela. Al entrar, nota que está lleno de parientes sentados en sillas, con rostros serios. Hugo se sienta a la mesa a almorzar. Todos lo miran mientras come, sin hablar con él ni entre ellos. La madre está en la pieza pero no lo dejan entrar.

De pronto, un familiar sale de la habitación y lo llama. Hugo entra. Su madre está sentada en la cama con los ojos hinchados. “Tu papá murió”, le dice. Hugo llora. Al rato, le pide permiso a su madre para salir a jugar. Se pone un traje de astronauta naranjo que su padre le había regalado, esos de la misión Apolo. Camina a la casa de un amigo para contarle la noticia. Vuelve a llorar. Hugo regresa al departamento con el traje rasgado, inservible, lleno de hoyos.

A los días, un militar llama a Diana Ergas. Le ofrece un trabajo como secretaria en la Secretaría cultural de la Junta de Gobierno, que funcionaba en el edificio Diego Portales. Acepta. Le pagan el mínimo. Le ofrecen, además, educación para su hijo en un colegio público. No acepta. Cree que puede seguir pagando el particular en donde Hugo estudia desde que llegó a Chile.

Diana nunca buscó una compensación, ni un juicio, ni preguntó detalles, ni exigió más dinero en el trabajo, ni encaró a los militares que caminaban todos los días frente a ella. Ninguna institución le dio una compensación, ni realizó un juicio, ni dio más detalles de lo ocurrido, ni le ofreció un mejor sueldo, ni tuvo una visita oficial del Gobierno para darle un pésame.

A los meses se cambiaron de casa, porque ya no podía seguir financiando la vida que Hugo Goodman les garantizaba. A los años, su hijo dejó el colegio privado, para postular y quedar en el Instituto Nacional. Tras cumplir 18, estudió Diseño en la Universidad Tecnológica Metropolitana. En su juventud se convirtió al judaísmo. Ya de adulto se casaría con una mujer de origen israelí.

A pesar de que ese día, en pleno invierno del año 2000, el cielo estaba despejado, Hugo Gómez decidió salir de su casa con parka. Su madre, recién operada, esperaba su visita esa tarde en el hospital J.J. Aguirre ubicado en la comuna de Independencia.

Tomó una micro en el centro, que se iba directo y lo dejaba en la puerta. Cuando vio que ya quedaba poco para tocar el timbre y bajarse, se paró de su asiento. Miró por la ventana delantera y divisó a lo lejos la entrada del Cementerio General. Las puertas se abrieron frente al hospital. No se bajó.

Lo hizo un poco más allá, frente al Cementerio. Fue ahí, parado en la puerta, cuando recordó que hace 30 años no pisaba ese lugar. Caminó por inercia, como si supiera de memoria la ruta hacia la tumba de su padre. Anduvo varios metros antes de toparse de frente con la añeja piedra que contenía su nombre medio borroso. Lloró como si su padre recién hubiese muerto.

Parado, con la vista fija en la tumba, sin importar lo que pasara a su alrededor, empezó a contar que se había casado con Michelle Reich, que tenía dos hijos y que estaría orgulloso de que su abuelo los pudiera disfrutar. Le dijo que era un hombre feliz, que había estudiado Diseño, que le gustaba dibujar, igual que a él. Dijo que a pesar de que había sido difícil crecer sin él, quería compartirle ahora todas las vivencias que no pasaron juntos. Después de varios minutos, respiró hondo y salió del Cementerio rumbo al Hospital JJ Aguirre.

Sentado en el living de su departamento en Lo Barnechea, Hugo Gómez no se saca la kipá de su cabeza. Hoy trabaja como profesor de Historia del Judaísmo en un colegio de la comunidad judía. Habla de la importancia de los antepasados y de que no quiere que sus hijos crezcan sin saber con claridad lo que pasó con su abuelo. “Si mi vida cambió, si mis hijos no pudieron conocer a sus abuelos, si mi padre no conoció a sus nietos, aunque sea quiero saber lo que pasó”, reflexiona.

En lo más alto del mueble más grande de su hogar, una fotografía de sus padres, en blanco y negro, acapara la atención en el departamento.

“Tengo conocidos en las Fuerzas Armadas que me contaron que en Dictadura hubo muchos casos como la de mi padre, en el que militares dispararon a matar a civiles que nada tenían que ver con agrupaciones políticas”.

Camina a su pieza y trae una caja llena de recortes de prensa, fotos y afiches donde aparece su padre. Su hijo menor, de tres años, que nació después de la visita a la tumba de Hugo Goodman, pregunta si ese, el de las fotos, es el abuelo. “Si es aceptada esta querella, quizás cuánta gente más esté en la misma situación, que ni siquiera aparece en el informe Rettig. Si la muerte de mi papá puede servir para que otros encuentren justicia, me alegraría mucho”.

Hugo Goodman, Mario Clavel y Mario Moreno (Cantinflas) en México.

No hay comentarios: