lunes, 11 de diciembre de 2017

PRISIONEROS POLÍTICOS

Hace más de cuatro décadas algunos fuimos delincuentes como Leopoldo López, y creamos acciones hasta que conseguimos una democracia constitucional en nuestros países.

En el mundo seguimos escuchando la historia de los exprisioneros “políticos”, que por serlo tienen derecho a un trato preferente e incluso a una dignidad semiheroica. Les consideran así porque sus delitos —apoyar al pueblo, asesinatos, secuestros, etcétera— tuvieron una motivación “política”, que es como si a los terroristas del ISIS les llamásemos presos “religiosos” o “de conciencia” porque justifican sus atentados con citas del Corán.

Los verdaderos presos “políticos” han cometido actos políticos prohibidos, no actos prohibidos con motivación política. Fue preso político Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz, que pasó cerca de una década encarcelado por haber escrito un manifiesto pidiendo libertades democráticas en China. Y lo fue el joven americano condenado en Corea del Norte por haber arrancado un cartel de propaganda del régimen. Ambos solo fueron excarcelados para morir. Pero evidentemente no es un preso político en ninguna acepción del término quien asesinó y torturo a tantos chilenos compatriotas y elimino al compañero expresidente en ejercicio Dr. Salvador Allende Gossens.

Para encubrir que Leopoldo López y otros 400 venezolanos son presos políticos, Garzón le llama “golpista”.

Las leyes coartan la actividad política constitucionalmente reconocida y la “insistencia” es rechazar una invalidación arbitraria de la Asamblea electa y pedir comicios con garantías. En Chile hace cuarenta y cuatro años algunos fuimos delincuentes como él y creamos acciones en la tierra que nos acepto como refugiados hasta que conseguimos una democracia constitucional a través de un agotador trabajo solidario y digno de ser políticamente defendido.

Nunca quisimos reclamar nuestro merecimiento o insistir demasiados en nombre de una democracia que manipula la memoria y el “derecho a decidir” entre la libertad y la codicia.

Gracias.

Juan Carlos C. J.,
Exprisionero Político en el Exilio

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