lunes, 19 de diciembre de 2011

La desintegración de la Unión Soviética

En este mes de diciembre se cumplen los veinte años de la desintegración de la Unión Soviética. No hubo en los anales modernos algo semejante. El historiador Paul Kennedy analizó en Auge y caída de las grandes potencias el fenómeno de la decadencia y desaparición de los imperios históricos de los últimos cinco siglos, y aun cuando algunas de las causas de su caída aparecen también en la crisis de la URSS, aquellos procesos imperiales fueron de larga duración. Y lenta su decadencia. En el caso de la URSS la desintegración y el derrumbe fue inesperado para casi todo el mundo, con las contadas excepciones de agudos analistas como Zbigniew Brzezinski, quien se esmeró en demostrar la imposibilidad de sustentación del sistema comunista. Así quedó escrito en libros como Grand Failure: The Birth and Death of Communism in the Twentieth Century.

Simón Alberto Consalvi

La Unión Soviética desapareció al final de apenas setenta años. Y si bien su derrumbe fue dramático, ocurrió como algo que todos los pueblos que la integraban estuvieran esperando. Tal fue la asfixia moral y las rudas condiciones de vida impuestas a la gente. Una demostración de la incompatibilidad del espíritu humano con el totalitarismo y la negación del hombre. Entre las causas comunes a la caída de los imperios, Kennedy señala la megalomanía de los Estados y, en primer lugar, sus propios gastos, la maquinaria militar necesaria para la supervivencia o la guerra. Fue lo que sucedió en el caso de la URSS. La competencia nuclear con Estados Unidos puso en jaque al Kremlin a lo largo de la posguerra y los jerarcas del PC no advirtieron que el sistema carecía de viabilidad, tal como era practicado.

En uno de los ensayos de Pequeña crónica de grandes días, Octavio Paz escribió: "Al cabo de más de setenta años de esfuerzos inmensos, el régimen soviético se encontró en un atolladero. No podía ya hacer frente, simultáneamente, a sus dos grandes retos históricos: competir con Estados Unidos en la producción de armas y asegurar un mínimo bienestar a su población. Desde la época de Lenin, los pueblos soviéticos han sido sacrificados por objetivos políticos y militares".

Paz añade que el marasmo y el caos de la economía civil finalmente contagió al ramo militar. El escritor mexicano hizo un diagnóstico que es preciso registrar. Con agudeza, dijo entonces: "La Unión Soviética es una gran potencia militar construida sobre un país subdesarrollado". Aquí estaban sus contradicciones y la razón final de su caída.

La URSS se convirtió en un Estado dependiente del petróleo.

En un Estado todopoderoso y a la vez cautivo. Los altos precios de los hidrocarburos de los setenta les dieron a los estrategas del Kremlin la falsa percepción de que bastaba con los ingresos del Estado para competir y sobrevivir, y que, por tanto, las reformas al anquilosado sistema no eran prioritarias. Cuando los precios cayeron en los ochenta ya era tarde. En el fondo, la competencia nuclear (en la cual la URSS dio demostraciones de aptitud) fue una guerra económica que desembocó en su ruina. La historia de la URSS es, sin duda, compleja, y registra diferencias notables entre quienes sucedieron a Stalin y el despiadado personaje, desde Nikita Jruschov hasta Mijail Gorbachov.

En marzo de 1985 ascendió Gorbachov al poder como secretario general del PC de la URSS. Después de un periodo de burócratas sombríos, la figura de Gorbachov de manera espontánea creó una sensación de cambios profundos. Representaba a una nueva generación, y parecía comprender los desafíos de su tiempo. En abril presentó su plan de reformas al Comité Central del PC. Prometía modernizar, en primer término, la arruinada productividad, tanto agrícola como industrial. Combatiría a fondo la corrupción que paralizaba la economía.

En política internacional, Gorbachov postuló audazmente un cambio radical en la competencia nuclear con Estados Unidos, al extremo de que desconcertó a los estrategas de Washington habituados a la confrontación permanente. Al tiempo que abría grandes expectativas en Occidente, en igual medida creció la desconfianza en la burocracia del PC de la URSS y de satélites como la Checoslovaquia de Gustav Husak. Gorbachov avanzó en sus políticas, suscribió un tratado estratégico con Estados Unidos. Postuló sus grandes reformas políticas y económicas, "perestroika", reestructuración, y "glasnost", apertura, transparencia. Desató una revolución que nadie pudo controlar. Sobrevivió a un golpe de Estado de los militares en agosto de 1991. Fueron derrotados y el reformista retornó al poder. Trató de navegar en medio de la tempestad, sin dar pasos atrás, pero sin avanzar en los que sus propios cambios solicitaban. La URSS comenzó a desintegrarse. El 25 de diciembre, Gorbachov renunció a la jefatura del Estado y anunció la disolución de la URSS. 24 horas después, el Soviet Supremo, el organismo político que había gobernado la gran potencia desde 1917, decidió entregar sus armas y pasar a la historia. Una muerte sin epitafio.

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