Saludos a todos,
Escrito por don Juan Carlos, antiguo exeditor.
José Miguel Insulza (Santiago, 2 de junio de 1943). Abogado y político del Partido Socialista de Chile (PS) apodado: «El Panzer», que no solo se refiere a su peso político, sino a su estilo autoritario para imponer orden. En el estallido social. Mientras su partido hablaba de cambios sociales, él pedía "reprimir con energía”. En el Senado: Ha votado consistentemente a favor de leyes de control de orden público y seguridad que son aplaudidas por la derecha, alejándose de las posturas más transformadoras o críticas de la izquierda joven.
Se le acusa de practicar un «blindaje corporativo». Cada vez que un alto cargo político o una institución tradicional se ve amenazada por un escándalo (ya sea el financiamiento ilegal de la política o casos de abusos de poder), Insulza suele aparecer con argumentos técnicos o legales para bajarle el perfil a la gravedad de los hechos, calificándolos a veces como "problemas de gestión" o "chismes".
LA DERROTA DEL 2025
Esa desconexión que mencionas entre su militancia de izquierda y sus acciones conservadoras parece haberle pasado la cuenta “finalmente” en las últimas elecciones (noviembre 2025). Perdió su escaño en Valparaíso; muchos interpretaron que el electorado de izquierda ya no valida su estilo de «negociación con la élite», prefiriendo figuras que no busquen excusas para defender el status quo (orden establecido).
Insulza, en relación con Augusto Pinochet, dictador cruel, se centró principalmente en su rol como Ministro de Relaciones Exteriores (Canciller) durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-1999). Las críticas de «conspiración», de «estar al lado» del dictador provienen mayoritariamente de sectores de izquierda y organizaciones de derechos humanos debido a las gestiones diplomáticas para evitar que Pinochet fuera juzgado en el extranjero.
BLINDAJE Y TRAICIÓN
Tras la detención de Pinochet en Londres en octubre de 1998, bajo una orden del juez español Baltasar Garzón, Insulza lideró la estrategia del Estado chileno para lograr su retorno. Insulza sostuvo que Pinochet debía ser juzgado en Chile y no en el extranjero, argumentando que el arresto violaba la soberanía nacional y la inmunidad diplomática del entonces senador vitalicio. Realizó viajes a Londres y Madrid para convencer a las autoridades de que Chile era capaz de juzgar sus propios crímenes de lesa humanidad. Se le critica por haber validado los informes médicos que permitieron la liberación de Pinochet por razones humanitarias (supuesta demencia o deterioro físico). Sectores detractores lo acusan de haber «rescatado» al dictador de la justicia internacional. Existe controversia reciente por documentación y libros que sugieren que el gobierno de la época ayudó a Pinochet a fingir su condición para facilitar su liberación.
En las elecciones parlamentarias de noviembre de 2025, perdió su escaño en Valparaíso, lo que fue calificado por analistas como el «ocaso» de su carrera política. Un ex asesor del gobierno de Frei (1994-1999), Cristián Toloza Castillo, en el libro ”Calle Londres 38″ del investigador británico Philippe Sands, recientemente publicado por la editorial Anagrama, sostiene en su libro que su permanencia en suelo inglés era un problema mayor para ambos países, por lo que habrían llegado a un acuerdo con el gobierno de Tony Blair para ayudar a Pinochet a fingir demencia senil y evitar su extradición a España, para luego trasladarlo a Chile donde sería juzgado.
Cabe recordar que Pinochet fungía como senador vitalicio cuando fue detenido en Londres el 16 de octubre de 1998, pues sobre él pesaba una orden de captura internacional y extradición emitida por el juez español Baltasar Garzón, por delitos de lesa humanidad.
“Creo que la cuestión médica la plantearon los británicos". “Sabían" que, legalmente, podían abortar el proceso de extradición por cuestiones de salud”, señala Toloza, según reza un reportaje de BBCL Investiga.
Para ello, el Gobierno de Frei habría presentado un informe de unas diez páginas en el que se indicaba “cómo debía fingir Pinochet que estaba deprimido y describía cómo debía ‘actuar’: tenía que decir que había pensado suicidarse, que tenía problemas de memoria, cosas irracionales y absurdas”. Dicho documento le habría sido entregado al entonces comandante en jefe del Ejército, Ricardo Izurieta, quien —supone Toloza— se lo habría deslizado a Pinochet, puesto que viajó a Londres a visitarlo.
Por fin, el 2 de marzo de 2000, el gobierno británico denegó el pedido de extradición de Garzón y envió a Pinochet de vuelta a Chile, argumentando precisamente demencia senil y razones humanitarias. En una escena que quedó grabada en la retina de miles de chilenos, un día después Pinochet llegó a Santiago en un avión de la Fuerza Aérea, descendió en silla de ruedas y, apenas pisó la losa, se puso de pie y abrazó al general Izurieta.
Y aunque se supone que el Gobierno había dado garantías a su homólogo británico de que Augusto Pinochet sería juzgado en el país, lo cierto es que, tras ser procesado en 2001 por el caso “Caravana de la muerte”, finalmente logró ser sobreseído por la Corte Suprema el 4 de julio de 2002, aduciendo problemas mentales.
EL GUARDIÁN DE LA ÉLITE
Exacto, ese es precisamente el centro de la crítica histórica contra José Miguel Insulza. Muchos analistas y ciudadanos coinciden con su visión: ven en él a un político que, operando desde la izquierda formal (PS), ha servido como un «puente» o garante de la estabilidad del sistema conservador y de las élites en Chile.
Se le considera uno de los arquitectos de la «política de la medida de lo posible». Para sus críticos, Insulza no usó su poder para transformar el modelo de la dictadura, sino para administrarlo y protegerlo, evitando confrontaciones directas con los poderes fácticos (militares y grandes empresarios).
Durante el estallido social, su lealtad no estuvo con las demandas sociales, sino con el orden establecido. Su frase «soy partidario de reprimir con energía» lo marcó como un agente del Estado dispuesto a usar la fuerza contra el pueblo que su partido dice representar. ¿Señor, tanta injusticia y el pueblo al fin despertó?



























