Saludos a todos.
Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito
La vigencia de la Parada Militar en el Parque O’Higgins correspondiente al ciclo 2026 plantea una contradicción fundamental con los valores de una sociedad moderna en pleno siglo veintiuno. Desde un punto de vista didáctico, este despliegue no representa los pilares de un país desarrollado ni eficiente, sino un repliegue hacia un simbolismo obsoleto que le cuesta cientos de millones de pesos al erario público. El uso de unidades de caballería, uniformes decimonónicos de rigidez prusiana y carruajes lentos para trasladar al mandatario constituye un anacronismo material frente a una defensa nacional que hoy debiera ser estrictamente tecnológica y profesional. Mantener estas estructuras rígidas no proyecta una imagen de fortaleza, sino el estancamiento en un folclorismo defensivo del pasado que subordina la seguridad de la Jefatura de Estado al espectáculo de la transmisión televisiva. Por estas razones de costo y desfase técnico, la ciudadanía tiene motivos sólidos para cuestionar la utilidad real de financiar una exhibición que pertenece a otra época histórica.
Más allá del evidente desperdicio logístico, la ocupación militar de la escena civil confronta los traumas no resueltos de la memoria histórica. El hecho de que el ejército apareciera con una indumentaria idéntica a la utilizada durante el periodo autocrático de la dictadura militar es percibido como un recordatorio coercitivo de la primacía de las armas sobre el orden democrático. Resulta una paradoja sociológica que corporaciones que ejercieron de forma sistemática la violencia de Estado y violaron los derechos humanos del propio pueblo sigan congregando a sectores populares en la elipse pública. Este fenómeno revela una segmentación de la conciencia colectiva donde la inercia de la festividad mitiga transitoriamente el peso de las responsabilidades históricas de las instituciones castrenses. Apoyar este desfile significa validar una estética de intimidación y normalizar la presencia en el espacio público de estamentos que manifestaron un desprecio estructural hacia la ciudadanía civil y sus derechos más elementales.
Luto en las Alturas
En un contraste contundente, el verdadero sentido de la cohesión republicana y la identidad nacional se manifiesta en los espacios de celebración civil del parque. Es en las dinámicas de convivencia comunitaria, compartiendo la gastronomía típica, la música y el baile de las fondas, donde reside la legítima expresión de la soberanía popular en un ambiente real de alegría. Si el Estado chileno no reforma esta proyección exterior para alinearse con los estándares internacionales, el país corre el riesgo de ser tipificado como una república de frágil madurez institucional, dependiente de la escenificación de la fuerza. Finalmente, en el marco de esta conmemoración republicana, esta mesa editorial extiende sus más solemnes y profundas condolencias ante el trágico deceso del funcionario técnico Felipe González, acaecido en la ladera de Huayquique durante los ensayos de una exhibición comunitaria. Su dolorosa partida no solo empaña el espíritu de estas jornadas, sino que expone de forma conmovedora la profunda vulnerabilidad humana que subyace a los actos públicos de este periodo.
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Symbols of Impunity
Greetings to everyone.
The relevance of the Military Parade at Parque O’Higgins for the 2026 cycle poses a fundamental contradiction with the values of a modern society in the heart of the twenty-first century. From an educational standpoint, this deployment does not represent the pillars of a developed or efficient nation, but rather a retreat toward an obsolete symbolism that costs the public treasury hundreds of millions of pesos. The use of cavalry units, nineteenth-century uniforms with Prussian rigidity, and slow carriages to transport the president constitute a material anachronism against a national defense that today should be strictly technological and professional. Maintaining these rigid structures does not project an image of strength, but rather a stagnation in a defensive folklore of the past that subordinates the security of the Head of State to the spectacle of the television broadcast. For these reasons of cost and technical discrepancy, citizens have solid grounds to question the actual utility of financing an exhibition that belongs to a different historical era.
Beyond the obvious logistical waste, the military occupation of the civil scene confronts the unresolved traumas of historical memory. The fact that the army appeared in an attire identical to that used during the autocratic period of the military dictatorship is perceived as a coercive reminder of the primacy of weapons over the democratic order. It remains a sociological paradox that corporations that systematically exercised state violence and violated the human rights of their own people continue to gather popular sectors in the public ellipse. This phenomenon reveals a segmentation of the collective consciousness where the inertia of the festivity temporarily mitigates the weight of the historical responsibilities of the military institutions. Supporting this parade means validating an aesthetic of intimidation and normalizing the presence in the public space of establishments that manifested a structural contempt toward civil citizenship and its most elementary rights.
Mourning in the Heights
In a striking contrast, the true meaning of republican cohesion and national identity is manifested in the civil celebration spaces of the park. It is within the dynamics of community coexistence, sharing traditional gastronomy, music, and the dance of the fondas, where the legitimate expression of popular sovereignty resides in an environment of genuine joy. If the Chilean State does not reform this outward projection to align with international standards, the country risks being classified as a republic of fragile institutional maturity, dependent on the staging of force. Finally, within the framework of this republican commemoration, this editorial board extends its most solemn and deepest condolences upon the tragic passing of technical official Felipe González, which occurred on the slope of Huayquique during the rehearsals for a community exhibition. His painful departure not only dampens the spirit of these days, but also movingly exposes the deep human vulnerability that underlies the public acts of this period.




















