MOTOCICLISMO | GRAN PREMIO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA
Lorenzo vence en la carrera definitiva, en Cheste, pero el catalán gestiona con acierto su renta y finaliza en una tercera plaza que le convierte, con 20 años, en el ganador más joven de la historia
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CLASIFICACIÓN: Así queda el campeonato
NADIA TRONCHONI Cheste 10 NOV 2013 - 15:15 CET
La historia se rinde ante Marc Márquez, el chico que todo lo puede, el de los adelantamientos al límite, el de las remontadas imposibles, el de la sempiterna sonrisa, el más precoz campeón en 64 años de carreras. Debía terminar, al menos, en cuarto lugar en Cheste y cruzó la meta en tercera posición, después del ganador Lorenzo y de Pedrosa. No cayó en la trampa. No le tembló el pulso. No falló. Porque casi nunca lo hace. Y no iba a ser este el día. Quería ser el Marc de siempre. Y lo fue. Es el más listo, el más rápido, el más atrevido. Talento puro. Por eso ya nadie dirá que Freddie Spencer fue, a los 21 años, el campeón más joven de la categoría reina. Porque él, a los 20, le ha arrebatado el récord. Por eso será una obligación recordar que además de Kenny Roberts hubo otro debutante que ganó el título el año de su estreno: Marc Márquez, campeón del mundo en este 2013 maravilloso. Tres veces campeón, una por categoría. Ganó el primero hace solo tres años, en este mismo escenario en el que la pólvora estalló en su honor. Y desde entonces no ha hecho más que asombrar al mundo con sus victorias, con su peculiar estilo, con esa alegría con la que pilota y vive.
Las lágrimas de su mentor, Emilio Alzamora, antes incluso de que ondeara la bandera de cuadros, hablaban de la emoción de ver crecer a un auténtico prodigio. El sollozo de su jefe de mecánicos, Santi Hernández, al terminar la carrera evocaba el sufrimiento de los últimos días, desde que le fallaran las cuentas en Australia y con un error tonto el equipo pusiera en peligro el trabajo, brillante, del chaval en la pista. “Que no lo olviden, es el número uno”, gritaba su padre, Julià, ese conductor de maquinaria pesada que cruza sus dedos en cuanto su niño sale a la pista el fin de semana.
El debutante supera el récord de precocidad de Freddie Spencer
Nadie lo olvidó. Por eso la carrera fue así de extraña. Había ideado el equipo Yamaha una estrategia pícara para su piloto, Jorge Lorenzo. No quería el mallorquín, campeón del mundo, esperar un error del rival. No podía conformarse solo con aguardar un fallo que no se produciría. Tenía que provocarlo. Así que, además de lanzarse de cabeza a por la victoria desde la primera curva, se encargó de ralentizar el ritmo de la carrera tanto como pudo. Así iban pasando las vueltas y el grupo no se disolvía. Rodaba Lorenzo en cabeza, seguido de Dani Pedrosa, que intentó en infinidad de ocasiones escaparse para cumplir su propio objetivo: vencer y olvidarse del resto. Pero como al de Yamaha no le interesaba esa opción, que le restaba posibilidades de dar la campanada, se lo impedía a cada curva. Un adelantamiento del de Honda recibía, al instante, la respuesta del de Yamaha, genial su ritmo este fin de semana, aunque se empeñara en no utilizarlo como arma. En una de esas, la desesperación de Lorenzo fue tal que chocó con el catalán y este cayó a la sexta posición. La confusión fue aprovechada por Márquez, que no se achanta nunca, ni que se esté jugando el título. Y el niño se puso primero. Pero faltaban 20 vueltas.
Lorenzo ralentizó la carrera, pero Márquez no cometió ningún error, no cayó en la trampa
Y mientras el grupo empezaba a disolverse, por el intento de Lorenzo de volver a tomar el mando y porque eran demasiado lentos el resto de pilotos como para que la estrategia funcionara, Márquez se acomodaba en la cabeza, sin el aliento de Bautista ya en el cogote. Funcionó el plan de Yamaha, pero solo al inicio. Lorenzo volvió a acechar a Márquez, que probó a darle réplica. Pero pronto entendió que lo que estaba en juego era mucho más que una victoria, así que le dejó pasar. Y se acomodó, tras aquel, a un ritmo bastante inferior al que le llevó a estrujar su Honda a la entrada a cada curva este fin de semana. Llegó a su altura Pedrosa, empeñado en subir al podio, a falta de cinco giros. Y el chico de Cervera le cedió el paso. Estaba dónde y como quería. Fue tomando una curva, y otra, fueron pasando las vueltas, y la prueba fue muriendo al tiempo que nacía un fenómeno.
18 carreras, seis victorias, 16 podios y dos ceros; son sus números, a las cifras que explican su éxito. Austin, Jerez o el sacacorchos de Laguna Seca son los nombres propios que remiten a sus hazañas. No hay otro igual.

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