MODELOS DE DOMINACIÓN MARXISTA/CAPITALISTA
Escrito por don Juan Carlos, antiguo exeditor.
El modelo de planificación centralizada «Marx-Engels-Lenin», desde una perspectiva de economía política y sociología estructural, el marxismo-leninismo propone una reconfiguración de la base material de la sociedad a la más simple e influyente formulación del materialismo dialéctico que se halla en Engels, que creyó con ello no desviarse de Marx o, en todo caso, creyó completar a Marx. La formulación de Engels se ha incorporado al marxismo. Tal como en la dialéctica de Platón o en la de Hegel, el resultado del movimiento de contraposición es la afirmación de algo, mientras que de cualquier movimiento de contraposición, es a nivel social como cultural.
Marx y Engels analizaron la relación entre el capital y el trabajo como un conflicto de fuerzas donde la propiedad privada de los medios de producción genera una alienación del sujeto, reduciendo su capacidad de desarrollo integral a una función de mercado.
Lenin introdujo la ingeniería operativa al sistema, estableciendo la vanguardia organizada como el motor para sustituir el mercado por una planificación centralizada. El objetivo científico era la optimización de recursos para la satisfacción de necesidades colectivas, eliminando la tasa de ganancia privada. No obstante, la evidencia histórica muestra que este modelo tiende a la hipercentralización, lo que genera una rigidez administrativa que limita la innovación la eficiencia en el flujo de información y bienes.
INTERESES MATERIALES INCOMPATIBLES
El análisis pragmático de los sistemas de organización contemporáneos revela una dicotomía fundamental en la administración del recurso humano y la fuerza productiva. Por un lado, el modelo de planificación centralizada, fundamentado por las ideas de Marx, Engels y Lenin, quienes proponen una reestructuración de la sociedad a través del materialismo histórico para suprimir la anarquía del mercado. Este sistema ofrece una garantía de subsistencia básica y la eliminación del riesgo individual mediante la estatización de los medios de producción, lo que permite una estabilidad teórica basada en la subordinación del sujeto a un plan vertical absoluto.
Su objetivo técnico es la erradicación de la lucha de clases, consolidando la soberanía en una burocracia que gestiona la totalidad de los flujos económicos para asegurar la cohesión del conjunto por encima de la iniciativa privada.
En contrapeso, el modelo de expansión del capitalismo, manifestado en su máxima expresión (el imperialismo) y el neoliberalismo, se fundamenta en la dinámica del incentivo individual y la acumulación perpetua. Este sistema ofrece una autonomía de consumo y una movilidad socioeconómica teórica, impulsando la innovación tecnológica a través de la competencia. Sin embargo, su mecanismo de control no es la coacción estatal directa, sino la extracción mediante la deuda y la fragmentación del individuo en una unidad autoexplotable. En esta estructura, la soberanía se desplaza de las instituciones hacia los flujos financieros globales, donde el sujeto debe producir y consumir constantemente para sostener el engranaje del capitalismo.
Ambas estructuras, a pesar de sus divergencias operativas, convergen en un anclaje estrictamente materialista de la existencia. Mientras que el primer modelo limita el desarrollo mediante la rigidez de su aparato burocrático, el segundo lo hace a través de la dependencia financiera. La síntesis técnica de este análisis sugiere que el progreso hacia una nueva fase de desarrollo humano requiere necesariamente la superación de estos dos periodos.
EPÍLOGO
El sistema marxista garantiza la calidad de vida mediante la distribución estatal equitativa de servicios básicos. El sistema capitalista la condiciona a nivel de ingresos y la oferta del mercado privado. La objetividad reside en la capacidad de cada modelo para sostener el consumo y la seguridad social de sus ciudadanos.



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