Mercenarios Chilenos
Saludos a todos.
Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito.
El reclutamiento de personal militar en retiro y miembros de Fuerzas Especiales chilenas responde a una contradicción material entre sus altas capacidades técnicas y sus opciones económicas locales. Corporaciones militares privadas y ejércitos extranjeros los buscan activamente como mano de obra de élite debido a su riguroso entrenamiento en climas extremos, el cual resulta financieramente más competitivo que el de los veteranos de las potencias de la OTAN. Por su parte, los comandos chilenos se alistan motivados por salarios internacionales que oscilan entre los $2,500 y $8,000 dólares mensuales según el conflicto; una remuneración ausente en el mercado laboral de Chile, donde, al jubilarse jóvenes, a menudo solo acceden a puestos de baja cualificación en el sector de la seguridad privada.
Esta transferencia de capital humano se concreta a través de intermediarios privados que operan bajo el secreto de empresas fachadas y redes de recomendación personal. Durante las guerras de Irak y Yemen, firmas como Blackwater USA (vía Red T Tactical), Triple Canopy, Defion Internacional y Reflex Responses (R2) seleccionaban a los postulantes en Santiago y los evaluaban físicamente en terrenos privados de Melipilla, Colina y Curacaví para simular las condiciones de Medio Oriente. En el escenario actual, este proceso se ha institucionalizado de forma pública y digital a través de la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, la cual capta voluntarios directamente por internet para integrarlos formalmente a las fuerzas de ese Estado.
El Negocio Bélico
El ciclo concluye con el impacto físico y legal del conflicto, donde la mutilación, la muerte o la desaparición determinan el destino económico de los combatientes chilenos. Bajo contratos de empresas de EE. UU. amparados por la ley DBA, perder un brazo, una pierna o un ojo activa pólizas de invalidez, mientras que la vía de Ucrania estipula una indemnización familiar de hasta $380.000 dólares en caso de fallecimiento; no obstante, si el combatiente queda atrapado en el frente por el asedio de drones y artillería, es catalogado como «desaparecido en acción», un estatus que congela de inmediato todo pago de seguros o pensiones a sus allegados en Chile hasta que el cuerpo sea recuperado e identificado mediante complejas pruebas de ADN. Al regresar mutilados, psicológicamente devastados o ausentes, el Estado chileno y los hospitales de las FF. AA. les niegan toda cobertura o pensión por tratarse de un acto voluntario privado, obligando a las familias a autofinanciar la rehabilitación o a costear por su cuenta más de $10.000 dólares solo para intentar repatriar los restos de sus seres queridos.
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Chilean Mercenaries
Greetings to all.
The recruitment of retired military personnel and members of the Chilean Special Forces stems from a material contradiction between their high technical capabilities and their local economic options. Private military corporations and foreign armies actively seek them out as elite manpower because of their rigorous training in extreme climates, which proves to be financially more competitive than that of veterans from NATO powers. For their part, Chilean commandos enlist motivated by international salaries ranging from $2,500 to $8,000 USD per month depending on the conflict—a level of compensation absent in the Chilean labor market, where after retiring young, they often only have access to low-skilled positions within the private security sector.
This transfer of human capital is carried out through private intermediaries operating under the secrecy of front companies and personal word-of-mouth recommendation networks. During the wars in Iraq and Yemen, firms such as Blackwater USA (via Red T Tactical), Triple Canopy, Defion Internacional, and Reflex Responses (R2) selected applicants in Santiago and physically evaluated them on private land in Melipilla, Colina, and Curacaví to simulate Middle Eastern conditions. In the current scenario, this process has been publicly and digitally institutionalized through the International Legion of Territorial Defense of Ukraine, which recruits volunteers directly over the internet to formally integrate them into that State’s forces.
The War Business
The cycle concludes with the physical and legal impact of the conflict, where mutilation, death, or disappearance determines the economic fate of Chilean combatants. Under contracts with U.S. companies covered by the DBA law, losing an arm, a leg, or an eye activates disability policies, whereas the Ukrainian route stipulates a family compensation of up to $380,000 USD in the event of death; however, if the combatant becomes trapped on the front lines due to drone and artillery sieges, they are classified as "missing in action,” a status that immediately freezes all insurance or pension payments to their relatives in Chile until the body is recovered and identified through complex NA testing. Upon returning mutilated, psychologically devastated, or absent, the Chilean State and military hospitals deny them any medical coverage or pension because it is considered a private voluntary act, forcing families to self-fund rehabilitation or bear costs exceeding $10,000 USD just to attempt to repatriate the remains of their loved ones.



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