Traidores de la Patria
Saludos a todos.
Escrito por don Juan Carlos, editor senior emérito
La figura del general René Schneider Chereau encarna el principio fundamental de la subordinación militar al poder civil, un pilar indispensable para la existencia de cualquier orden democrático. Como comandante en jefe del Ejército, Schneider conceptualizó la doctrina que lleva su nombre, la cual establecía que las Fuerzas Armadas no debían actuar como árbitros políticos ni deliberar sobre la sucesión gubernamental, sino someterse estrictamente al mandato de la Constitución Política de la República. Su honor profesional no radicaba en la fuerza de las armas, sino en el respeto irrestricto a la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Al defender que el Congreso Nacional era la única entidad soberana para ratificar la primera mayoría relativa de las elecciones de 1970, el general transformó su ética militar en una garantía republicana, convirtiéndose en el principal obstáculo para quienes pretendían instrumentalizar a las instituciones castrenses en pos de intereses fácticos.
Esta resistencia a quebrantar el orden constitucional gatilló una operación clandestina que se ejecutó entre las 08:15 y las 08:20 de la mañana del 22 de octubre de 1970, cuando su automóvil oficial fue interceptado en la intersección de las calles Martín de Zamora con Américo Vespucio, en la comuna de Las Condes, Santiago de Chile. La emboscada culminó en su asesinato tras ser baleado a quemarropa por un comando de ultraderecha compuesto por sicarios y jóvenes de la alta sociedad que, protegidos posteriormente por la impunidad, se convirtieron en prominentes empresarios y terratenientes. El dictamen de la justicia militar identificó como tiradores directos a Juan Luis Bulnes Cerda, Diego Izquierdo Menéndez y Jaime Melgoza Garay. El aparato operativo civil y sus redes de apoyo periférico contaron con la participación de Julio Bouchon Sepúlveda, Julio Izquierdo Menéndez, Allan Leslie Cooper, Andrés Godfrey Widow, León Cosmelli Pereira, Carlos Aravena Toro, Raúl Igualt Ramírez, Juan Diego Dávila Basterrica, Guillermo Carey Tagle, Carlos Silva Donoso, Luis Adolfo Sanhueza Ross, Martin Cienfuegos, Guillermo Schilling, Adolfo Ballas Riquelme, Hugo Sotomayor y Eduardo Avilés Lambié. La articulación de este grupo respondió a una planificación intelectual superior encabezada por los generales Roberto Viaux Marambio y Camilo Valenzuela Godoy, junto a los oficiales Arturo Marshall, Hugo Tirado Barros, Arturo Gutiérrez y Sergio Tops, sumado a las acciones de sabotaje de Enrique Arancibia Clavel, en directa connivencia con la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, la cual proveyó recursos y armamento con el fin explícito de neutralizar la influencia de Schneider.
Las Sombras del Presente
El análisis de este magnicidio devela una constante histórica en los procesos de desestabilización política: la subordinación de la soberanía nacional a intereses foráneos que juegan, hasta el día de hoy, con los destinos de Chile. El caso Schneider expone cómo las potencias extranjeras han utilizado históricamente a las fuerzas armadas locales como meros peones dentro de su propio tablero de ajedrez geopolítico, transformando a los aparatos de defensa en herramientas funcionales para aplastar cualquier proyecto que emane del pueblo soberano. Bajo el pretexto de combatir una supuesta amenaza comunista, sectores activos y retirados de la milicia actúan como instrumentos dóciles de agendas externas, sembrando las bases de la conspiración, con desprecio y rabia. En la dinámica actual, estos mismos grupos reconfiguran sus discursos bajo consignas de unidad nacional y cohesión social, permaneciendo agazapados cobardemente en el debate público, pero dispuestos para volver a emboscar a la democracia que construye día a día el pueblo en su condición de TRAIDORES DE LA PATRIA.
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Traitors to the Homeland
Greetings to all.
The figure of General René Schneider Chereau embodies the fundamental principle of military subordination to civil power, an indispensable pillar for the existence of any democratic order. As Commander-in-Chief of the Army, Schneider conceptualized the doctrine that bears his name, which established that the Armed Forces should not act as political arbiters or deliberate on governmental succession, but rather submit strictly to the mandate of the Political Constitution of the Republic. His professional honor did not lie in the force of arms, but in the unrestrictive respect for the citizen's will expressed at the ballot box. By defending that the National Congress was the sole sovereign entity to ratify the first relative majority of the 1970 elections, the general transformed his military ethics into a republican guarantee, becoming the primary obstacle for those who sought to instrumentalize military institutions for the sake of factual interests.
This resistance to breaking the constitutional order triggered a clandestine operation executed between 08:15 and 08:20 in the morning on October 22, 1970, when his official automobile was intercepted at the intersection of Martín de Zamora and Américo Vespucio streets, in the commune of Las Condes, Santiago, Chile. The ambush culminated in his assassination after being shot at point-blank range by a far-right commando composed of hitmen and young members of high society who, later protected by impunity, became prominent businessmen and landowners. The military justice ruling identified Juan Luis Bulnes Cerda, Diego Izquierdo Menéndez, and Jaime Melgoza Garay as the direct shooters. The civil operative apparatus and its peripheral support networks included the participation of Julio Bouchon Sepúlveda, Julio Izquierdo Menéndez, Allan Leslie Cooper, Andrés Godfrey Widow, León Cosmelli Pereira, Carlos Aravena Toro, Raúl Igualt Ramírez, Juan Diego Dávila Basterrica, Guillermo Carey Tagle, Carlos Silva Donoso, Luis Adolfo Sanhueza Ross, Martin Cienfuegos, Guillermo Schilling, Adolfo Ballas Riquelme, Hugo Sotomayor, and Eduardo Avilés Lambié. The articulation of this group responded to a superior intellectual planning led by Generals Roberto Viaux Marambio and Camilo Valenzuela Godoy, along with officers Arturo Marshall, Hugo Tirado Barros, Arturo Gutiérrez, and Sergio Tops, in addition to the sabotage actions of Enrique Arancibia Clavel, in direct connivencia with the Central Intelligence Agency of the United States, which provided resources and weaponry with the explicit purpose of neutralizing Schneider's influence.
The Shadows of the Present
The analysis of this magnicide reveals a historical constant in political destabilization processes: the subordination of national sovereignty to foreign interests that play, to this day, with the destinies of Chile. The Schneider case exposes how foreign powers have historically used local Armed Forces as mere pawns within their own geopolitical chessboard, transforming defense apparatuses into functional tools to crush any project emanating from the sovereign people. Under the pretext of combating a supposed communist threat, active and retired sectors of the military act as docile instruments of external agendas, sowing the foundations of conspiracy with contempt and rage. In current dynamics, these same groups reconfigure their discourses under slogans of national unity and social cohesion, lingering cowardly in public debate, yet ready to once again ambush the democracy built day by day by the people, in their condition as TRAITORS TO THE HOMELAND.


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