sábado, 20 de junio de 2015

Argentina elegirá entre el cambio o la continuidad del kirchnerismo

Gabriela Michetti, en abril pasado. / MARCOS BRINDICCI (REUTERS)

Macri elige como vicepresidenta a Michetti, la más conocida dirigente de su partido

Cristina Fernández exhibe su poder al colocar al posible vicepresidente


CARLOS E. CUÉ Buenos Aires 20 JUN 2015 - 01:33 CEST


La larga campaña electoral argentina quedó mucho más definida este viernes cuando Mauricio Macri, el líder de la oposición, confirmó que ha elegido a Gabriela Michetti como su candidata a vicepresidenta. Si el día anterior Cristina Fernández de Kirchner había impuesto a su sucesor en el oficialismo, Daniel Scioli, que llevara a un kirchnerista puro en la vicepresidencia como Carlos Zannini, el viernes Macri lanzó un mensaje similar en sentido contrario: no buscará gente fuera de su partido, el PRO.

Michetti es la dirigente más conocida de su formación, que creó hace 12 años para conquistar la alcaldía de Buenos Aires y poco a poco, de la nada, se ha ido haciendo un hueco entre las formaciones tradicionales argentinas y ahora está en condiciones incluso de aspirar a la presidencia, algo que no había sucedido nunca en la historia reciente argentina, donde lo habitual era la alternancia entre los radicales, el partido con más historia, y los peronistas, que ahora ocupan casi todo el poder.

La elección de Michetti está cargada de simbología. Ella es una mujer con una excelente imagen pública, que se mueve en silla de ruedas tras un accidente de tráfico y es conocida por su gestión en el equipo de Macri en el ayuntamiento de Buenos Aires. Quiso sucederle, perdió las primarias en abril frente al hombre que había elegido Macri para ese puesto, Horacio Rodríguez Larreta, pero conservó su buena imagen y ahora el alcalde ha decidido apostar por ella porque es la que mejor da en las encuestas. De hecho el PRO para mucha gente es Macri y Michetti, no hay más dirigentes conocidos.

Continuidad o cambio

El alcalde va a utilizar hasta el último día su gestión como palanca electoral, y de hecho el viernes las primeras fotos de Macri y Michetti se produjeron en la inauguración de una obra importante en la autopista de entrada al centro de Buenos Aires. Macri trata de dar una imagen de gestor tranquilo y despolitizado que evita el conflicto como contraste a la batalla ideológica y el conflicto con los adversarios que plantea casi cada día en sus discursos la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Los kirchneristas creen que el mayor logro de sus 12 años al frente del poder, además de la inclusión social, producto del crecimiento económico, y la nacionalización de varias empresas estratégicas, es la reivindicación de la política, del combate ideológico, la recuperación de muchos jóvenes a las batallas olvidadas en los años noventa.

La elección de Michetti está cargada de simbología. Ella es una mujer con una excelente imagen pública, que se mueve en silla de ruedas

Los kirchneristas quieren seguir en el poder, y para eso están rodeando a Scioli, que no viene de su mundo y es más bien un famoso y millonario pragmático que llegó a la política de la mano de Carlos Menem y no está muy interesado en el debate ideológico. Por eso la presidenta le ha colocado como vice a su máximo hombre de confianza y hoy, cuando se conozcan las listas, se verá que le habrá rodeado de fieles del kirchnerismo para que no se desvíe de la línea marcada hasta ahora, sobre todo en política económica.

Los mercados están reaccionando mal a este evidente intento del kirchnerismo de seguir en el poder en 2016. Nadie sabe qué política económica llevaría Scioli en el Gobierno, pero lo que sí está claro después de este viernes es que hay dos bloques muy definidos, uno de continuidad, con Scioli y el kirchnerismo, y otro de cambio, con Macri y sus aliados Ernesto Sanz y Lilita Carrió. En medio se sitúa Sergio Massa, tercero en discordia, pero con crecientes dificultades para asentarse.

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