jueves, 11 de junio de 2015

China, molesta con Birmania, corteja a la Nobel Aung San Suu Kyi

Aung San Suu Kyi, a la izquierda, llega a Pekín, el miércoles. / MARK SCHIEFELBEIN (AP)

La líder de la oposición birmana y premio Nobel de la Paz se reúne con el presidente chino

MACARENA VIDAL LIY Pekín 11 JUN 2015 - 11:27 CEST


Hasta hace cuatro años hubiera sido impensable. La líder del principal partido de oposición birmano y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, se encuentra desde ayer en Pekín para una visita de cinco días, por invitación oficial. Este miércoles se ha reunido con el presidente chino, Xi Jinping, en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, donde suele recibir a los jefes de Estado y de Gobierno extranjeros. Un encuentro que ha sido divulgado por la agencia oficial Xinhua, junto a la cadena de televisión china CCTV.

El viaje de la Nobel Aung San Suu Kyi representa una calculada aproximación del régimen chino a la oposición birmana a pocos meses de las elecciones previstas para otoño y en una etapa de distanciamiento con el Gobierno en Naypyidaw.

Con más de 14.000 millones de euros acumulados, China es aún el principal inversor extranjero en Birmania, herencia de la estrecha relación entre Pekín y la junta militar que gobernó el país vecino hasta 2011. Pero la sintonía se ha ido disipando por la cancelación de proyectos como la construcción de la presa de Myitsone, ese año, o la inestabilidad por los conflictos armados entre el gobierno y las guerrillas étnicas en las áreas fronterizas birmanas.

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Al mismo tiempo otros actores, como EE UU, la Unión Europea o Japón han aumentado su presencia en un país antes herméticamente cerrado.

Ante esta situación, a Pekín le interesa ampliar sus contactos más allá de las élites tradicionales del poder birmano, a las que otrora se había limitado. Aun más dada la proximidad de las elecciones, las primeras libres en 25 años en Birmania y en las que la Liga Nacional para la Democracia (LND) de Suu Kyi aparece muy bien colocada. Aunque la ley birmana impide presentarse a la premio Nobel como candidata para dirigir el país, su papel sí quedaría muy reforzado.

“Si las elecciones llegan a celebrarse sin problemas, la LND sin duda ganará más de la mitad de los escaños (…) Después de esos comicios, sin duda alguna, Suu Kyi jugará un papel político muy importante en Birmania y eso es algo que no se debe olvidar”, apunta Xu Liping, experto en el sureste asiático de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS). “Esperamos que pueda jugar el papel de protectora de la relación bilateral y de los intereses de los dos países”.

Las autoridades chinas, que también recibieron el mes pasado a Shwe Mann, presidente de la Cámara Baja y ampliamente considerado como el candidato del gobierno en las futuras elecciones, no han divulgado el programa de la líder del NDL para la visita. El partido birmano ha asegurado que se reunirá con Xi y con el primer ministro chino, Li Keqiang, una distinción poco frecuente para cualquier político extranjero que no ocupe un cargo oficial.

El momento para recibir a Suu Kyi también sirve para enviar a Naypyidaw un mensaje, apenas tres días después de las maniobras del Ejército chino con fuego real en la frontera con Myanmar. Pekín “está enviando una señal clara de su descontento con cómo Myanmar está afrontando su conflicto interno” con la guerrilla kokang en la frontera con China, apunta en conversación telefónica James Char, analista de la Universidad Tecnológica Nanyang en Singapur.

Desde su puesta en libertad en 2010 tras casi dos décadas en arresto domiciliario, la líder de la oposición birmana, muy moderada en sus declaraciones sobre China, ha optado por centrarse en la política nacional de su país, más que en abanderar causas internacionales. Recientemente ha recibido críticas de las organizaciones pro derechos humanos por su silencio pre-electoral en torno a la crisis de los refugiados rohingya, la minoría de religión musulmana en una Birmania de mayoría budista y que la ONU ha descrito como una de las más perseguidas del mundo.

Pese a los llamamientos de los defensores de los derechos humanos, parece improbable que la líder de la oposición vaya a sacar a relucir, al menos en público, el caso de otro premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, que cumple una pena de once años de cárcel en el noreste de China por pedir reformas democráticas.

“Viaja a China como líder de la oposición, no como símbolo de la democracia”, apunta Char. “Si la LND obtiene buenos resultados electorales estará en mejor posición para pronunciarse”, pero por el momento “no le sería beneficioso. Tiene que ganarse la confianza de Pekín y establecer sus credenciales diplomáticas”.

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