jueves, 4 de junio de 2015

El lujo de ser becario en Silicon Valley

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Reclutar a jóvenes con talento es una prioridad para las empresas de tecnología

ROSA JIMÉNEZ CANO 4 JUN 2015 - 00:00 CEST


A mediados del siglo pasado, cuatro amigos se juntaban para crear una banda de rock. En el nuevo milenio, basta una sola persona para conseguir una aplicación que lo convierta en celebridad de fama mundial. Kevin Systrom, fundador de Pinterest, es venerado tras su hazaña: vender su empresa con solo 14 empleados por 1.000 millones de dólares a Facebook.

A la vertiginosa escalada de precios de los alquileres en la bahía de San Francisco, en junio se suma el factor becario. Lo advierten los agentes inmobiliarios con naturalidad. La llegada de una nueva hornada de becarios en prácticas es la causa de una inflación estacional del 10%. Contar con el talento del mañana se ha convertido en una prioridad para las firmas de tecnología. El caso de Dropbox, un servicio de almacenamiento social en la nube, es el más extremo. Pagan el alquiler de las viviendas de sus becarios y no les imponen horarios de trabajo. Además del salario, les facilitan masajes y cortes de pelo. Incluso invitan a sus padres a pasar un fin de semana para conocer cómo vivirán sus retoños.

El verano pasado, Michael Sayman, un adolescente de origen peruano y residente en Miami, fue la sensación. Creó una aplicación para llamar la atención de las amigas de su hermana. Al mes ya superaba las 600.000 descargas, con lo que el propio Mark Zuckerberg le invitó a su campus. Pasó el tiempo y tuvo que aparcar su plan de comenzar la universidad. Ya es un techie más. Lo recogen y lo llevan al trabajo, le limpian la casa, le lavan y planchan la ropa, pero nadie lo considera un niño malcriado. Tan solo un trabajador altamente cualificado.

Excepciones notables al margen, las condiciones más extendidas son 3.000 dólares mensuales como ayuda al alquiler y entre 5.000 y 7.000 dólares de salario. A los aspirantes no se les pide un currículo al uso, sino un portfolio con la programación que han creado. Poco tienen que ver las clásicas historias de precariedad relacionadas con las épocas de prácticas en el resto del mundo. En Silicon Valley, los becarios son los Beatles del siglo XXI.

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