lunes, 27 de julio de 2015

COPA DE ORO 2015

Los jugadores mexicanos alzan la Copa Oro. / PATRICK SMITH (AFP)
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La selección mexicana logra su séptimo título regional al imponerse 3-1 en la final

Herrera: “Falta un paso más, queremos ir a la Confederaciones”


JOAN FAUS Filadelfia 27 JUL 2015 - 13:44 CEST


Jugar en casa fue terapéutico para México. En un estadio repleto de sus aficionados, el Tri se sacudió la noche de este domingo en Filadelfia las dudas y los fantasmas de las polémicas arbitrales, y desplegó un juego efectivo que le llevó a alzarse con su séptima Copa Oro.

La selección de Miguel Herrera se impuso por 3 a 1 a Jamaica, que fue de más a menos en el partido, perjudicada por sus errores defensivos y falta de acierto. La veteranía de México —que ha ganado 15 de sus 20 encuentros contra Jamaica— decantó la balanza y le permite afianzar su dominio en el torneo de la Concacaf, que agrupa las federaciones futbolísticas de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe.

El césped perfectamente cuidado y regado del estadio Lincoln Financial Field, de los Eagles de la liga de fútbol americano, propició un bonito partido —rápido e intenso— ante un público festivo y eufórico. Los 68.000 asistentes, una cifra récord para un partido de fútbol en Filadelfia, se divirtieron gritando frecuentemente "Olé" y "Sí se puede", y haciendo la ola.

El control del balón fue más de Jamaica que de México, sobre todo en el primer tiempo, pero el combinado de El Piojo supo aprovechar mejor sus oportunidades guiado por unos excelsos Guardado —que fue designado el mejor jugador del torneo— y Jonathan Dos Santos en el centro del campo, y la eficacia de sus dos delanteros: Corona y Peralta.

El Tri llegó a la final acechado por los favores arbitrales en cuartos de final y semifinales

En su primer partido como titular en la Copa Oro, por la sanción de Carlos Vela, Corona —de 22 años y del Twente holandés— se reivindicó como un delantero veloz y con la puntería afinada. Suya fue la primera oportunidad de peligro de México en el minuto 24 con un preciso remate de cabeza, que despejó a córner con la punta de los dedos el guardameta jamaicano Thompson. A los cinco minutos, tuvo una nueva ocasión de peligro con un disparo bajo que rozó el poste largo.

En la jugada siguiente, llegó el primer gol de México tras una exquisita triangulación. El jugador del Villarreal Dos Santos lanzó un pase largo a Aguilar; el lateral derecho se pausó unos segundos, oteó el horizonte y soltó un centro preciso que Guardado embocó al primer toque con la zurda, colocando el balón en la escuadra del arco de Thompson. El mediocentro del PSV Eindhoven sumó con ese su sexto gol del campeonato.

El gol no asustó a Jamaica, que había tenido dos ocasiones claras en los minutos 7 y 18. Ambas nacieron de incursiones por las bandas, ante una desajustada defensa mexicana. Con el veterano Austin como capataz en el centro del campo, desplegó en el primer tiempo un juego asociativo y desacomplejado con continuas escapadas y destellos de calidad del mediapunta Dawkins, del Derby County inglés, y el delantero Barnes, del Houston Dynamo estadounidense.

Con un fútbol elegante que primaba el primer toque, el equipo del alemán Winfried Schaefer demostró que su victoria en semifinales ante Estados Unidos, defensor del título, no fue una carambola de suerte. Pese a que entonces se fue al descanso ganando, Jamaica jugó ante EE UU un peor primer tiempo que ante México. Este domingo, en su primera final de la Copa Oro, el combinado caribeño no vivió únicamente de la potencia de sus delanteros, sino que desplegó una filosofía de juego de toque que trató de mantener durante todo el partido.

Los llamados Reggae Boys tuvieron una buena oportunidad al filo del descanso, pero el defensa Mariappa, del Crystal Palace, no atinó a rematar. La vuelta al vestuario benefició a México. Nada más iniciarse el segundo tiempo, llegó el 2-0: el enérgico Corona robó un balón a una dormida defensa jamaicana al borde del área y lanzó un disparo ajustado, imposible para el portero.

El segundo gol descolocó a Jamaica. Su centro del campo se fracturó, las líneas se estiraron y el partido se rompió. Los chicos de Schaefer tuvieron alguna llegada, pero México primó de nuevo su eficacia. En el minuto 60, Peralta aprovechó un mal rechace defensivo para robar un balón en el área y rematar a placer el tercer gol. La fiesta tricolor se afianzó en unas gradas teñidas de verde.

Jamaica logró el gol del honor a los diez minutos del final. El delantero Mattocks, que fue suplente pese a su buena actuación ante EE UU, culminó un contragolpe batiendo al portero Ochoa en un uno contra uno. Y en el último minuto, México perdonó incomprensiblemente el 4-1.

El final del partido propició una escena impactante. Mientras los jugadores mexicanos recogían sus medallas de ganadores, el combinado jamaicano se fundía en un largo abrazo alrededor de un círculo, en una especie de catarsis reivindicativa. El contraste de la euforia mexicana sobre la tarima y la calma jamaicana unos metros por detrás era sobrecogedor. A los pocos segundos, al levantar Guardado el trofeo, se desató una lluvia de confeti amarillo y fuegos artificiales.

Fue el fin de fiesta soñado para México. El Tri llegó a la final acechado por los favores arbitrales en cuartos de final y semifinales. Pero se marchó con una mejoría de su juego y su entrenador menos cuestionado. En octubre se celebrará la que era la ansiada final de la Copa Oro: México se disputará a un solo partido contra EE UU el puesto de la Concacaf en la Copa Confederaciones de 2017.

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