sábado, 25 de julio de 2015

El Gobierno no descarta aplicar el 155 para defender el interés general de España

EFE
La vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría

Santamaría ve a Artur Mas «incapacitado» para representar a los catalanes


MARIANO CALLEJA / ÀLEX GUBERN / MADRID / BARCELONA - Día 25/07/2015 - 11.58h


Artur Mas va «en serio», pero el Gobierno de la Nación, también. «La independencia es imposible», subrayan desde La Moncloa para erradicar cualquier conato de esperanza secesionista que pueda haber. A partir de ahí, las advertencias desde el Gobierno van a más, al mismo tiempo que los independentistas avanzan en su carrera hacia la ruptura total. Ayer, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, advirtió de que la aplicación del artículo 155 de la Constitución es un instrumento más con el que cuenta el Estado para defenderse a sí mismo desde la legalidad, y el Ejecutivo no renunciará a ello en el caso de que fuera necesario.

Hasta ahora, hablar del artículo 155 era casi tabú en determinados ámbitos políticos, ya que se trata de una medida extrema que nunca se ha aplicado y que podría suponer hasta la suspensión de una Autonomía, aunque la Constitución no lo diga con esas palabras. En concreto, este artículo, que puede ser clave en el futuro inmediato, dice así: «Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general».

Preguntada por ese artículo, la vicepresidenta del Gobierno recordó que la Constitución ofrece distintos mecanismos para que todos cumplan la ley, y el 155 en concreto establece su aplicación en caso de que una autonomía perjudique «gravemente» el interés general de España. Sin entrar en «especulaciones» de lo que pueda suceder, Santamaría sí quiso enviar un mensaje al presidente de la Generalitat y «a quienes le acompañan»: «En España la ley se cumple, y se seguirá cumpliendo con todos los instrumentos que la Constitución pone a nuestro alcance, desde los principios de proporcionalidad y seguridad».

«Irreconducible»

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, se preguntó a la «número dos» del Gobierno de Rajoy si ve también «irreconducible» la postura de Artur Mas hacia la independencia. Esta semana, el presidente autonómico de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, desveló que el Rey le había asegurado que veía de esa manera la posición adoptada por Mas.

Pues bien, Sáenz de Santamaría fue más allá y dejó claro que el Gobierno ha perdido prácticamente toda confianza en poder mantener un diálogo con el presidente de la Generalitat para tratar de llegar a una solución dentro de la ley. A su juicio, Artur Mas «ha iniciado una carrera hacia ninguna parte», en la que ha ido perdiendo sucesivos apoyos y no solo ha acabado dividiendo a su partido y, por lo que se está viendo, a la lista unitaria independentista que se presentará a las elecciones autonómicas, sino que «ha ocasionado una fractura en la sociedad catalana», y eso es lo que más preocupa al Gobierno.

En esa dinámica, confesó la vicepresidenta, «es muy difícil confiar en él y en su palabra». A su juicio, Mas está cada vez más «incapacitado» para representar al conjunto de los catalanes, al mismo tiempo que su capacidad de diálogo es cada vez menor.

Frente a esa actitud, el Gobierno quiere dejar claro que seguirá «trabajando por todos los catalanes» y hará «lo que tenga que hacer» para el interés general de los ciudadanos, como ha hecho a lo largo de legislatura con una financiación extraordinaria para Cataluña que ha permitido el pago de servicios públicos fundamentales en esa Comunidad.

La carta de Duran

En paralelo a las advertencias del Gobierno, Cataluña sigue dividida entre quienes continúan avanzando hacia el abismo y quienes advierten de las consecuencias del proceso soberanista. Entre estos últimos, una vez consumada la ruptura de CiU, está el jefe de filas de UDC, Josep Duran, que advirtió ayer a los independentistas de que con una declaración unilateral el Estado «nos triturará». Duran, en este sentido, ha dicho que no ve a la candidatura unitaria soberanista Juntos por el Sí «pilotando un futuro tan complejo», con las «contradicciones», además, que achaca al gobierno de CDC.

En su carta semanal a los militantes de su partido, Duran ha asegurado que «si Cataluña declara unilateralmente su independencia» no será «nunca realmente independiente» y, además, el Estado «no sólo nos pasará por la piedra, sino que nos triturará». «¿O hay alguien que de verdad cree que el Estado se quedará con los brazos cruzados?», se preguntó Duran. «¿De verdad que quien quiere convertirse en Estado no es consciente de la fuerza del único Estado hoy constituido, que no es otro que el español?»
«Camuflado» en la lista

En paralelo, en el Parlamento catalán se vivió ayer el último pleno de la legislatura, una sesión que sirvió para despedir a diputados de larguísima trayectoria como Dolors Montserrat (PP), u otros, con menos veteranía, pero gran ambición, como Albert Rivera (C’s). El líder de Ciudadanos se dirigió a la Cámara: «Entré con tres diputados y dejo nueve. Me voy convencido de que es más lo que nos une que lo que nos separa».

Por otra parte, el primer secretario del PSC y candidato a la presidencia de la Generalitat, Miquel Iceta, expresó ayer su temor a que el actual presidente, Artur Mas, quiera «burlar los mecanismos democráticos» porque «si una persona quiere ser presidente está obligada a encabezar una candidatura y no a camuflarse en una lista». Por lo que respecta al proceso soberanista, Iceta señaló que «no hay salida unilateral posible» y, aunque dijo compartir el mensaje lanzado por el Rey Don Felipe de que el cumplimiento de la ley no es optativo, apuntó que esa visión es correcta pero «insuficiente, porque no resuelve el problema de fondo».

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