domingo, 12 de julio de 2015

El otro proceso de paz que no consigue avanzar en Colombia

Miembros del Ejército de Liberación Nacional. / EFE

El Gobierno y el ELN llevan más de año y medio tratando de sellar las bases de una negociación que pende de un hilo

JAVIER LAFUENTE Bogotá


A finales del pasado mes de abril el Gobierno colombiano facilitó el viaje a La Habana de Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, y Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino, los líderes de las FARC y el ELN. Las autoridades creen que lograr solo un acuerdo con la principal guerrilla supondría una paz inconclusa. Confiaban en que el primero le hiciese ver al hermano pequeño la necesidad de avanzar en un diálogo con el Gobierno, aún en ciernes. Gabino, el guerrillero más antiguo en activo de América Latina, y probablemente del mundo, 51 años empuñando armas, llegó a la capital cubana para quedarse ocho días. Vio el panorama y al segundo, decepcionado con lo que encontró, se marchó.

EL ELN nació con una ideología que mezcla cristianismo, marxismo y nacionalismo radical en 1964, casi a la par de las FARC. La guerrilla ha estado activa desde el inicio de un conflicto que ha dejado más de siete millones de víctimas. La extorsión y los secuestros, que se cuentan por miles, han sido su fuente de financiación principal, aunque en los últimos años los vínculos con el narcotráfico han ido a más.

El presidente Juan Manuel Santos anunció en mayo del año pasado, en plena campaña electoral para su reelección, que el Gobierno había iniciado en enero un diálogo exploratorio con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) para tratar de lograr la paz. El esquema seguía el mismo patrón que con las FARC. Entonces, las bases de la negociación se acordaron en seis meses. Con el ELN, más radical en sus planteamientos, un año y medio después no se ha logrado avanzar en la primera fase. Varias fuentes consultadas conocedoras del proceso aseguran que las próximas semanas serán claves para dirimir si se establece o se rompe definitivamente cualquier tipo de diálogo. Las autoridades temen que, de firmarse la paz solo con las FARC, pueda haber un trasvase de desencantados hacia el ELN.

Sin contar algún acercamiento previo, Gobierno y elenos se han reunido unas siete veces, en alguna ocasión durante tres semanas, aunque la duración de los encuentros ha ido disminuyendo con el tiempo. En principio estaba previsto que las citas se celebrasen en Ecuador y Brasil, de forma alterna, pero el verano pasado Brasil dejó de actuar como país garante y su lugar lo ocupó Venezuela, donde el Gobierno siente que juega como visitante por la cercanía de los mandos del ELN con el Gobierno de Nicolás Maduro. Noruega, Chile y Cuba también acompañan el proceso.


Gabino, líder del ELN, el pasado abril. / REUTERS

La intención del Gobierno era haber negociado los apartados de víctimas y justicia de manera casi paralela con las dos guerrillas, ya que los esquemas han de ser los mismos. Las autoridades consideraban, además, que muchos de los asuntos avanzados en La Habana estos años valdrían en una negociación con el ELN. Esta, a diferencia de la principal guerrilla, exige, por ejemplo, una mayor participación de movimientos sociales en el proceso, lo que terminó por aceptar el Gobierno.

Las grietas se abrieron a la hora de abordar la reintegración y el desarme, coinciden fuentes próximas a ambas partes. Los elenos no quieren oír hablar de reintegración porque se consideran parte de la sociedad. En cuanto a las armas, un matiz semántico esconde un abismo. El ELN asegura estar dispuestos a alcanzar una dejación del uso de las armas. Para el Gobierno nada que no sea el desarme total es inaceptable, pues le acarrearía un problema con las FARC, que sí ha aceptado una dejación completa de las armas. No es, pues, el punto de llegada, sino el de partida.

La postura del ELN se ha endurecido en tanto ha ganado fuerza en la guerrilla la figura de Gustavo Aníbal Girondo, alias Pablito, comandante del Frente Domingo Laín, el más radical del ELN, con gran poder en Arauca y la frontera con Venezuela, el bloque más rico gracias a la extorsión, el secuestro y los vínculos con el narcotráfico. Desde finales del año pasado Pablito es, además, parte del Comando Central (Coce), quien toma las decisiones de la guerrilla. Aunque no está en la mesa de negociaciones, su poder hace mella. Solo así se entiende, dicen quienes están al tanto del proceso, el endurecimiento de las posturas del líder de la delegación elena, alias Antonio García, acompañado en los encuentros, entre otros, por otro miembro del Coce, Pablo Beltrán, de perfil más moderado. El equipo del Ejecutivo lo lidera Frank Pearl, también negociador del Gobierno con las FARC, acompañado del general retirado Eduardo Herrera Verbel.

Mientras los Gobiernos de Uribe y Santos se centraban en acabar con las FARC, el ELN, que sufrió sus mayores golpes entre 1995 y 2002, ha recrudecido su actividad. En la actualidad se calcula que tiene unos 2.000 miembros y fuerte apoyo en algunas zonas del país, como Arauca, donde la base social se cifra en torno a unas 40.000 personas. Según datos del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), de 49 ataques en 2010 se ha pasado a 194 el pasado año, la mayoría contra infraestructuras, aunque entre 2012 y 2013 se triplicaron los atentados contra la fuerza pública. Solo en junio, la guerrilla se atribuye haber derribado un Black Hawk del Ejército, que provocó la muerte de cuatro militares, aunque el Gobierno asegura que el helicóptero explotó al aterrizar y entrar en contacto con unas minas. Además, esta semana fueron detenidas una decena de personas en Bogotá acusadas de estar detrás de los últimos atentados en la capital del ELN.

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